El aborto como método de planificación adolescente

Por Eduardo Posada Hurtado
phamtom2040@gmail.com

   

 

El aborto no puede seguir siendo para las adolescentes de nuestro país un método de planificación anticonceptiva. Las condiciones de riesgo que implica esa práctica al realizarse de manera ilegal son muy altas y las consecuencias a nivel psicológico son impredecibles. ¿Cómo es posible, además, que existiendo tanto métodos anticonceptivos una adolescente tenga que llegar a una instancia tan moralmente cuestionable?. Si se tuvo sexo sin protección -y no se está planificando- siempre está la posibilidad de tomar la “píldora del día después”, levonorgestrel, la cual se puede comprar en cualquier droguería La Rebaja sin formula médica, o ingerir la todavía más efectiva “pastilla de los cinco días”, acetato de ulipristal, que se encarga de impedir o retrasar la ovulación y evita que el óvulo se implante en el útero.

La falta de información o los falsos mitos sobre los métodos anticonceptivos es lo que hace que las adolescentes planifiquen de manera errónea y queden embarazadas de un hijo que no desean y, muchas veces, no están en condiciones de mantener o educar. Es irresponsable usar el condón (masculino o femenino) como única forma de anticoncepción pues puede romperse o usarse de manera incorrecta. Siempre el condón debe estar respaldado por otro método anticonceptivo (inyección, óvulos espermicidas, pastillas, diafragma, capuchón cervical, anillo vaginal u anticonceptivo subdérmico). Más en caso de existir un embarazo precoz, deben considerarse todas las opciones posibles antes de decidirse por el aborto.

Daniela tiene 16 años, estudia en un colegio católico y es novia de Juan, un brillante ingeniero de sistema graduado del ICESI. Son una pareja estable y cada mes ella planifica aplicándose una inyección anticonceptiva en Profamilia. Sólo cuando ella se enferma gravemente de una afección intestinal y debe ser internada en la clínica descubre que está embarazada. De inmediato se lo cuenta a Juan y el, en vez de asustarse y salir corriendo, sugiere que se vayan a vivir juntos, tengan al bebé, y asuman la responsabilidad de lo que hicieron. Quizás esa determinación se dio porque esta pareja realmente se amaba, el era solvente económicamente, prefirieron la vida antes que la interrupción del embarazo, y estaban seguros de que juntos podrían seguir adelante con sus vidas y educar al fruto de su amor. Sin embargo, la historia pudo ser terriblemente diferente si Daniela hubiera decidido “resolver” sola su situación. Por eso antes de tomar una decisión irreversible la adolescente debe sopesar, preferiblemente con la ayuda de un psicólogo amigo, sus sentimientos respecto al embarazo e involucrar al padre del bebé (o al menos intentarlo). Incluso, a pesar de los problemas que eso le generará, es imperativo que ella también comunique la situación a sus padres, pues si la única razón para no tener al bebé es económica, ellos pueden solucionar ese problema y considerar viable el tener (de manera prematura) un nieto o nieta. En caso de que quedarse con la criatura no sea una opción, existe la posibilidad de darlo en adopción apenas nazca, dándole de regalo a ese ser (y al mundo) el don de la vida. Después de todo, como nos recuerda el Talmud, “quien salva una vida, salva al mundo entero”.

 

¿Cuál es tu parafilia favorita que empieza con la letra A?

Por Eduardo Posada Hurtado
editorgeneral@eljuglardecolombia.com

   

 

Hace unos días me llegó al correo electrónico un listado de parafilias y me divertí mucho leyéndolas y pensando en cuáles de ellas son "sexys" y cuáles son simplemente repugnantes. Como no soy sexólogo prefiero evitar un “oso” tratando de definir el término parafilia y copio al pie de la letra la muy completa definición de wikipedia confiando en que los dueños de esa maravillosa enciclopedia tengan piedad de mi y no me demanden.

Parafilia: Una parafilia es un patrón de comportamiento sexual en el que la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en alguna otra actividad. Las parafilias se consideran inocuas salvo cuando están dirigidas a un objeto potencialmente peligroso o dañino para cualquiera de las personas involucradas en el acto sexual y por el desorden en la capacidad de sentir y expresar afecto hacia otra persona que puede llegar a hacerse duradero y extremadamente difícil de reconducir.

Las consideraciones acerca del comportamiento considerado parafílico dependen de las convenciones sociales imperantes en un momento y lugar determinados. Ciertas prácticas sexuales, como el sexo oral o la masturbación, fueron consideradas parafilias hasta mediados del siglo XX, aunque hoy en día se consideran prácticas no parafílicas (siempre que la actividad del sujeto no se limite únicamente a ellas).

Las parafilias más conocidas que empiezan por la letra A son:

Abasiofilia: Excitación sexual por personas discapacitadas (¿es que los discapacitados no tienen derecho a que los deseen?).

Acrofilia: Excitación por parejas sexuales muy altas (¡todas las esposas de los basquetbolistas de la NBA son unas acrofílicas!.

Acrotomofilia: Excitación por parejas sexuales con miembros amputados (¡en nuestra Colombia plagada de minas antipersona es casi una parafilia necesaria!).

Agrexofilia: Excitación producida por el hecho de que la actividad sexual sea oída por otras personas (¿quien no se ha puesto “horny” cuando en el motel la chica de la habitación de al lado gime como actriz porno profesional?).

Algofilia: Excitación producida por el dolor. Se diferencia del masoquismo por la ausencia del componente erótico (¡que horror!).

Agorafilia: Atracción por la actividad sexual en lugares públicos (¡es una parafilia divertida hasta que el video de seguridad en el que apareces haciéndolo con tu pareja en un pasillo de la 14 de Calima sale en Internet!).

Aloerastia: Excitación de la pareja mediante la desnudez de un tercero (¿Ese no era el argumento de todas las películas de Emmanuelle que pasaban los viernes por la noche en The Film Zone?).

Alopecia: Excitación al ver a otros teniendo una relación sexual (¡muy práctico si tu mujer es prostituta!) .

Alorgasmia: Excitación proveniente de fantasear durante el acto sexual con otra persona que no sea la pareja (¡una peligrosa parafilia pues si llegas a mencionar en la emoción de la fantasía el nombre equivocado corres peligro de muerte!)

Altocalcifilia: Atracción por los zapatos de tacones altos (¡es la que debe tener Mr. Big por Carrie Bradshaw en Sex and the City!).

Amokoscisia: Excitación por el deseo de castigar a la pareja sexual (¡funciona si se “juega” al “jockey” y el “caballo desobediente”!).

Amomaxia: Excitación sólo al realizar una relación sexual dentro de un automóvil estacionado (¡esto es pereza, simple y llana pereza!).

Androginofilia: Atracción sexual por personas andróginas (¡lo que sufren l@s novi@s de los hermanos Kaulitz, integrantes de la agrupación de pop Tokio Hotel!).

Androidismo: Atracción por muñecos o robots con aspecto humano (¡lo que sentimos los hombres por las replicantes de la película Bladerunner!).

Andromimetofilia: Atracción sólo por las mujeres vestidas de hombres. Una mujer representa y se comporta sexualmente como hombre y el hombre adopta el rol de la mujer. En la penetración anal, el sujeto pasivo será el hombre y el activo, la mujer. (¡Ni de vainas vuelvo a dejar que mi novia se coloque mis camisas!).

Anisonogamia: Atracción por una pareja sexual mucho más joven o mucho mayor (¡cabe aclarar que es parafilia sólo en los casos en los que no hay sumas escandalosas de dinero involucradas!).  .

Astenolagnia: Atracción por la humildad, la humillación o la debilidad sexual ajena (¡como la relación del presidente Uribe con el vicepresidente Santos!).

Asfixiofilia (estrangulación erótica): Atracción por estrangular, asfixiar o ahogar a la pareja durante el acto sexual, con su consentimiento y sin llegar a matarla (¡los que quieran aprender cómo se hace que vean la película de culto El Imperio de los Sentidos!).

Audiolagnia: El estímulo principal proviene de la audición (¿será que Dumbo - tan inocente que parecía- sufre de esta parafilia?).

Autagonistofilia: Atracción por ser visto por otras personas durante el acto sexual (¿Y si lo haces profesionalmente y te ganas la vida con ello también es parafilia?).

Autopederastia: Aquellos hombres que encuentran placer insertando su pene en su propio ano (¿Oh my God, eso es físicamente posible?).

Continuará…

 

 

El encanto de los amores imposibles

Por Eduardo Posada Hurtado
editorgeneral@eljuglardecolombia.com

   

Un amor imposible fácilmente se convierte en una obsesión que le quita sentido a todos los demás aspectos de la vida encerrando a quien lo sufre en un ciclo de alejamiento de la realidad, donde lo único importante es su tormentosa relación de pareja. Quizás esa alienación voluntaria se deba a que un amor imposible es la máxima expresión del romance, una sobrecarga de adrenalina constante que mantiene en expectativa al enamorado(a) sobre cualquier oportunidad de hablar o ver a su amada(o) y alimentar así la ilusión de que ese amor fugaz y robado pueda ser eterno como los dioses.

 

En esta época de liberalidad y tolerancia es más común de lo imaginado que se den amores imposibles. Cuando suceden es porque son relaciones que violan la ley, transgreden las normas morales, implican una traición o carecen de sentido lógico debido a la distancia física, laboral, emocional o intelectual que separa a los enamorados. Los casos más comunes son las infidelidades en el matrimonio, los romances a distancia, las relaciones entre personas homosexuales que llevan una doble vida como heterosexuales, las infidelidades con el esposo o esposa del mejor amigo o amiga, los noviazgos entre mujeres menores de edad y hombres mayores y los amores entre prostitutas y clientes. De la prudencia con que se manejen esas relaciones imposibles depende el experimentar felizmente una de las vivencias más intimas e intensas posibles o hacerse de la vida un verdadero infierno.

El amor de pareja en una relación normal se desgasta al dejar de ser ilusión y pasar a ser una realidad cotidiana. Con los amores clandestinos eso no sucede y la intensidad de los sentimientos se mantiene constante, o incluso puede aumentar, debido al escaso tiempo para verse, la intimidad extrema propia de una relación secreta y el riesgo de ser descubiertos. Un amor imposible, además, es más intenso que un amor adolescente pues

 

es todo deseo, todo pasión, todo frenesí, aunque sufre de un secretismo obligado que tarde o temprano hace mella pues divertirse es una función social que involucra salidas con los compañeros de trabajo o con la familia, imposibles para quienes públicamente sólo pueden ser amigos.

Los amores clandestinos nos hacen mejores y peores seres humanos al mismo tiempo. Los mantenemos ocultos para evitar hacerle daño a quienes amamos (lo cual es en si una muestra de amor) pero también evidencian que en el corazón humano los deseos y los secretos conviven juntos en un matrimonio profano que nos permite ser leales con nosotros mismos.  

Todos, en algún momento de nuestras vidas, tendremos un amor imposible. Antes de juzgar duramente a quienes lo tienen recordemos que, como escribió Alejandro Dolina, “sólo existe el amor. Las otras cosas nobles apenas sirven para dignificarlo. Algunos hombres jamás lo encuentran. Para otros es apenas una estrella fugaz que ilumina un año, un mes, una semana o un día en sus vidas. Pero ese destello efímero da significado a la existencia toda. Bienaventurado el que puede sentir en su carne y en su espíritu el fuego de esa chispa”.
                                                                                                                

 

 

El amor se transmite por mensajes de texto

Por Eduardo Posada Hurtado
editorgeneral@eljuglardecolombia.com

   

El amor es la más perfecta forma de comunicación que se puede dar entre dos personas. Una mirada cargada de sentimientos amorosos dice mucho más que el mejor verso de Darío Jaramillo Agudelo y la entrega total al momento de tener relaciones sexuales es una señal más confiable del amor que se tiene una pareja que un acta matrimonial. Alcanzar ese nivel de comunicación era el resultado de un proceso de muchos años de cercanía amorosa y desmonte de barreras individualistas, más la telefonía celular (ese gran avance tecnológico al alcance de todos) está permitiendo mediante los mensajes de texto y las llamadas personales a cualquier hora, y desde cualquier lugar, que los tiempos se reduzcan y la magia de volverse uno con el ser amado sea cuestión de semanas y no de años.

 

 

Ya no hay que esperar a salir los fines de semana o a llamarse después del trabajo o de la universidad, sino que en el intermedio del almuerzo -o en los tiempos muertos entre clase y clase- se hablan por celular y se conocen por mensajes de texto, contándose en tiempo real lo que les gusta y lo que no les gusta. Además, con un poquito de talento para escribir o un vivo sentido del romance, los mensajes se convierten en pequeñas notas de amor que acrecientan los sentimientos mutuos generando un ambiente óptimo para salir al cine o a cenar sin la tensión de la conversación incómoda propia de las primeras citas.

Una relación de pareja hoy en día exige una comunicación constante por celular, mensajes de texto, correo electrónico, messenger, facebook y twitter. En estos

romances de la era informática el viejo concepto del ‘espacio propio para cada uno y el espacio compartido para la relación’ no aplica pues la conectividad constante hace que realmente nunca estemos solos. Estar siempre disponible para tu pareja y aprovechar cualquier momento libre para escribirle o llamarle es un generoso acto de amor con el cuál se demuestra que esa

 
otra persona hace parte de tu vida todo el tiempo, no por raticos. Es permitirse vivir el amor de pareja sin miedos, dándolo todo en el intento porque es la única forma en que se puede y debe hacer. ¡El amor es tecnología afectiva que evoluciona al ritmo del mundo!

 

 

Sexo oral y sexo anal: Una decisión personal

Por Eduardo Posada Hurtado
editorgenerall@eljuglardecolombia.com
 

 

Muchas personas necesitan estar ebrias o drogadas para lograr desinhibirse lo suficiente al momento de tener relaciones sexuales y experimentar posiciones y prácticas distintas a las que siempre realizan. Otras sólo necesitan tener un buen nivel de confianza con su pareja e ir innovando en la práctica, aunque es importante comunicar previamente aquello que puede ser muy sorpresivo, evitando confusiones o accidentes dolorosos. Entre las razones más comunes para negarse a prácticas como el sexo anal, el sexo oral, el 69, el “beso negro”, etc, tenemos los tabúes con trasfondo religioso, el considerarlos comportamientos indecentes, una excesiva pulcritud higiénica, el miedo al cambio y la valoración simbólica que esos actos pueden tener. Todas las anteriores consideraciones son respetables,

más se pueden examinar con cierto detalle para examinar los andamiajes que las soportan.

Es bien sabida la mala relación que tiene el cristianismo con el acto de la genitalidad, al cual considera un comportamiento adecuado sólo para parejas heterosexuales que formen un hogar establecido (matrimonio). Dentro de esa unión el coito debe ser la expresión del amor mutuo y no prestarse a la concupiscencia, por lo que los actos que no están ligados directamente con la reproducción son considerados pecaminosos. Esta concepción de la sexualidad intenta proteger a la pareja del desequilibrio que produce convertir las relaciones sexuales en el aspecto primordial de una relación, más esa no es una decisión que la Iglesia pueda tomar por sus feligreses ya que involucra aspectos personales en los cuáles sólo nosotros –al arbitrio de nuestra conciencia- tenemos voz y voto.

Además es una superstición ingenua creer que nuestros actos íntimos puedan herir o afectar a un Dios omnipotente con infinita capacidad de amor. Las normas religiosas respecto al sexo son sólo contravenciones sociales impuestas para mantener el orden en una sociedad que fácilmente tiende hacia el caos o hacia la entropía. La prohibición de la religión judaica respecto al cerdo se debe a que este animal no era tan rentable para los pueblos del desierto como si lo era la oveja, productora de carne, lana y leche. El celibato obligatorio de los sacerdotes católicos nació de la necesidad de proteger los bienes de la Iglesia para que no los heredaran la esposa o los hijos del sacerdote fallecido. En un mundo donde el conocimiento está a un clic de distancia, debemos revaluar muchos de los tabúes religiosos antes de asumirlos como propios.

 

 

Otra extraña superstición (porque no se le puede llamar de otra manera) es el temor a ir en contra de las normas o costumbres vigentes en una sociedad, como si carecer de criterio propio ante el miedo de ser considerado diferente fuera sinónimo de felicidad. Por fortuna la globalización cultural está removiendo en nuestro país los tabúes heredados del catolicismo y revistas como Soho, Don Juan o Playboy son el impulso final para convertir el tema del sexo en un aspecto cotidiano de la vida colombiana que debe –y puede- abordarse con actitud no confesional (laica), trascendiendo el sensacionalismo y la deshumanización característica de los periódicos amarillistas y la pornografía. Es importante no confundir indecencia (un adjetivo moralista) con el muy razonable temor a la falta de higiene. Nada peor que un acto íntimo transformado por culpa de la ausencia de pulcritud en un acto coprológico.

La valoración simbólica del sexo oral y el sexo anal está atravesada tanto por la concepción moral de una sociedad en permanente cambio, como por la visión particular de cada uno de nosotros. Para muchos hombres el sexo anal es una prueba de  sumisión de la mujer a sus deseos sexuales y los excita enormemente; millones de parejas fantasean que son estrellas porno y replican en la intimidad de sus recámaras atrevidos comportamientos sexuales; los homosexuales del mundo expresan su amor sexual sin importarles que la Iglesia los considere aberraciones de la naturaleza. Tras dos mil años de opresión sexual sustentada en la religión cristiana,

   

la sociedad occidental por fin puede decidir libremente qué hacer, creer, condenar, absolver o ignorar respecto a la pulsión primaria del ser humano: el sexo. Y lo mejor de todo es que sea cual sea la decisión que tomemos, será la correcta.

 

 

Conoce tus verdaderos sentimientos al momento de romper con tu pareja

Terminar una relación de pareja es fácil cuando las causas de la ruptura son indiscutibles: infidelidad, deslealtad, violencia física o psicológica, desinterés mutuo o separación permanente por cambio de residencia. En caso de que sea una relación naciente, se puede salir del paso diciendo que “las cosas no están funcionando y es mejor cortar por lo sano”. Pero si la relación tiene más de 6 meses y parecía
 
funcionar bien, resulta embarazoso que sin previa crisis alguno de los dos proponga terminar todo y no explique con claridad las razones para tan drástica decisión.
 

Cuando una relación ha superado el grado de intimidad y confianza propia de un simple romance lúdico, el compromiso adquirido con la pareja obliga a “pagar” –como si de un asunto laboral se tratara- un “preaviso” de 1 o 2 semanas para poder romper. Durante esos días de transición cinco fuerzas pelean para asumir el control de la pareja en crisis: 1. Resignación (“¡¡¡que diablos!!! terminemos lo mejor que podamos”).  2. Inercia (“sigamos a pesar de lo malo y veamos que pasa”). 3. Desengaño (“todo fue mentira, nunca me quiso, te odio”. 4. Franca negociación (“mejoremos lo que está fallando y tratemos de rescatar la relación”. 5. Aceptación (“no somos compatibles, es mejor tratar de quedar como amigos”). Dependiendo de las fuerzas que dominen durante esa ruptura se puede determinar a ciencia cierta la calidad y tipo de sentimientos que la pareja había construido: lujuria, miedo a la soledad, amor o amistad. Todas las anteriores emociones, con excepción de la amistad, están basadas en la necesidad inconsciente de llenar nuestros vacíos internos con cualidades externas.

La película ‘Lost in translation’ –Perdidos en Tokio-, dirigida por Sofía Coppola y protagonizada por Bill Murray y Scarlett Johansson, es un gran ejemplo de cómo una amistad entre hombre y mujer puede darle múltiples sentidos positivos a la vida, haciendo soportables las incertidumbres que a diario atormentan a quienes se niegan a evadirse con la religión, el trabajo, el sexo o el amor. Creer que es imposible tener una amistad sincera entre hombre y mujer sin involucrar relaciones sexuales, es síntoma de estrechez mental y espiritual. Existen pasiones espirituales que por respeto a ciertos lazos afectivos establecidos anteriormente (noviazgo, matrimonio) no se concretan en un encuentro sexual, y en muchos casos tampoco persiguen ese fin. Sólo la amistad nos permite tomar del otro lo que voluntariamente desea entregarnos, y viceversa, en un generoso ejercicio de libertad personal.

 
 

 

Cuando amar ya no es una cuestión de pareja: el poliamor

¿Por qué es más difícil ser feliz en una relación de pareja hoy en día que hace 50 años? La respuesta es casi obvia: “Porque la verdad nos hace libres”. En la época de nuestros abuelos el sentimiento llamado amor era una mezcla de convencionalismos sociales e ideas románticas que la Iglesia no permitía cuestionar pues, según esa institución, hacerlo era socavar los cimientos de la familia y la sociedad. Hoy en día -superada la postmodernidad y bien entrados en la hipermodernidad- la libertad de elección y pensamiento propios de un mundo al servicio del individualismo nos permite vivir la experiencia del amor como si fuéramos niños pequeños que están aprendiendo los límites de lo que se puede y no se puede hacer. Por lo tanto, todas las reglas existentes sobre lo que debe ser y lo que se debe esperar del amor o de

 
una relación de pareja pierden su carácter canónico, convirtiéndose en simples sugerencias.
 

Este fantástico panorama de libertad total nos permite ser menos resignados en las relaciones de pareja y desear una persona que complemente nuestras vidas a nivel afectivo, intelectual y sexual por igual.  Encontrar personas que cumplan con uno –o hasta dos- de los niveles es relativamente fácil, más hallar quien cumpla con los tres suele ser una “misión imposible”. Quizás uno esté tan embebido en la pasión de las primeras semanas que tarde algún tiempo en descubrir la falencia del ser amado… pero apenas la reconoce una creciente ola de insatisfacción comienza a carcomer la idealización del otro, matando el amor pasión y aterrizando el romance a la realidad imperfecta de los seres humanos. Muchas personas aceptamos esta etapa del amor de pareja como algo inevitable y lo asumimos con sobriedad, pero también muchas otras por su incapacidad de renunciar al sueño de lo perfecto acaban en ese instante la relación que tienen y siguen en su búsqueda de la persona “correcta” que los complemente integralmente. Para estos eternos inconformes se abre una opción inquietante que les puede dar la felicidad que desesperadamente buscan: la poligamia consentida o el poliamor.

 
 
El poliamor es sostener relaciones amorosas serias entre más de dos personas y no es sinónimo de una relación abierta, que implica el sexo casual fuera de la relación de pareja, ni de la infidelidad, ya que no existe deshonestidad. Se basa tanto en el amor como en el sexo, y se da con el absoluto conocimiento y consentimiento de todos los involucrados, sean éstos un matrimonio con amantes, un ménage a trois o una persona soltera con varias parejas. El poliamor tiene como valores –o ideales– la lealtad más que la fidelidad, la confianza, la honestidad, la dignidad, el respeto, la comunicación, la negociación y el establecimiento de una relación no posesiva.
 

Ya que, por su propia esencia, no existe un modelo estándar de relación poliamorosa, los participantes de cada relación establecen libremente cómo debe funcionar su relación. Por esta razón muchos poliamorosos se abocan explícitamente a decidir con todos los involucrados las reglas básicas de la relación. A diferencia de otras formas de relaciones negociadas, los poliamorosos toman la negociación como un proceso continuo a lo largo de la vida de la relación.
Para ser poliamoroso se necesita trascender la posesividad, la dependencia y los celos a través del uso de la razón, llegando a una comprensión más profunda y amplia de lo que significa el fenómeno de amar, experimentando un sincero respeto hacia la libertad individual de la persona amada en su derecho a explorar su propia existencia, en una dimensión humana tan importante como lo es la vida amorosa y sexual. Por lo anterior, muchos poliamorosos consideran que el poliamor es una forma superior de nuestra capacidad humana de amar.

 

 

 

El sexo tántrico

Tantra procede de dos antiguas palabras del sánscrito cuyo significado es expansión y liberación. Es una forma de enseñanza budista e hindú que considera el sexo como una forma de expansión y exploración de la espiritualidad. En el tantra se utilizan todos y cada uno de los cinco sentidos hasta el límite, siendo bueno todo aquello que te produzca placer a ti y a tu pareja.

En el sexo tántrico todo se basa en encuentros largos y relajados. Se venera el éxtasis y se busca un placer más prolongado. Los practicantes avanzados de tantra piensan que la eyaculación es

 
una pérdida de energía y que con eyacular una vez al mes, el cuerpo, fisiológicamente tiene bastante.

El sexo tántrico representa un momento energético en donde la mujer (Yin) y el hombre (Yang) unen sus polaridades para crear un polo energético completo (Taiji). Según los taoístas (expertos también en el tantra) la eyaculación agota la energía masculina y lo realmente placentero y saludable es el orgasmo, no la eyaculación, dos cosas totalmente distintas.

 

Controlar el ritmo de la excitación y por lo tanto de la eyaculación es posible aprendiendo a respirar lenta y profundamente. Cuando se aprende a controlar la eyaculación y mover la energía sexual por el cuerpo, se entra en otra dimensión del sexo y de las percepciones, sintiendo el orgasmo en cada centímetro de nuestra piel, por lo que hacer el amor te regenera en lugar de dejarte agotado. Esta experiencia tántrica es mucho más duradera en tiempo y calidad; el coito puede durar horas y hay técnicas para experimentar todo tipo de sensaciones.

Para comenzar un primer nivel de exploración del sexo tántrico, siéntate frente a frente con tu pareja y comienza a respirar en forma pausada. Cuando tu exhalas, el otro inhala; la idea es que tu

pareja respire de tu aire y tu del suyo. Cierra los ojos y empieza a dejar tu mente limpia de pensamientos. Luego masajea a tu pareja lentamente, explorando todo su cuerpo excepto el pecho y los genitales. Haz movimientos circulares y busca el propio placer de hacer el masaje. Después de quince minutos haz un descanso y vuelve a empezar.  A continuación ambos se recuestan en la cama mirándose a los ojos y besándose sin tocarse. Sin interrumpir la respiración pausada, se besan la piel y se acarician con lentitud y suavidad los genitales.

En el sexo tántrico la penetración es sólo un paso más, no es algo esencial ni un fin. El pene se queda inmóvil dentro de la vagina, mientras la pareja continúa acariciándose suavemente. Después los dos órganos se empezarán a mover a su propio ritmo. Esta etapa durará como 30 minutos. Si la erección es muy fuerte y se acerca la eyaculación, se debe volver a los ejercicios de respiración y a las caricias suaves. Si aún así la erección sigue, se hace presión en la zona del perineo. Cuando sientas que es el momento del orgasmo permite a la energía ser liberada y tener una de las mejores experiencias del mundo.

 

 

 

El amor: ¿un sentimiento adolescente?

Por Eduardo Posada Hurtado
mail@eljuglardecolombia.com
 

 
Sólo se puede ser un novio o una novia “intensa” hasta los 25 años. Después de esa edad es ridículo -y casi imposible- ya que el ritmo de vida propio de un adulto joven no le da tiempo para volverse “intenso” con su pareja o que lo sean con el. A diferencia de los adolescentes, quienes sacrifican tiempo de su colegio o de su universidad para estar más horas con su pareja, un adulto joven desea, sin descuidar su parte amorosa, dedicarle tiempo a los diversos aspectos personales y laborales de su vida.
Madurar emocionalmente es dejar de privilegiar el corazón y fundir mente y sentimiento en todas las sensaciones o pensamientos a tener. Es aprender a enamorarse no sólo con el bajo vientre sino también con la razón. Los romances adolescentes son extremadamente intensos ya que combinan la inexperiencia en el manejo de las emociones con una incontenible pasión sexual. Esas mismas circunstancias también hacen que sean relaciones volubles, superficiales, condenadas a agotarse a si mismas tras el desgaste emocional propio de quienes vivían un sueño, y al despertar, no reconocen la cara de la realidad.

 

 

Vivir esos amores adolescentes como si de ellos dependiera la vida misma es uno de los requisitos para en plena madurez emocional tener éxito en una relación de pareja estable. Si en tu mente adulta sigues deseando que tu noviazgo o matrimonio tenga la misma pasión ígnea de los amores de adolescencia, entonces todavía no estás listo para lo necesariamente seria –y aburrida- que es una relación adulta.

Después de los 20 años el sexo ya no es sólo sexo cómplice entre dos jóvenes sino que se convierte en “una manera de expresar afecto a la otra persona” y debe llamársele por el eufemismo: “hacer el amor”; el ser “intenso” con la otra persona –un placer obsesivo compulsivo- se convierte en un lujo que sólo puedes darte si eres un perdedor sin trabajo, camaradas, familia, compañeros de trabajo u amigos virtuales;  las palabras compromiso y responsabilidad hacen parte integral de cualquier conversación que incluya los tres tiempos verbales (pasado, presente y futuro).
 

A muchas personas les parece que este amor reposado tiene más sentido y se disfruta de una manera más consciente y completa que la fiebre amorosa de la juventud. Otros, en cambio, creemos que sólo se debe llamar amor a ese periodo de locura en el que la juventud, las hormonas, el despertar emocional y la rebeldía nos convierten en Romeos y Julietas.

   

“Al hombre le interesa lo real, como tal, aunque no sea deseable. Al niño le importa lo deseable, como tal, aunque no sea real”
                                     Armando Montiel

 

 

El amor de pareja: entre lo superficial y lo variable

Por Eduardo Posada Hurtado
darkedipo@yahoo.es
 

El mito de la relación de pareja perfecta está basado en la idea de que lo esencial de cada persona, los aspectos más profundos de su personalidad, cambian muy poco en el transcurso de la vida adulta y que amamos a nuestras parejas por esas cualidades inalterables de su ser. Sin embargo, ¿gran parte del amor romántico no se fundamenta en unos triviales hábitos compartidos que hacen emocionante, divertida y placentera la convivencia diaria?. ¿Y esas rutinas con el tiempo no se van agotando y tienen que ser reemplazadas por otras que tengan el mismo efecto emocional de las anteriores?.

 

 

La mayoría de personas somos parte activa de una sociedad de consumo en la que nuestros gustos culturales están dictados por los medios de comunicación y los fenómenos comerciales de moda. Por lo tanto, muchas de las costumbres que constituyen el lenguaje amatorio de una pareja han sido mediadas por esos consumos culturales y pueden variar dependiendo de si la pareja se adapta al ritmo cambiante de la moda o se estabiliza en unos gustos fijos, buscando especializarse en ellos. La mayoría de las parejas, por ejemplo, conceden a las salidas a rumbear los fines de semana una importancia definitiva y construyen sus relaciones amorosas dependiendo de las emociones, las percepciones y  las interacciones sociales construidas en esas salidas. Cuando la dinámica de la salida cambia porque se acabó el lugar de rumba, no hay plata y se debe ir a otro sitio más económico o se desea hacer una maratón de películas románticas en vez de salir, uno de los miembros de la pareja resiente el cambio –a veces  ambos- y la relación entra en crisis. Superar esta coyuntura o morir en ella es la diferencia entre una relación basada en lo meramente superficial y una fundamentada en la búsqueda de lo perfecto.

 

 

Nadie es compatible ciento por ciento con otra persona, o si lo es con el paso del tiempo deja de serlo. Las personas cambiamos constantemente, evolucionamos –algunos involucionan-, dejamos algunos gustos en el pasado y adoptamos nuevas creencias, percepciones y aficiones. Incluso nuestra esencia más profunda puede sufrir grandes cambios y dejar de ser las personas de las que nuestra compañera o compañero emocional se enamoraron. Una de las salidas a este conflicto –la más lógica,

además, aunque el amor no es lógico- es tener confianza en la naturaleza positiva del cambio y aceptarlo por lo que es, sin miedos ni ambages. Al fin y al cabo, todo en la vida se transforma y nada está más vivo y sufre más cambios que una moderna relación de pareja.
 
¿Cómo declarársele exitosamente a una chica?
Por Eduardo Posada Hurtado
darkedipo@yahoo.es
 
 
El único poema de amor que he escrito en mi vida lo hice a los 16 años y era un acróstico gótico-masoquista el cual ni siquiera tuve la valentía de firmar. En ese entonces desconocía los protocolos sobre cómo declarársele a una chica y cometí errores vergonzosos que me condenaron a una adolescencia sin novia. Con el objetivo de que esa triste experiencia no sea repetida por otros jóvenes, copio a continuación algunos consejos para lograr una exitosa declaración de amor.

Lo primero es comprobar si realmente le gustas a la otra persona, averiguación que se logra midiendo la reacción de ella a ciertas frases coquetas que uno articula dentro de una conversación  normal: “estás muy bella con esa blusa blanca, pareces mi ángel de la guarda” o “me encanta estar contigo, disfruto mucho tu compañía”. Si se pone contenta y responde que también se siente cómoda contigo, puedes continuar con el siguiente paso. Más si cambia de tema o se molesta por los comentarios, entonces se deben descartar la intenciones amorosas y acentuar una relación de amistad.

Hecha la conexión emocional hay que buscar discretamente el contacto físico. Por ejemplo, se le ofrece la mano para bajar de un auto o un bus, se le retira el cabello de la cara cuando la estés mirando a los ojos y un mechón interrumpa el contacto visual, o se le pide que te preste su mano izquierda para buscar en la parte inferior del dedo meñique el número de hijos que según la quiromancia está destinada a tener. Si ella sugiere una lectura completa de las líneas de la mano, la oportunidad está servida para acariciarla con sutileza y lograr un contacto mucho más lúdico y personal.
 

 

El último paso es, un día que queden de verse, llegar con un detalle que corresponda a los gustos particulares de ella (el DVD original de su película preferida, una caja de sus chocolates predilectos, la cabellera ensangrentada de su peor enemiga) y confesarle –mostrando la menor cantidad de nervios posibles- los sentimientos que se tienen hacia ella. Si también te quiere aceptará tu proposición. En caso contrario, habrás ganado experiencia para hacerlo mejor la próxima vez.

 
El hombre imperfecto: espécimen en vía de consolidación
Por Eduardo Posada Hurtado
darkedipo@yahoo.es
 

El hombre perfecto no fue creado por Dios sino por un esforzado escritor de telenovelas colombianas llamado Fernando Gaitán. En su imaginación, Gaitán moldeó a ese ser pleno de gracia como un tipo alto, blanco, rubio, con acento gringo y que sólo podía tener relaciones sexuales con la mujer a la que amaba -una anémica chapolera conocida con el alias de “Gaviota”. Sebastián Vallejo –así se llamaba ese casto personaje- carecía del gran defecto que esgrimen las mujeres para catalogarnos a todos los hombres como “animales”: la capacidad de ser sexualmente infiel a su pareja. Debo confesar que nunca logré entender el encanto de un personaje que es fiel por un desorden psicológico y no por un compromiso hacia su pareja y hacia si mismo.

Pensando como mujer, nada más deprimente que un tipo cuya sexualidad ha sido castrada por su moral exacerbada. Un hombre, para ser hombre, debe domesticar su promiscuo simio interior hasta convertirlo en un monógamo lord inglés. Debe hacerle sentir a su pareja que esa potencial bestia está dentro de sí, y que él tiene a la mano las llaves de la jaula en caso de que el sacrificio hecho haya sido en vano. Debe hacer sentir a la mujer el orgullo de poseer un objeto deseado por otras que sólo puede ser disfrutado por ella. Al fin y al cabo, ¿qué placer existe en ser dueño de un bien que nadie más desea y que por lo tanto no tiene valor alguno?

El problema de la infidelidad masculina, según las mujeres, radica en que los hombres somos propensos a ser sobrepasados por el instinto sexual y “pensamos” con el pene. Esto, sobra decirlo, es una absoluta inexactitud pues jamás un hombre ha engañado a su mujer sin haber rápidamente hecho una evaluación de lo que va a ganar y de lo que puede perder. Esta facilidad para tomar decisiones capaces de destruir familias enteras tiene que criticarse con fiereza, aunque también se debe abogar por una revaluación de ciertos criterios dogmáticos relacionados con el matrimonio o las relaciones de pareja convencionales.

 

Hace años leí en una revista Cosmopolitan un titular que decía: ¿Si él se acuesta con una prostituta debe catalogarse como infidelidad?. Nunca ojeé el artículo –en ese  tiempo me daba vergüenza comprar revistas de mujeres- más el sólo hecho de que plantearan la pregunta evidencia los enormes avances ocurridos en las últimas 4 décadas respecto a las concepciones de sexo y pareja. Uno de mis casos preferidos –muy común, además- es el planteado en la película setentera "El año que viene a la misma hora". Este filme, protagonizado por Alan Alda y Ellen Burstyn, trata de un hombre y una mujer, casados ambos, que se conocen durante un congreso y tienen una aventura. A partir de entonces, todos los años vuelven a encontrarse en el mismo congreso y repiten el fin de semana juntos. La película abarca unos 30 años y vamos viendo cómo los dos protagonistas se hacen amigos y cómo transcurren sus vidas, aunque de ellos sólo conocemos el fin de semana que pasan juntos, ya que durante el resto del año no tienen ningún contacto.

Las mujeres modernas, si son realmente conscientes de los cambios que están viviendo los géneros sexuales, tienen que renunciar a los estereotipos y clichés con que juzgan a los hombres y ver la “viga en el ojo propio”. La liberación sexual de los años 60’s las convirtió, tras cientos de años subyugadas, en hembras empoderadas de su sexualidad, por lo tanto muchas han renunciado a la búsqueda de pareja romántica y sencillamente tienen amantes con los cuáles satisfacer sus pulsiones sexuales. En este nuevo mundo de personas abiertamente lujuriosas y hedonistas, los criterios de perfección moral aplicados a las relaciones de pareja son relativos y negociables. Los hombres imperfectos y las mujeres imperfectas por fin podemos ser felices siendo nosotros mismos.

¿Somos monógamos o no?

AGENCIA AUPEC
UNIVALLE

 

Pedro ha mantenido relaciones sexuales con una mujer, que no es su esposa, durante un año. Cuando esta última se dio cuenta, él decidió argumentar que los hombres son "infieles" por naturaleza. "Lo que sucede es que las quiero a las dos, pero de forma muy diferente", le dijo a su psiquiatra y terapista de pareja.

Esta es una respuesta muy común en la cultura latinoamericana y occidental, en general, afirma Harold Estrada, Psiquiatra de la Universidad del Valle especializado en terapia de pareja. Se trata de una posición cómoda para una cultura patriarcal.

 

Se puede ser fiel

Según el Psiquiatra Harold Estrada, lo que sucede es que el ser humano ha interiorizado su sexualidad, por lo tanto podemos disfrutarla sin procrear, pero esto no quiere decir que no pueda ser fiel.

 

Lo que si asegura el psiquiatra, es que si bien es cierto que todo ser humano puede ser monógamo, también es cierto que existen personas más sexuales que otras, que genéticamente tienen mayor disposición para el sexo, así como existen personas que tienen más apetito que otras, o que duermen mas que otras, pero esto no quiere decir que no puedan dominar sus pasiones.

“Ser o no monógamo lo determina la cultura y en ocasiones la genética, pero es una decisión personal, que cualquiera puede asumir de forma racional, de no ser así como nos diferenciamos de los animales”, afirma Estrada.

El psiquiatra Estrada también explica que estos patrones pueden ser aprendidos. Si un niño observa que sus padres no tienen una sola pareja, es muy probable que también copie ese modelo, son valores culturales.

 

 

Influencia de la cultura

Lorenzo Balegno, ex director de la Escuela de Psicología Clínica  de la Universidad del Valle, dice que ser o no ser monógamo para un ser humano, lo determina la cultura. “Si una persona falta a las reglas de su cultura es grave, algo así como ser monógamo en una cultura polígama o polígamo en una que no lo es", dice.

La cultura dirige la organización de las personas. Desde el punto de vista biológico, se puede hablar que el  ser humano es o no monógamo, pero el hombre es mucho más que un ser biológico.

 

Una persona puede acondicionarse para ser polígamo o monógamo de acuerdo con su medio ambiente. Sin embargo no nace así, la cultura es la que determina su tendencia. “Si falta a su cultura está cometiendo una falta y socialmente está equivocado, pero es una decisión personal”, explica el psicólogo.

El instinto no existe en el ser humano. El psicoanálisis reconoce el deseo sexual, pero ese deseo puede tener un objeto sexual o varios, es decir que el ser humano puede ser polígamo o monógamo.

Balegno aclara que por lo tanto, los seres humanos no somos monógamos ni polígamos por naturaleza, ni por instinto; los seres sociales tienen unas reglas y es eso lo que generalmente determina esta decisión.

 

 

La sexualidad de nuestros padres y abuelos

 

Tengo un amigo de 50 años con un síndrome de Edipo exacerbado el cuál no le permite soportar estoicamente los gemidos de placer de su madre y su padre cuando hacen el amor en la habitación contigua.  Y no es que le tenga que encantar escuchar los alaridos orgásmicos de sus padres…  pero si duerme en la habitación contigua a la de ellos entonces ¿qué espera?, ¿sexo con silenciador incorporado?, ¿abstinencia por “respeto” a el?.

Los padres de mi amigo son adultos mayores y el que se mantengan activos sexualmente no los hace una excepción para la gente de su edad, sino todo lo contrario.  Tres cuartas partes de la gente de edad avanzada son activos en el aspecto sexual y tienen relaciones sexuales de mejor calidad e intensidad que muchas personas jóvenes. Las parejas jóvenes que trabajan y tienen hijos deben sacrificar cierta cantidad de encuentros sexuales en aras de sus obligaciones laborales y familiares. Más cuando los hijos abandonan la casa materna y los padres se jubilan, la intimidad resurge en todo su esplendor.

 

En el Informe Janus sobre la conducta sexual, los doctores Samuel y Cynthia Janus afirman que la frecuencia con que los hombres tienen relaciones sexuales alcanza su máximo entre los 51 y los 64 años de edad, y que las mujeres son más activas después de cumplir 65 años que entre los 40 y los 60. Además, cuando los hombres nos acercamos a los 50 años vamos perdiendo la necesidad innata de eyacular -¡tan propia de la juventud!-  y podemos concentrarnos en prolongar el coito para así obtener la plena satisfacción de nuestra pareja y también la propia.

Es falso que tras la menopausia las mujeres pierdan el apetito sexual.  En realidad muchas mujeres sienten una especie de liberación psicológica al cerrar su ciclo reproductivo y se permiten desarrollar una mayor seguridad respecto a lo que quieren en la cama siendo partícipes más activas en el coito. La mayoría de las mujeres de edad avanzada mantienen la capacidad de alcanzar orgasmos -¡incluso orgasmos múltiples!- y algunas mujeres mayores, al disminuir su concentración de estrógenos, aumentan la facilidad con que llegan al clímax.

 

La actividad coital en la tercera edad es equivalente a una sesión de ejercicio ligero y ayuda a prevenir la depresión, aumenta la autoestima, contrarresta el estrés y refuerza la decisión de controlar el peso. Menos del 1 por ciento de las muertes por ataque cardiaco ocurren durante el acto sexual y los problemas de erección o la falta de lubricación vaginal muchas veces son reacciones secundarias producidas por los medicamentos para la hipertensión o el corazón. Una simple consulta médica permite neutralizar esos efectos secundarios y darle a los rostros de nuestros padres y abuelos la expresión beatífica de quien tuvo una placentera e intensa noche de sexo.

 
¿La moda del sexo público?

Por Eduardo Posada Hurtado
darkedipo@yahoo.es

En septiembre del año antepasado una adolescente chilena de 14 años, estudiante de un colegio católico, fue filmada por sus compañeros en un parque público de Santiago haciéndole (para pasar el rato) una felación a uno de ellos. Ese video, hecho con una cámara de celular, se colgó en You tube y rápidamente se hizo famoso por su contenido explícito y por las frases con las que los chicos

animaban a Naty: ¡ “wena Naty”! y “¡arráncale la cabeza!”.  El asunto trascendió hasta convertirse “Wena Naty” en una expresión eufemística  usada para referirse al sexo oral entre adolescentes y crearse la “moda juvenil” de  hacer actos sexuales en parques públicos, fenómeno conocido como ‘Sexying’.

 

No es el primer caso de jóvenes y sexo en Internet.  Sin esforzarnos mucho recordamos el video del Colegio Los Almendros (descargable por Ares), las fotos insinuantes de las escolares de Dosquebradas (Risaralda), el video sexualmente explícito de la cantante Noelia o las recientes fotos privadas de Vanessa Hudgens desnuda (High School Musical) filtradas a la Red.

Mi vecina gótica (quien tiene un tatuaje sexy en su baja espalda) publicó sus fotos desnuda en el sitio web suicide girl  y por mail me llegan imágenes de chicas que se dejaron grabar voluntariamente en manifestaciones sexuales, quizás creyendo que sus amigos o novios no harían públicas las fotos, quizás sabiendo que tarde o temprano esas fotos o videos perderían su carácter privado.

 

   
Este boom de las filmaciones y fotos sexuales amateurs es responsable del éxito de sitios web como Yuvutu y significa la redefinición del ejercicio de la sexualidad como un hecho semi-privado (deja de ser privado cuando entra a mediar un registro fotográfico o de video) que puede –por voluntad manifiesta,  por invasión a la intimidad, o por irresponsabilidad-  convertirse en  una actuación pública, proclive a ser juzgada,  reproducida y reinterpretada. El acto sexual es planeado entonces para satisfacer el
 

deseo inmediato pero también como una perpetuación, un testimonio, de ese momento especial. Lo anterior implica que además de las personas físicamente involucradas concurran a la cama (por medio de la imaginación de los amantes) un potencial público voyerista -pues existe la posibilidad inmanente de que esas imágenes se vuelvan de dominio público).

¿Cuando filmamos o registramos nuestras manifestaciones sexuales podemos ser “naturales” o la lente nos hace “actuar”?. ¿El ejercicio de la sexualidad en un futuro próximo estará irremediablemente  mediado por un débil equilibrio entre el placer de la intimidad (lo privado) y el encanto de lo público (exhibicionismo, voyerismo)?