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La madurez relativa de las relaciones modernas
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Cuando una pareja tiene bases afectivas e ideológicas fuertes, puede sobrellevar una infidelidad “convencional” aprendiendo de esa experiencia cómo blindar la relación a posibles nuevos deslices. Más cuando la infidelidad involucra a un familiar o amigo, el daño causado afecta profundamente al individuo engañado y el instinto de supervivencia emocional se manifiesta con toda su fuerza, instaurando barreras protectoras de largo aliento. No existen excepciones (la restricción de no involucrarse a nivel afectivo con alguien en extremo cercano a tu pareja es absoluta), y en una época donde las relaciones de pareja fácilmente caen en lugares comunes -y en la inercia de la rutina-, ese límite a los amores prohibidos es la única barrera real que separa al amor verdadero del simple deseo por lo prohibido. |
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El verdadero problema de la atracción por lo prohibido radica en las reglas implícitas de las relaciones de pareja entre individuos ‘maduros’, un fantasma que sigue rondando a la mayoría de las personas haciéndolas sufrir una imposible conciliación entre la libertad (a veces libertinaje) que ofrece un hedonista mundo postmoderno, y las concepciones conservadoras de fidelidad, amor, príncipe azul y “hasta que la muerte nos separe”. ¿Puede acaso considerarse ‘maduro’ el fingir fidelidad monogámica a tu pareja mientras por debajo de la mesa se frecuenta prostitutas y amigas “especiales”? ¿Desde cuando en una relación de pareja lo importante no es ser sino aparentar?. Nada más triste que escuchar a un grupo de mujeres hablar pestes sobre la promiscuidad masculina, mientras consideran correctas las infidelidades que ellas cometen so pretexto de que están igualando a los hombres, pagándoles con la misma moneda.
¿Eres muy amigo de la mejor amiga de tu novia, de su bella hermana menor de edad o de su escultural y entretenida tía? Estás cometiendo un error enorme pues existen empatías que deben mantenerse controladas para evitar problemas irresolubles y no pisar oscuras arenas movedizas capaces de conducirnos a la inautenticidad, a la relatividad ética y amorosa, o a la muerte. |
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Cuando amar ya no es una cuestión de pareja: el poliamor
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¿Por qué es más difícil ser feliz en una relación de pareja hoy en día que hace 50 años? La respuesta es casi obvia: “Porque la verdad nos hace libres”. En la época de nuestros abuelos el sentimiento llamado amor era una mezcla de convencionalismos sociales e ideas románticas que la Iglesia no permitía cuestionar pues, según esa institución, hacerlo era socavar los cimientos de la familia y la sociedad. Hoy en día -superada la postmodernidad y bien entrados en la hipermodernidad- la libertad de elección y pensamiento propios de un mundo al servicio del individualismo nos permite vivir la experiencia del amor como si fuéramos niños pequeños que están aprendiendo los límites de lo que se puede y no se puede hacer. Por lo tanto, todas las reglas existentes sobre lo que debe ser y lo que se debe esperar del amor o de |
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una relación de pareja pierden su carácter canónico, convirtiéndose en simples sugerencias. |
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Este fantástico panorama de libertad total nos permite ser menos resignados en las relaciones de pareja y desear una persona que complemente nuestras vidas a nivel afectivo, intelectual y sexual por igual. Encontrar personas que cumplan con uno –o hasta dos- de los niveles es relativamente fácil, más hallar quien cumpla con los tres suele ser una “misión imposible”. Quizás uno esté tan embebido en la pasión de las primeras semanas que tarde algún tiempo en descubrir la falencia del ser amado… pero apenas la reconoce una creciente ola de insatisfacción comienza a carcomer la idealización del otro, matando el amor pasión y aterrizando el romance a la realidad imperfecta de los seres humanos. Muchas personas aceptamos esta etapa del amor de pareja como algo inevitable y lo asumimos con sobriedad, pero también muchas otras por su incapacidad de renunciar al sueño de lo perfecto acaban en ese instante la relación que tienen y siguen en su búsqueda de la persona “correcta” que los complemente integralmente. Para estos eternos inconformes se abre una opción inquietante que les puede dar la felicidad que desesperadamente buscan: la poligamia consentida o el poliamor. |
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El poliamor es sostener relaciones amorosas serias entre más de dos personas y no es sinónimo de una relación abierta, que implica el sexo casual fuera de la relación de pareja, ni de la infidelidad, ya que no existe deshonestidad. Se basa tanto en el amor como en el sexo, y se da con el absoluto conocimiento y consentimiento de todos los involucrados, sean éstos un matrimonio con amantes, un ménage a trois o una persona soltera con varias parejas. El poliamor tiene como valores –o ideales– la lealtad más que la fidelidad, la confianza, la honestidad, la dignidad, el respeto, la comunicación, la negociación y el establecimiento de una relación no posesiva. |
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Ya que, por su propia esencia, no existe un modelo estándar de relación poliamorosa, los participantes de cada relación establecen libremente cómo debe funcionar su relación. Por esta razón muchos poliamorosos se abocan explícitamente a decidir con todos los involucrados las reglas básicas de la relación. A diferencia de otras formas de relaciones negociadas, los poliamorosos toman la negociación como un proceso continuo a lo largo de la vida de la relación.
Para ser poliamoroso se necesita trascender la posesividad, la dependencia y los celos a través del uso de la razón, llegando a una comprensión más profunda y amplia de lo que significa el fenómeno de amar, experimentando un sincero respeto hacia la libertad individual de la persona amada en su derecho a explorar su propia existencia, en una dimensión humana tan importante como lo es la vida amorosa y sexual. Por lo anterior, muchos poliamorosos consideran que el poliamor es una forma superior de nuestra capacidad humana de amar. |
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Tantra procede de dos antiguas palabras del sánscrito cuyo significado es expansión y liberación. Es una forma de enseñanza budista e hindú que considera el sexo como una forma de expansión y exploración de la espiritualidad. En el tantra se utilizan todos y cada uno de los cinco sentidos hasta el límite, siendo bueno todo aquello que te produzca placer a ti y a tu pareja.
En el sexo tántrico todo se basa en encuentros largos y relajados. Se venera el éxtasis y se busca un placer más prolongado. Los practicantes avanzados de tantra piensan que la eyaculación es |
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una pérdida de energía y que con eyacular una vez al mes, el cuerpo, fisiológicamente tiene bastante. |
El sexo tántrico representa un momento energético en donde la mujer (Yin) y el hombre (Yang) unen sus polaridades para crear un polo energético completo (Taiji). Según los taoístas (expertos también en el tantra) la eyaculación agota la energía masculina y lo realmente placentero y saludable es el orgasmo, no la eyaculación, dos cosas totalmente distintas. |
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Controlar el ritmo de la excitación y por lo tanto de la eyaculación es posible aprendiendo a respirar lenta y profundamente. Cuando se aprende a controlar la eyaculación y mover la energía sexual por el cuerpo, se entra en otra dimensión del sexo y de las percepciones, sintiendo el orgasmo en cada centímetro de nuestra piel, por lo que hacer el amor te regenera en lugar de dejarte agotado. Esta experiencia tántrica es mucho más duradera en tiempo y calidad; el coito puede durar horas y hay técnicas para experimentar todo tipo de sensaciones.
Para comenzar un primer nivel de exploración del sexo tántrico, siéntate frente a frente con tu pareja y comienza a respirar en forma pausada. Cuando tu exhalas, el otro inhala; la idea es que tu |
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pareja respire de tu aire y tu del suyo. Cierra los ojos y empieza a dejar tu mente limpia de pensamientos. Luego masajea a tu pareja lentamente, explorando todo su cuerpo excepto el pecho y los genitales. Haz movimientos circulares y busca el propio placer de hacer el masaje. Después de quince minutos haz un descanso y vuelve a empezar. A continuación ambos se recuestan en la cama mirándose a los ojos y besándose sin tocarse. Sin interrumpir la respiración pausada, se besan la piel y se acarician con lentitud y suavidad los genitales. |
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En el sexo tántrico la penetración es sólo un paso más, no es algo esencial ni un fin. El pene se queda inmóvil dentro de la vagina, mientras la pareja continúa acariciándose suavemente. Después los dos órganos se empezarán a mover a su propio ritmo. Esta etapa durará como 30 minutos. Si la erección es muy fuerte y se acerca la eyaculación, se debe volver a los ejercicios de respiración y a las caricias suaves. Si aún así la erección sigue, se hace presión en la zona del perineo. Cuando sientas que es el momento del orgasmo permite a la energía ser liberada y tener una de las mejores experiencias del mundo.
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El amor: ¿un sentimiento adolescente?
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Por Eduardo Posada Hurtado
mail@eljuglardecolombia.com |
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Sólo se puede ser un novio o una novia “intensa” hasta los 25 años. Después de esa edad es ridículo -y casi imposible- ya que el ritmo de vida propio de un adulto joven no le da tiempo para volverse “intenso” con su pareja o que lo sean con el. A diferencia de los adolescentes, quienes sacrifican tiempo de su colegio o de su universidad para estar más horas con su pareja, un adulto joven desea, sin descuidar su parte amorosa, dedicarle tiempo a los diversos aspectos personales y laborales de su vida. |
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Madurar emocionalmente es dejar de privilegiar el corazón y fundir mente y sentimiento en todas las sensaciones o pensamientos a tener. Es aprender a enamorarse no sólo con el bajo vientre sino también con la razón. Los romances adolescentes son extremadamente intensos ya que combinan la inexperiencia en el manejo de las emociones con una incontenible pasión sexual. Esas mismas circunstancias también hacen que sean relaciones volubles, superficiales, condenadas a agotarse a si mismas tras el desgaste emocional propio de quienes vivían un sueño, y al despertar, no reconocen la cara de la realidad. |
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Vivir esos amores adolescentes como si de ellos dependiera la vida misma es uno de los requisitos para en plena madurez emocional tener éxito en una relación de pareja estable. Si en tu mente adulta sigues deseando que tu noviazgo o matrimonio tenga la misma pasión ígnea de los amores de adolescencia, entonces todavía no estás listo para lo necesariamente seria –y aburrida- que es una relación adulta.
Después de los 20 años el sexo ya no es sólo sexo cómplice entre dos jóvenes sino que se convierte en “una manera de expresar afecto a la otra persona” y debe llamársele por el eufemismo: “hacer el amor”; el ser “intenso” con la otra persona –un placer obsesivo compulsivo- se convierte en un lujo que sólo puedes darte si eres un perdedor sin trabajo, camaradas, familia, compañeros de trabajo u amigos virtuales; las palabras compromiso y responsabilidad hacen parte integral de cualquier conversación que incluya los tres tiempos verbales (pasado, presente y futuro). |
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A muchas personas les parece que este amor reposado tiene más sentido y se disfruta de una manera más consciente y completa que la fiebre amorosa de la juventud. Otros, en cambio, creemos que sólo se debe llamar amor a ese periodo de locura en el que la juventud, las hormonas, el despertar emocional y la rebeldía nos convierten en Romeos y Julietas. |
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“Al hombre le interesa lo real, como tal, aunque no sea deseable. Al niño le importa lo deseable, como tal, aunque no sea real”
Armando Montiel |
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El amor de pareja: entre lo superficial y lo variable
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Por Eduardo Posada Hurtado
darkedipo@yahoo.es |
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El mito de la relación de pareja perfecta está basado en la idea de que lo esencial de cada persona, los aspectos más profundos de su personalidad, cambian muy poco en el transcurso de la vida adulta y que amamos a nuestras parejas por esas cualidades inalterables de su ser. Sin embargo, ¿gran parte del amor romántico no se fundamenta en unos triviales hábitos compartidos que hacen emocionante, divertida y placentera la convivencia diaria?. ¿Y esas rutinas con el tiempo no se van agotando y tienen que ser reemplazadas por otras que tengan el mismo efecto emocional de las anteriores?. |
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La mayoría de personas somos parte activa de una sociedad de consumo en la que nuestros gustos culturales están dictados por los medios de comunicación y los fenómenos comerciales de moda. Por lo tanto, muchas de las costumbres que constituyen el lenguaje amatorio de una pareja han sido mediadas por esos consumos culturales y pueden variar dependiendo de si la pareja se adapta al ritmo cambiante de la moda o se estabiliza en unos gustos fijos, buscando especializarse en ellos. La mayoría de las parejas, por ejemplo, conceden a las salidas a rumbear los fines de semana una importancia definitiva y construyen sus relaciones amorosas dependiendo de las emociones, las percepciones y las interacciones sociales construidas en esas salidas. Cuando la dinámica de la salida cambia porque se acabó el lugar de rumba, no hay plata y se debe ir a otro sitio más económico o se desea hacer una maratón de películas románticas en vez de salir, uno de los miembros de la pareja resiente el cambio –a veces ambos- y la relación entra en crisis. Superar esta coyuntura o morir en ella es la diferencia entre una relación basada en lo meramente superficial y una fundamentada en la búsqueda de lo perfecto. |
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Nadie es compatible ciento por ciento con otra persona, o si lo es con el paso del tiempo deja de serlo. Las personas cambiamos constantemente, evolucionamos –algunos involucionan-, dejamos algunos gustos en el pasado y adoptamos nuevas creencias, percepciones y aficiones. Incluso nuestra esencia más profunda puede sufrir grandes cambios y dejar de ser las personas de las que nuestra compañera o compañero emocional se enamoraron. Una de las salidas a este conflicto –la más lógica, |
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además, aunque el amor no es lógico- es tener confianza en la naturaleza positiva del cambio y aceptarlo por lo que es, sin miedos ni ambages. Al fin y al cabo, todo en la vida se transforma y nada está más vivo y sufre más cambios que una moderna relación de pareja. |
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¿Cómo declarársele exitosamente a una chica? |
Por Eduardo Posada Hurtado
darkedipo@yahoo.es |
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El único poema de amor que he escrito en mi vida lo hice a los 16 años y era un acróstico gótico-masoquista el cual ni siquiera tuve la valentía de firmar. En ese entonces desconocía los protocolos sobre cómo declarársele a una chica y cometí errores vergonzosos que me condenaron a una adolescencia sin novia. Con el objetivo de que esa triste experiencia no sea repetida por otros jóvenes, copio a continuación algunos consejos para lograr una exitosa declaración de amor. |
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Lo primero es comprobar si realmente le gustas a la otra persona, averiguación que se logra midiendo la reacción de ella a ciertas frases coquetas que uno articula dentro de una conversación normal: “estás muy bella con esa blusa blanca, pareces mi ángel de la guarda” o “me encanta estar contigo, disfruto mucho tu compañía”. Si se pone contenta y responde que también se siente cómoda contigo, puedes continuar con el siguiente paso. Más si cambia de tema o se molesta por los comentarios, entonces se deben descartar la intenciones amorosas y acentuar una relación de amistad. |
Hecha la conexión emocional hay que buscar discretamente el contacto físico. Por ejemplo, se le ofrece la mano para bajar de un auto o un bus, se le retira el cabello de la cara cuando la estés mirando a los ojos y un mechón interrumpa el contacto visual, o se le pide que te preste su mano izquierda para buscar en la parte inferior del dedo meñique el número de hijos que según la quiromancia está destinada a tener. Si ella sugiere una lectura completa de las líneas de la mano, la oportunidad está servida para acariciarla con sutileza y lograr un contacto mucho más lúdico y personal. |
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El último paso es, un día que queden de verse, llegar con un detalle que corresponda a los gustos particulares de ella (el DVD original de su película preferida, una caja de sus chocolates predilectos, la cabellera ensangrentada de su peor enemiga) y confesarle –mostrando la menor cantidad de nervios posibles- los sentimientos que se tienen hacia ella. Si también te quiere aceptará tu proposición. En caso contrario, habrás ganado experiencia para hacerlo mejor la próxima vez. |
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El hombre imperfecto: espécimen en vía de consolidación |
Por Eduardo Posada Hurtado
darkedipo@yahoo.es |
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El hombre perfecto no fue creado por Dios sino por un esforzado escritor de telenovelas colombianas llamado Fernando Gaitán. En su imaginación, Gaitán moldeó a ese ser pleno de gracia como un tipo alto, blanco, rubio, con acento gringo y que sólo podía tener relaciones sexuales con la mujer a la que amaba -una anémica chapolera conocida con el alias de “Gaviota”. Sebastián Vallejo –así se llamaba ese casto personaje- carecía del gran defecto que esgrimen las mujeres para catalogarnos a todos los hombres como “animales”: la capacidad de ser sexualmente infiel a su pareja. Debo confesar que nunca logré entender el encanto de un personaje que es fiel por un desorden psicológico y no por un compromiso hacia su pareja y hacia si mismo. |
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Pensando como mujer, nada más deprimente que un tipo cuya sexualidad ha sido castrada por su moral exacerbada. Un hombre, para ser hombre, debe domesticar su promiscuo simio interior hasta convertirlo en un monógamo lord inglés. Debe hacerle sentir a su pareja que esa potencial bestia está dentro de sí, y que él tiene a la mano las llaves de la jaula en caso de que el sacrificio hecho haya sido en vano. Debe hacer sentir a la mujer el orgullo de poseer un objeto deseado por otras que sólo puede ser disfrutado por ella. Al fin y al cabo, ¿qué placer existe en ser dueño de un bien que nadie más desea y que por lo tanto no tiene valor alguno? |
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El problema de la infidelidad masculina, según las mujeres, radica en que los hombres somos propensos a ser sobrepasados por el instinto sexual y “pensamos” con el pene. Esto, sobra decirlo, es una absoluta inexactitud pues jamás un hombre ha engañado a su mujer sin haber rápidamente hecho una evaluación de lo que va a ganar y de lo que puede perder. Esta facilidad para tomar decisiones capaces de destruir familias enteras tiene que criticarse con fiereza, aunque también se debe abogar por una revaluación de ciertos criterios dogmáticos relacionados con el matrimonio o las relaciones de pareja convencionales. |
Hace años leí en una revista Cosmopolitan un titular que decía: ¿Si él se acuesta con una prostituta debe catalogarse como infidelidad?. Nunca ojeé el artículo –en ese tiempo me daba vergüenza comprar revistas de mujeres- más el sólo hecho de que plantearan la pregunta evidencia los enormes avances ocurridos en las últimas 4 décadas respecto a las concepciones de sexo y pareja. Uno de mis casos preferidos –muy común, además- es el planteado en la película setentera "El año que viene a la misma hora". Este filme, protagonizado por Alan Alda y Ellen Burstyn, trata de un hombre y una mujer, casados ambos, que se conocen durante un congreso y tienen una aventura. A partir de entonces, todos los años vuelven a encontrarse en el mismo congreso y repiten el fin de semana juntos. La película abarca unos 30 años y vamos viendo cómo los dos protagonistas se hacen amigos y cómo transcurren sus vidas, aunque de ellos sólo conocemos el fin de semana que pasan juntos, ya que durante el resto del año no tienen ningún contacto.
Las mujeres modernas, si son realmente conscientes de los cambios que están viviendo los géneros sexuales, tienen que renunciar a los estereotipos y clichés con que juzgan a los hombres y ver la “viga en el ojo propio”. La liberación sexual de los años 60’s las convirtió, tras cientos de años subyugadas, en hembras empoderadas de su sexualidad, por lo tanto muchas han renunciado a la búsqueda de pareja romántica y sencillamente tienen amantes con los cuáles satisfacer sus pulsiones sexuales. En este nuevo mundo de personas abiertamente lujuriosas y hedonistas, los criterios de perfección moral aplicados a las relaciones de pareja son relativos y negociables. Los hombres imperfectos y las mujeres imperfectas por fin podemos ser felices siendo nosotros mismos. |
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El nuevo concepto de libertad matrimonial |
Por Edward Franco Escobar
edwardtracy@latinmail.com |
Las personas casadas sabemos que al firmar el registro de matrimonio sacrificamos voluntariamente un considerable porcentaje de nuestra libertad a cambio de tener estabilidad emocional, relaciones sexuales tres o cuatro veces por semana y una compañía comprensiva con quien desahogarnos de las arbitrariedades del trabajo. Es un intercambio justo -valga aclarar- pero que filosóficamente presenta una problemática similar a la vieja discusión sobre el origen de la maldad y la omnipotencia de Dios. Si Dios todo lo puede y todo lo sabe, la creación de la maldad está dentro de la orbita de sus facultades divinas y no es producto del mal desempeño del libre albedrío humano, el cual por cierto está imposibilitado para existir pues contradice la omnipotencia y omnisapiencia de Dios. ¿Si la libertad de una persona casada está condicionada por la voluntad de su pareja, puede entonces hablarse de libertad? ¿La libertad sin límites u obligaciones es anarquía o libertinaje?. |
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La libertad total, sociopática, en la que se satisfacen nuestros deseos sin sopesar a quien podemos afectar, es imposible en un mundo que a duras penas medio funciona gracias a las reglas y leyes que, en teoría, nos hacen a todos iguales en derechos al controlar el “darwinismo social” y la anarquía generalizada. Debemos por lo tanto desmontar de gran parte de su significado al concepto libertad y reconocer que la idea que manejamos es un familiar lejano al cual podríamos llamar libertad responsable o libertad social. |
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Un caso curioso, hablando de libertades, es la mal llamada “libertad masculina”, ideal que muchas veces se reduce a las juergas con los amigos, un donjuanismo impenitente y el miedo a establecer cualquier relación de pareja que genere compromisos a mediano y largo plazo. Las mujeres empoderadas de su sexualidad – a lo Sex and the City, teleserie gringa- son más inteligentes y prácticas que los hombres –atávicos hasta la médula- y en la mayoría de los casos combinan equilibradamente su libertad individual y las normas de la vida en pareja. Ellas entienden que ambos escenarios, a pesar de lo complejo e ilógico que pueda
parecer, lejos de oponerse, se complementan entre si. Es –haciendo una analogía atrevida- como si los hombres estuviéramos insertos en la lógica aristotélica - una cosa solo puede ser una cosa y no dos o tres al mismo tiempo - y las mujeres pensaran con una lógica cuántica –una cosa puede ser y no ser al mismo tiempo.
Un matrimonio perfecto supera y quebranta los dogmas sociales y religiosos que culpabilizan los esfuerzos por ser libres dentro de una relación de pareja, creando reglas propias para amarse libre y posesivamente al mismo tiempo. La monogamia, el sexo, la lealtad y la amistad, son reinterpretados de acuerdo a las profundas necesidades de cada uno de los integrantes de la unión amatoria, haciendo de la vida en pareja una vía para el crecimiento humano integral.
No hay que tenerle miedo al cambio de paradigmas que propone nuestro sobre revolucionado mundo postmoderno. Quizás los matrimonios no deben durar hasta la muerte y la amistad sea un sentimiento más profundo y humano que aquello a lo que solemos llamar amor. Nuestras mentes y nuestros cuerpos han sido acondicionados para explorar estas posibilidades y lo único que nos limita es el miedo a lo desconocido. La Libertad está al alcance de nuestras manos y por primera vez en la historia de la humanidad podemos disfrutarla en pareja.
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¿Somos monógamos o no? |
AGENCIA AUPEC
UNIVALLE |
Pedro ha mantenido relaciones sexuales con una mujer, que no es su esposa, durante un año. Cuando esta última se dio cuenta, él decidió argumentar que los hombres son "infieles" por naturaleza. "Lo que sucede es que las quiero a las dos, pero de forma muy diferente", le dijo a su psiquiatra y terapista de pareja.
Esta es una respuesta muy común en la cultura latinoamericana y occidental, en general, afirma Harold Estrada, Psiquiatra de la Universidad del Valle especializado en terapia de pareja. Se trata de una posición cómoda para una cultura patriarcal. |
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Se puede ser fiel
Según el Psiquiatra Harold Estrada, lo que sucede es que el ser humano ha interiorizado su sexualidad, por lo tanto podemos disfrutarla sin procrear, pero esto no quiere decir que no pueda ser fiel. |
Lo que si asegura el psiquiatra, es que si bien es cierto que todo ser humano puede ser monógamo, también es cierto que existen personas más sexuales que otras, que genéticamente tienen mayor disposición para el sexo, así como existen personas que tienen más apetito que otras, o que duermen mas que otras, pero esto no quiere decir que no puedan dominar sus pasiones.
“Ser o no monógamo lo determina la cultura y en ocasiones la genética, pero es una decisión personal, que cualquiera puede asumir de forma racional, de no ser así como nos diferenciamos de los animales”, afirma Estrada.
El psiquiatra Estrada también explica que estos patrones pueden ser aprendidos. Si un niño observa que sus padres no tienen una sola pareja, es muy probable que también copie ese modelo, son valores culturales. |
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Influencia de la cultura
Lorenzo Balegno, ex director de la Escuela de Psicología Clínica de la Universidad del Valle, dice que ser o no ser monógamo para un ser humano, lo determina la cultura. “Si una persona falta a las reglas de su cultura es grave, algo así como ser monógamo en una cultura polígama o polígamo en una que no lo es", dice.
La cultura dirige la organización de las personas. Desde el punto de vista biológico, se puede hablar que el ser humano es o no monógamo, pero el hombre es mucho más que un ser biológico. |
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Una persona puede acondicionarse para ser polígamo o monógamo de acuerdo con su medio ambiente. Sin embargo no nace así, la cultura es la que determina su tendencia. “Si falta a su cultura está cometiendo una falta y socialmente está equivocado, pero es una decisión personal”, explica el psicólogo.
El instinto no existe en el ser humano. El psicoanálisis reconoce el deseo sexual, pero ese deseo puede tener un objeto sexual o varios, es decir que el ser humano puede ser polígamo o monógamo.
Balegno aclara que por lo tanto, los seres humanos no somos monógamos ni polígamos por naturaleza, ni por instinto; los seres sociales tienen unas reglas y es eso lo que generalmente determina esta decisión.
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El fenómeno de la virginidad subjetiva |
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Mucho antes de que George Walker Bush arrasara con Irak y de que Osama Bin Laden destruyera las Torres Gemelas, existía en Estados Unidos un presidente muy simpático llamado Bill Clinton. El nos enseñó que si una mujer diferente a tu aburrida y malencarada esposa te hace sexo oral, eso en ningún momento puede calificarse como tener relaciones sexuales y mucho menos como una infidelidad. Por eso miles de calenturientos adolescentes creíamos que la virginidad tenía que ver exclusivamente con la penetración vaginal y aunque mi novia me practicaba sexo oral yo seguí considerándome virgen hasta el día que hicimos “el amor” por primera vez. 10 años después muchos adolescentes siguen cometiendo el mismo error y para no perder aún la virginidad -que para la mayoría |
involucra necesariamente penetración vaginal- practican sexo oral y sexo anal. Es muy famoso el caso de los hijos e hijas de familias conservadoras estadounidenses que hacían compromisos públicos de virginidad -portando incluso un anillo distintivo- y no dudaban en tener desenfrenadamente sexo anal y oral con sus parejas sin romper su promesa de castidad, la cual reducían sólo a la penetración vaginal. En Los Ángeles (E.U) prolifera actualmente este tipo de comportamiento entre los adolescentes, quienes al no tener temor de embarazo han descartado en sus relaciones sexuales el condón y la monogamia, dando por consecuencia docenas de chicos y chicas con enfermedades venéreas de toda índole. |
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En Chile la situación es similar, pero este conservador país sólo se destapó la venda de sus ojos cuando una adolescente de 14 años, estudiante de un colegio católico, salió en Internet haciéndole sexo oral a un compañero de clases –para pasar el rato- en la banca de un parque público. La sexualidad entre adolescentes ahora es simple lúdica, una manera de pasar el tiempo, un intercambio |
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entre amigos, algo que hacer. El ejercicio de su sexualidad está más ligado a la genitalidad y al entretenimiento, que al erotismo o a ese sentimiento –o reacción química- conocido como Amor. |
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¿Eres una madre soltera encadenada a tu pasado? |
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Cuando un hombre o una mujer se acerca a la peligrosa edad de 30 años tiene que enfrentar como uno de los grandes cambios de su vida el que la mayoría de personas que pretende -o va a pretender- tienen hijos, estuvieron casadas, o son madres y padres solteros. Esta situación, contrario a lo que muchos creen, puede resultar muy interesante ya que una madre -o padre- joven en sano juicio no tiene urgencia de engendrar más bebés y se convierte en una guía para que |
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la nueva pareja poco a poco aprenda, en medio de una honesta relación amorosa, el arte de ser responsable de una vida indefensa. Pero como en todo Paraíso existe una Serpiente, cierta figura oscura que vive en la mente de la joven madre o padre amenaza ésta recién creada trinidad amorosa: “el padre (la madre) de mi hijo”. |
Un hijo es un vínculo que une a dos personas para toda la vida. Sin embargo, el grado de intensidad de esa unión es variable y se regula dependiendo de la amistad y el respeto que ambos se tengan o se hayan tenido. Muchas veces los padres del niño lograron realizar una separación amigable y comparten de común acuerdo la custodia del menor o voluntariamente uno de ellos la cede al otro. Esta antigua pareja mantiene lazos de afecto pero entienden que su relación amorosa terminó (todo en el universo tiene un comienzo y un fin) y deben buscar nuevos compañeros de vida. El tener un hijo con alguien en ningún caso es sinónimo de que tengo “derechos” sobre esa otra persona durante toda la vida, convirtiéndola en mi “arroz en bajo” al cual recurro cuando las urgencias sexuales o afectivas apremian. El matrimonio, diga lo que diga la iglesia católica, termina cuando los involucrados arman toldo aparte y deciden romper el compromiso que los unía. El problema es que algunas personas por inseguridad emocional, por dependencia sexual, o por simple locura congénita, son incapaces de romper vínculos afectivos maltrechos y cargan esos fantasmas del pasado con el deseo infantil de darle a lo que está bien muerto una segunda (tercera, cuarta o quinta) vida. Intentar ser novio o novia de alguien que sigue pendiente del retrovisor en vez de tener la vista hacia el frente es un esfuerzo innecesario y revela falta de autoestima. Nadie debe aceptar ser el reemplazante de una figura idealizada contra la cual es imposible competir. Después de todo, un hombre o una mujer que vive emocionalmente atrapado en su pasado es un zombi y la felicidad de pareja sólo se puede lograr entre seres vivos. |
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Los hombres inteligentes se casan con Blancanieves, no con la bruja
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Por Danna Karina Ladino
dkladino@hotmail.com |
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Contrario a lo que se afirmó en un artículo anterior, Blancanieves no es una tarada y los hombres verdaderamente inteligentes prefieren las ‘mujeres buenas’ a las ‘brujas malvadas’, quienes más que mujeres que luchan por su propio espacio de poder en un mundo todavía dominado por hombres, son simplemente hembras capaces de hacer lo que sea para ascender socialmente, por lo que utilizan como principal escalera su propio cuerpo. |
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Es cierto que las ‘mujeres malas’ son sumamente atractivas para el sexo débil (los hombres), quienes se embelesan ante la belleza de unas siliconas bien puestas, una liposucción bien hecha y un cuerpo “sanamente alimentado” con muchas horas de gimnasio a cuestas. Los hombres inevitablemente se derriten ante estas “esculturas” que, en la mayoría de los casos, son sólo eso ya que por dentro se han convertido en mujeres vacías, calculadoras y frías. Más como sus cuerpos satisfacen las idealizaciones de los hombres machistas que buscan tener su propia conejita Playboy, muchas de ellas cazan con facilidad un marrano que las pone a vivir como ellas creen ser: unas reinas. |
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Sin embargo, y para fortuna de los caballeros, existen más Blancanieves que ‘mujeres malas’. Blanca nieves es aquella mujer capaz de comprometerse con su pareja, hijos y familiares, levantarse todos los días a atender a su familia antes de irse a trabajar, verse bella –aunque sin exagerar en sus cuidados- y en la noche, al volver al hogar, recibir con los brazos abiertos al esposo y hacerle sentir que además de madre, profesional y amiga es una fogosa mujer.
Un hombre inteligente y bien estructurado jamás se casará con una bruja pues entiende que ella sólo es buena para pasar el rato y nada más. Se casará con Blancanieves porque sabe con certeza que ella es una mujer integral, o mejor aún, una princesa de verdad.
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La sexualidad de nuestros padres y abuelos
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Tengo un amigo de 50 años con un síndrome de Edipo exacerbado el cuál no le permite soportar estoicamente los gemidos de placer de su madre y su padre cuando hacen el amor en la habitación contigua. Y no es que le tenga que encantar escuchar los alaridos orgásmicos de sus padres… pero si duerme en la habitación contigua a la de ellos entonces ¿qué espera?, ¿sexo con silenciador incorporado?, ¿abstinencia por “respeto” a el?.
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Los padres de mi amigo son adultos mayores y el que se mantengan activos sexualmente no los hace una excepción para la gente de su edad, sino todo lo contrario. Tres cuartas partes de la gente de edad avanzada son activos en el aspecto sexual y tienen relaciones sexuales de mejor calidad e intensidad que muchas personas jóvenes. Las parejas jóvenes que trabajan y tienen hijos deben sacrificar cierta cantidad de encuentros sexuales en aras de sus obligaciones laborales y familiares. Más cuando los hijos abandonan la casa materna y los padres se jubilan, la intimidad resurge en todo su esplendor.
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En el Informe Janus sobre la conducta sexual, los doctores Samuel y Cynthia Janus afirman que la frecuencia con que los hombres tienen relaciones sexuales alcanza su máximo entre los 51 y los 64 años de edad, y que las mujeres son más activas después de cumplir 65 años que entre los 40 y los 60. Además, cuando los hombres nos acercamos a los 50 años vamos perdiendo la necesidad innata de eyacular -¡tan propia de la juventud!- y podemos concentrarnos en prolongar el coito para así obtener la plena satisfacción de nuestra pareja y también la propia.
Es falso que tras la menopausia las mujeres pierdan el apetito sexual. En realidad muchas mujeres sienten una especie de liberación psicológica al cerrar su ciclo reproductivo y se permiten desarrollar una mayor seguridad respecto a lo que quieren en la cama siendo partícipes más activas en el coito. La mayoría de las mujeres de edad avanzada mantienen la capacidad de alcanzar orgasmos -¡incluso orgasmos múltiples!- y algunas mujeres mayores, al disminuir su concentración de estrógenos, aumentan la facilidad con que llegan al clímax. |
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La actividad coital en la tercera edad es equivalente a una sesión de ejercicio ligero y ayuda a prevenir la depresión, aumenta la autoestima, contrarresta el estrés y refuerza la decisión de controlar el peso. Menos del 1 por ciento de las muertes por ataque cardiaco ocurren durante el acto sexual y los problemas de erección o la falta de lubricación vaginal muchas veces son reacciones secundarias producidas por los medicamentos para la hipertensión o el corazón. Una simple consulta médica permite neutralizar esos efectos secundarios y darle a los rostros de nuestros padres y abuelos la expresión beatífica de quien tuvo una placentera e intensa noche de sexo. |
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¿La moda del sexo público? |
Por Eduardo Posada Hurtado
darkedipo@yahoo.es |
En septiembre del año pasado una adolescente chilena de 14 años, estudiante de un colegio católico, fue filmada por sus compañeros en un parque público de Santiago haciéndole (para pasar el rato) una felación a uno de ellos. Ese video, hecho con una cámara de celular, se colgó en You tube y rápidamente se hizo famoso por su contenido explícito y por las frases con las que los chicos
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animaban a Naty: ¡ “wena Naty”! y “¡arráncale la cabeza!”. El asunto trascendió hasta convertirse “Wena Naty” en una expresión eufemística usada para referirse al sexo oral entre adolescentes y crearse la “moda juvenil” de hacer actos sexuales en parques públicos, fenómeno conocido como ‘Sexying’. |
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No es el primer caso de jóvenes y sexo en Internet. Sin esforzarnos mucho recordamos el video del Colegio Los Almendros (descargable por Ares), las fotos insinuantes de las escolares de Dosquebradas (Risaralda), el video sexualmente explícito de la cantante Noelia o las recientes fotos privadas de Vanessa Hudgens desnuda (High School Musical) filtradas a la Red.
Mi vecina gótica (quien tiene un tatuaje sexy en su baja espalda) publicó sus fotos desnuda en el sitio web suicide girl y por mail me llegan imágenes de chicas que se dejaron grabar voluntariamente en manifestaciones sexuales, quizás creyendo que sus amigos o novios no harían públicas las fotos, quizás sabiendo que tarde o temprano esas fotos o videos perderían su carácter privado.
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Este boom de las filmaciones y fotos sexuales amateurs es responsable del éxito de sitios web como Yuvutu y significa la redefinición del ejercicio de la sexualidad como un hecho semi-privado (deja de ser privado cuando entra a mediar un registro fotográfico o de video) que puede –por voluntad manifiesta, por invasión a la intimidad, o por irresponsabilidad- convertirse en una actuación pública, proclive a ser juzgada, reproducida y reinterpretada. El acto sexual es planeado entonces para satisfacer el |
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deseo inmediato pero también como una perpetuación, un testimonio, de ese momento especial. Lo anterior implica que además de las personas físicamente involucradas concurran a la cama (por medio de la imaginación de los amantes) un potencial público voyerista -pues existe la posibilidad inmanente de que esas imágenes se vuelvan de dominio público).
¿Cuando filmamos o registramos nuestras manifestaciones sexuales podemos ser “naturales” o la lente nos hace “actuar”?. ¿El ejercicio de la sexualidad en un futuro próximo estará irremediablemente mediado por un débil equilibrio entre el placer de la intimidad (lo privado) y el encanto de lo público (exhibicionismo, voyerismo)? |
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Los hombres inteligentes las preferimos malas |
Por Eduardo Posada H
darkedipo@yahoo.es |
Las mujeres malas son más interesantes que las mujeres buenas. Por ejemplo, ¿quien diablos puede fijarse en esa tarada de Blancanieves teniendo la oportunidad de ligar con una mujer inteligente, pasional y poderosa como la malvada madrastra? ¿O qué adolescente no odió esos personajes blancos e inocentes que interpretaba Nelly Moreno en las telenovelas colombianas de los años 80’s y luego se emocionó al saber que la actriz en la vida real era una princesita descarriada? ¿Es que acaso en las telenovelas mexicanas la villana no es siempre más capaz y más mujer que la protagonista? ¿Qué chico, mientras acompaña a sus padres a ver novelas, no |
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ha soñado con que esas historias respondan a un formato menos estereotipado y el protagonista masculino se divorcie de la tonta virtuosa con la que se casó y se vaya a recorrer el mundo con la deliciosa malvada? |
Las mujeres bellas y malvadas son más deseables y subyugadoras que las mujeres bellas y bondadosas. La maldad en una mujer bella es un atractivo infalible de gran complejidad. Lady Macbeth es más llamativa que la abnegada y sufrida Desdémona y su pasión trágica sólo es comparable a la impetuosidad inocente de Julieta. El problema es que diferenciamos el origen de la acciones de Macbeth y de su esposa (que no es más que la ambición desmedida) considerándolo a él un hombre tentado por la maldad y a ella el mismísimo demonio. Una mujer fuerte, ambiciosa, autónoma, dueña de su sexualidad, comete una trasgresión doble a los patrones culturales establecidos que permiten esas acciones sólo a los hombres. Para negar su existencia se le debe satanizar.
Los hombres inteligentes estamos cansados de ser los proveedores, los machos de la casa, los “marranos”. Durante cientos de años la identidad masculina ha estado ligada a las luchas por el poder y a la dominación de la mujer como objeto. Hemos creado una cultura que glorifica esos valores agresivos considerándolos patrones de éxito y ese ‘darwinismo social’ ha generado un planeta sumido en la miseria, condenado a la extinción.
Es tiempo de que las mujeres malas tomen el poder, pero no para que el mundo se salve. Al fin y al cabo ellas persiguen los mismos objetivos que sus colegas, los hombres ambiciosos. Deben tomarlo para que sean responsables por acción y no sólo por inacción del futuro desastre económico y climático que se avecina. Por eso los hombres inteligentes no las preferimos rubias (como en la película de Marilyn Monroe), ni brutas (como en el libro de Isabella Santodomingo). Las preferimos malas y culpables. |
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