La deprimente deshonestidad de los colombianos

Por Eduardo Posada Hurtado
mail@eljuglardecolombia.com

 

Todos los días tenemos que lidiar con nuestra propia deshonestidad y con la de los otros. Este fin de semana, para no ir muy lejos, me negué a alterar un certificado universitario, un taxista intentó darme en una devuelta un billete de 2000 falso, el fontanero que arregla los lavabos en mi casa adquirió unos tubos de PVC y presentó unas facturas de compra hechas por él mismo, un tipo en la calle intentó estafarme con “recibos de prendería a mitad de precio”, y la tienda del Arenillo, en la Buitrera - Palmira, me ofreció huevos de 250 pesos en 350. Estos pequeños comportamientos deshonestos crean un ambiente salvaje en la convivencia diaria

 

haciendo de la “ley del más fuerte” el único criterio a seguir y de la desconfianza un recurso necesario para no “dar papaya”.¿Debemos entonces seguir articulando en el discurso diario la idea de que la gente deshonesta son solo unos pocos y la gente honesta es el grueso de la población?.

 

Wikipedia, la Enciclopedia Libre, define la honestidad como: “una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia. En su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas; en otros sentidos, la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo”. ¿Somos acaso los colombianos coherentes (honestos) al anhelar un país mejor y sin embargo “partirle la papaya” al que se descuida?. ¿Cómo pueden la verdad y la justicia ser respetadas cuando todo el mundo tiene su propia versión de las leyes y las acomoda a su mejor beneficio?
Es lamentable vivir en una nación en la que los antivalores y el egoísmo se sobreponen a la honestidad y a la solidaridad. Por nuestra tolerancia a lo ilícito permitimos el surgimiento de capos como Pablo Escobar y cambiamos el objetivo de la vida a ser rico rápidamente, sin medir consecuencias. Quejarnos ante este nuevo paradigma de sociedad es ridículo pues ¿qué puede pedírsele a los habitantes de un país en el cual el gobierno premia con cientos de millones de pesos a los asesinos y a los traidores, y el peso de la ley cae sólo sobre aquellos que no tienen los recursos para sobornar a los jueces?.

Cuando el fin de semana intentaron engañarme, yo recurrí a mi mejor sonrisa y le dije al joven estudiante universitario que me era imposible hacerle ese certificado hechizo, le pedí con amabilidad al taxista me cambiara el billete chimbo, despedí al fontanero sin cancelarle el sobre costo de sus facturas de mentiritas, le dije al estafador que no estaba interesado en nada de segunda mano, y agradecí al señor de la tienda que me hubiera ofrecido los huevos, pero no los compré. No tenía sentido fatigarse exigiendo a ninguno de los anteriores sujetos explicación por sus actos pues todos ellos consideran que lo malo es no ser “avión” y  que a “papaya puesta, papaya partida”. Mi única satisfacción en las anteriores situaciones fue la de comportarme mejor que ellos, la de respetarlos no dejando que me engañaran y sumaran una falta más a su larga lista de deshonestidades. Mentiría diciendo que también los juzgo compasivamente. No me importan lo suficiente como para emitir un juicio de sus acciones. Quizás esa indiferencia, con el tiempo, me lleve a ser como ellos.

 
 


7 mandamientos para ser un gran vendedor y un ser humano ético

Por Edward Bocanegra López
mail@eljuglardecolombia.com

 

 

1- Ama al cliente como a ti mismo

Las empresas se deben a los clientes. Ellos son los que la hacen crecer y cuando hablan bien de esta a sus familiares y amigos se vuelven sus mejores vendedores. Por eso el primer mandamiento de un vendedor ético es no hacerle al cliente lo que no le gustaría que le hicieran a él. El vendedor ético es un factor de transformación social ya que se pone en la posición de su cliente -generando confianza- al reconocerlo como ser humano y no sólo como una oportunidad adquisitiva.

2- Nunca defraudes la confianza del cliente

La amistad y los negocios casi siempre se deben llevar por separado. Sin embargo al desarrollar empatía hacía el cliente se termina sintiendo por él algo parecido a la amistad. No se debe ser desleal con los amigos como no se puede ser desleal a los clientes. La confianza mutua es lo más importante para construir una relación. El sentir que el vendedor está comprometido a defender los intereses del cliente es el secreto más grande para lograr hacer buenas ventas. Un vendedor que es honesto no sufre la disyuntiva de ser honesto en su casa y deshonesto en la calle. Ser de igual forma en su casa y afuera lo hace un mejor ser humano, mejor padre, mejor esposo, mejor hijo.

3- Honra y respeta a tus jefes y compañeros en un ambiente de sana competencia
 
Nadie puede obtener respeto si a su vez no respeta a otros. El respeto no es un valor que va en una sola vía. El mito del vendedor que trabaja solo es tan falso como decir que las vacas vuelan. Ningún vendedor puede lograr cubrir todas las necesidades del cliente. Se debe de equilibrar la competencia sana al interior de la empresa con un sentido de compañerismo y de identidad dentro de la misma. Cada vendedor lucha por sus ventas individuales, mas su compañero no es un enemigo si no simplemente otro competidor en una carrera que tiene premios para ambos. Esta actitud de sana competencia es también una actitud ética que se aplica a la perfección en la vida cotidiana. En nuestra vida competimos por tener a la chica más linda o por ser el hijo predilecto. Lo que debemos hacer es ser el mejor por uno mismo y reconocer los valores del otro como un justo competidor que tiene las mismas capacidades y méritos para ganar. No existe un mejor amigo que aquel rival de competencia que valora y respeta todas tus capacidades y potencialidades y al cuál uno respeta de la misma manera. Lograr generar un ambiente de competencia sana en el ambiente laboral, como en el personal, genera un mejoramiento continuo de todos los involucrados, construyendo así núcleos o grupos de altísimo nivel que sobresalen de los demás.

4- Nunca te aproveches de la buena fe de los clientes

Vivimos en una sociedad en la que desconfiamos los unos de los otros y por lo tanto no existe tejido social ni participación ciudadana activa. Un vendedor no solamente es intermediario para que un producto pase de una empresa a una persona, un vendedor es un asesor y por lo tanto una parte importante de su labor es venderle al cliente lo que realmente necesita y no un producto mas costoso que le dé una mejor comisión. Así como una madre y un verdadero amigo siempre quieren lo mejor para uno y en el proceso te dice las verdades que nadie más se atreve -por pudor o porque en realidad no les importas-, el vendedor ético debe poderle decir al cliente de la manera más sutil pero firme cuáles son los productos o servicios que más le benefician o son más apropiados para él. Hay que romper con el paradigma clásico de las ventas que dice que el cliente siempre tiene la razón. Es el diálogo y la unión de sabidurías entre el cliente y el vendedor lo que hace de una venta una venta correcta y beneficiosa para ambos lados. Por lo tanto, es como si el vendedor es el hombre y el comprador la mujer y sólo trabajando en equipo, con amor y respeto, concebirán un hijo saludable, el cuál es la venta.

 

5- Nunca hables mal de un cliente, un compañero, un ex empleado o de la competencia

Los chismes tanto en la vida laboral como personal son extremadamente peligrosos y así un comentario sea cierto, solamente le concierne a la persona involucrada, ni a ti ni a nadie más. Un valor importantísimo en la vida cotidiana y en una organización es la discreción. Jamás se deben ventilar en público los asuntos laborales o personales de una empresa, convirtiéndolos en la comidilla de la colectividad. Por el contrario, es labor de un excelente vendedor, como también de un ser humano integral, velar por el buen nombre de las instituciones a quién debe soporte y respeto. Un mundo ideal sería aquel en el que todas nuestras acciones fueran públicas, pero lastimosamente no existe la perfección humana y es deber de un buen individuo cuidar los secretos para no hacerle daño a los demás.

6- No utilices la belleza física para aprovecharte de los clientes

En algunos almacenes el comprador se encuentra con una mujer despampanante que lo único que quiere, aprovechándose de su belleza, es exprimirle hasta el último centavo. Por lo tanto le coquetea descaradamente, pero al cumplir su objetivo le demuestra al cliente que le vendió la ilusión más cara de su vida. Una vendedora con sentido atiende a todos sus clientes con suma amabilidad, pero manteniendo un límite profesional  marcado. Seducir falsamente buscando obtener

 
un beneficio económico, es para el vendedor rebajarse -y rebajar su empresa- al nivel de aquellas personas que venden su cuerpo a cambio de dinero. Además, un cliente captado de esta manera es un cliente desilusionado que jamás volverá.
 

7- No recurras a prácticas sucias para quitarle clientes a la competencia

Por más grandes que sean tus metas u objetivos jamás se debe pasar por encima de los demás -como de nuestros propios valores- para alcanzar unos sueños que castran los de otros. Es importante dejar a un lado el egoísmo y recordar que la sociedad para funcionar correctamente debe estar respaldada por unas leyes de control que protegen a los pequeños peces del mercado de los grandes tiburones monopolizadores. Cuando socavamos la legitimidad de la ley, un día somos cachalotes y al otro día un pececito dorado sin nadie que nos proteja. Además, si un negocio para ser exitoso necesita  recurrir a prácticas ilícitas,  luego es casi imposible volver al territorio de la honestidad

Los vendedores somos primero que todo seres humanos y ciudadanos. Como seres humanos debemos ser éticos y responsables con nuestras acciones para protegernos a nosotros mismos y crear una buena sociedad. Como ciudadanos, los vendedores constituyen una parte muy importante de aquel entramado que llamamos sociedad de consumo. Consumir, comprar, vender, intercambiar, canjear, son acciones que conforman la identidad misma de los individuos modernos, por lo tanto las personas que somos al momento de  realizar estas acciones, señalan lo que realmente somos en nuestro interior.

No debe existir la división entre el “ser superficial” que se dedica a asuntos comerciales y el ser profundo que se dedica a la vida afectiva en la cotidianidad. Después de todo  un buen vendedor que ame al cliente como a sí mismo, que no lo defraude, que lo honre, que no se aproveche de él, que no lo difame y que no lo engañe, está creando un mundo ideal en donde la confianza se restaurará como el valor fundamental de cohesión entre los seres humanos. Un buen vendedor vende más que un producto o servicio, ofrece esperanza. 

 

 

 

Por qué es prácticamente seguro que Dios no existe

 

Autor: Richard Dawkins
Fuente: Traducido para la ONG ‘Rebelión’ por Anahí Seri Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=43724

     

Cuando Einstein dijo “¿Tenía Dios una opción cuando creó el universo?”, lo que quería decir es “El universo, ¿se podría haber iniciado de más de una manera?” “Dios no juega a los dados” fue una expresión poética de Einstein para mostrar su duda sobre el principio de indeterminación de Heisenberg. Es sabido que Einstein se molestó cuando los teístas interpretaron esta afirmación como creencia en un Dios personal. Pero, ¿qué esperaba? Debía haber sido palpable para él el ansia de malentendidos. Los físicos “religiosos” normalmente resulta que lo son sólo en el sentido einsteiniano: son ateos con un temperamento poético. También yo lo soy. Sin embargo, dado este anhelo de malentendidos, tan extendido, el confundir deliberadamente el panteísmo

 

einsteiniano con la religión sobrenatural es un acto intelectual de alta traición.

 

Si aceptamos pues que la hipótesis de Dios es una hipótesis científica propiamente dicha, a cuya verdad o falsedad no tenemos acceso simplemente por falta de pruebas, ¿cuál debería ser nuestra mejor estimación de la probabilidad de que Dios existe, dadas las pruebas de las que disponemos en estos momentos? En mi opinión, la probabilidad es bastante reducida, y a continuación explico por qué.

 

En primer lugar, la mayoría de los argumentos tradicionales a favor de la existencia de Dios, desde Tomás de Aquino, son fáciles de desmontar. Varios de ellos, por ejemplo el argumento de la primera causa, se basan en una regresión infinita que llega a su fin con Dios. Pero nadie nos explica por qué Dios, misteriosamente, es capaz de poner fin a las regresiones infinitas sin requerir él mismo una explicación. Ciertamente, necesitamos algún tipo de explicación para el origen de todas las cosas. Los físicos y los cosmólogos se dedican a esta ardua labor. Pero cualquiera que sea la respuesta (una fluctuación cuántica aleatoria, o una singularidad Hawkings/Penrose o como quiera que acabemos llamándola), será simple. Por definición, las cosas complejas, estadísticamente improbables, no ocurren así sin más; necesitan ser explicadas. No son capaces de poner fin a las regresiones infinitas, a diferencia de lo que ocurre con las cosas simples. La primera causa no puede haber sido una inteligencia, por no hablar de una inteligencia que responde a plegarias y le gusta ser adorada. Las cosas inteligentes, creativas, complejas, estadísticamente improbables aparecen tardíamente en el universo, como producto de la evolución o de algún otro proceso de escalada gradual a partir de un principio simple. Aparecen tardíamente en el universo y por tanto no pueden ser responsables de su diseño.

Otro de los esfuerzos de Tomás de Aquino, la vía de los grados de perfección, merece la pena ser expuesto con detalle, pues es un típico ejemplo de la debilidad del razonamiento teológico. Tomás de Aquino dijo que nosotros percibimos grados, pongamos por caso, de bondad o temperatura, y los medimos por referencia a un máximo:

“Ahora bien, el máximo de cualquier género es la causa de todo en dicho género; así el fuego, que es el máximo del calor, es la causa de todas las cosas calientes . . . Por tanto, debe existir algo que sea para todos los seres la causa de su ser, bondad, y cualquier otra perfección; y eso es lo que llamamos Dios.”

 
     

Richard Dawkins
 

¿Eso se considera un argumento? Por la misma razón podríamos decir que la gente varía en cuanto a su olor, pero que sólo podemos juzgarlos por referencia a un máximo perfecto de olor concebible. Por tanto, debe existir un ser oloroso preeminente sin parangón, y lo llamamos Dios. Se puede utilizar cualquier otra dimensión comparativa que se desee, para derivar una conclusión igualmente fatua. A eso lo llaman teología.

El único de los argumentos tradicionales a favor de Dios que se emplea ampliamente en la actualidad es el argumento teleológico, llamado a veces “argumento del diseño”, si bien (dado que el nombre da por sentada la cuestión de su validez) debería llamarse más bien “argumento a favor del diseño”. Se trata del familiar argumento “del relojero”, que sin duda es uno de los malos argumentos más superficialmente plausibles jamás descubiertos; y que casi todo el mundo redescubre hasta que se les hace ver la falacia lógica y la brillante alternativa de Darwin.

En el mundo familiar de los artefactos humanos, las cosas complicadas que tienen apariencia de haber sido diseñadas han sido diseñadas. Para un observador ingenuo, parece deducirse que las cosas del mundo natural de similar complejidad que parecen diseñadas, como los ojos o los corazones, también han sido diseñadas. No se trata solamente de un argumento por analogía. Aquí hay una apariencia de razonamiento estadístico; es falaz, pero comporta una ilusión de plausibilidad. Si barajamos un millón de veces al azar los fragmentos de un ojo o de una pierna o de un corazón, ya tendríamos suerte de dar con una sola combinación capaz de ver, caminar o bombear. Esto demuestra que estos dispositivos no podrían haberse constituido al azar. Y por supuesto que ningún científico razonable dijo jamás que así fuera. Lamentablemente, la educación científica de la mayoría de los estudiantes británicos y estadounidenses omite toda mención de Darwin, y por tanto la única alternativa al azar que la mayoría de las personas pueden imaginar es el diseño.

Incluso antes de la época de Darwin, la falta de lógica saltaba a la vista: ¿cómo podría haber sido jamás una buena idea postular, como explicación para la existencia de cosas improbables, a un diseñador que tendría que ser más improbable aún? Todo el argumento cae lógicamente por su base, como ya se dio cuenta Hume antes del nacimiento de Darwin. Lo que no conocía Hume es la alternativa de suprema elegancia que Darwin propondría, alternativa tanto al azar como al diseño. La selección natural es tan deslumbrantemente poderosa y elegante que no sólo explica la totalidad de la vida, sino que eleva nuestra conciencia y da una espaldarazo a nuestra confianza en la capacidad de la ciencia para explicar todo lo demás.

La selección natural es más que una mera alternativa al azar; es la única alternativa definitiva jamás planteada. El diseño sólo es una explicación factible de la complejidad organizada a corto plazo. No es una explicación final, pues los propios diseñadores requieren una explicación. Si, como una vez especularon Francis Crick y Leslie Orgel medio en broma, la vida fue sembrada deliberadamente en nuestro planeta por un cargamento de bacterias que venía en la ojiva de un cohete, habrá que hallar una explicación para los alienígenas inteligentes que lanzaron el cohete. En última instancia, tienen que haber evolucionado de forma gradual a partir de inicios más simples. Solamente la evolución, o algún tipo de “grúa” gradualista, para emplear el ingenioso término de Daniel Dennett, es capaz de poner fin a la regresión. La selección natural es un proceso anti-aleatorio que va construyendo gradualmente la complejidad, paso a paso. El producto final de este efecto cremallera es un ojo, o un corazón, o un cerebro; un dispositivo cuya complejidad es absolutamente desconcertante hasta que divisamos la suave rampa por la que se llega a él.
     

 

Esté, o no, en lo cierto en cuanto a mi conjetura de que la evolución es la única explicación para la vida en el universo, de lo que no cabe duda es de que es la explicación de la vida en este planeta. La evolución es un hecho, y está entre los hechos más fehacientes que conoce la ciencia. Pero tuvo que empezar de alguna manera. La selección natural no puede obrar sus milagros hasta que no se den ciertas condiciones mínimas, de las cuales la más importante es un sistema de duplicación fiable; el ADN o algo que funcione como el ADN.

El origen de la vida en nuestro planeta, es decir, el origen de la primera molécula capaz de autorreproducirse, es difícil de estudiar, pues (probablemente) sólo sucedió una vez, hace 4 mil millones de años en condiciones muy distintas de las que ahora prevalecen. Tal vez nunca lleguemos a saber cómo ocurrió. A diferencia de los sucesos evolutivos que le siguieron, debe haber sido un suceso auténticamente improbable; demasiado improbable, quizás, como para que los químicos lo reproduzcan en el laboratorio o desarrollen siquiera una teoría plausible de lo que ocurrió. Esta conclusión tan extrañamente paradójica, el que una explicación química del origen de la vida, para ser plausible, tiene que ser inverosímil, sería la conclusión correcta si la vida en el universo fuera extremadamente rara. Y de hecho nunca nos hemos topado con ningún atisbo de vida extraterrestre, ni siquiera por radio; circunstancia que dio lugar a la exclamación de Enrico Fermi: “¿Dónde están todos?”

Supongamos que el origen de la vida en un planeta tuvo lugar por un golpe de suerte sumamente improbable, tan improbable que únicamente sucede en un planeta por cada mil millones de planetas. La Fundación Nacional de Ciencia se reiría del químico que propusiera una investigación que sólo tuviera una probabilidad de éxito del uno por cien, por no hablar de uno entre mil millones. Y sin embargo, dado que hay al menos un trillón de planetas en el universo, incluso con unas probabilidades tan reducidas se llega a que hay vida en mil millones de planetas. Y uno de ellos (aquí es donde entra en juego el principio antrópico) tiene que ser la Tierra, puesto que aquí estamos.

Si partiéramos en una nave espacial para encontrar el planeta de la galaxia que alberga vida, las probabilidades en contra de hallarlo serían tan altas que en la práctica sería una tarea imposible. Pero si estamos vivos (y es patente que lo estamos si estamos a punto de embarcar en una nave espacial) no tenemos que molestarnos en buscar ese único planeta puesto que, por definición, nos encontramos en él. El principio antrópico es realmente bastante elegante. Por cierto, yo en realidad no creo que el origen de la vida fuera tan improbable. Creo que la galaxia tiene muchas islas de vida diseminadas por ahí, aunque esas islas estén demasiado apartadas unas de otras para que podamos concebir esperanzas de encontrarnos con una de ellas. A lo que quiero llegar es simplemente que, dado el número de planetas en el universo, el origen de la vida podría ser, en teoría, un golpe de suerte equivalente al de un golfista con los ojos vendados que metiera la bola en uno. La belleza del principio antrópico es que, incluso con estas pasmosas probabilidades en nuestra contra, nos da una explicación perfectamente satisfactoria de la presencia de la vida en nuestro propio planeta.

     

 
El principio antrópico se suele aplicar, no a planetas sino a universos. Los físicos han sugerido que las leyes y constantes de la física son demasiado buenas – como si el universo estuviera montado para favorecer nuestra eventual evolución. Es como si hubiera, digamos, media docena de diales que representan las principales constantes de la física. En principio, cada uno de los diales se puede ajustar a un valor determinado de una amplia gama de valores. Jugueteando al azar con estos diales, casi cualquier combinación daría lugar a un universo en el que la vida sería imposible. Algunos universos se esfumarían en el primer microsegundo.
Otros no contendrían ningún elemento de mayor peso que el hidrógeno y el helio. Y en otros, la materia nunca se condensaría para formar estrellas (y se necesitan estrellas para que surjan los elementos químicos y con ellos la vida). Se puede hacer una estimación de las probabilidades, muy bajas, de que los seis diales están bien ajustados, y concluir que debe haber intervenido un sintonizador divino. Pero como ya hemos visto, esta explicación es vacua porque da por sentada la cuestión más fundamental de todas. El divino sintonizador tendría que ser, por su parte, al menos tan improbable como el ajuste de sus diales.
 

Una vez más, el principio antrópico brinda una solución de una elegancia abrumadora. Los físicos tiene ya razones para sospechar que nuestro universo, todo lo que vemos, es sólo un universo entre tal vez miles de millones. Algunos teóricos postulan un multiverso de espuma, en donde el universo que conocemos no es más que una burbuja. Cada burbuja tiene sus propias leyes y constantes. Las leyes de la física que nos resultan familiares son unas leyes provincianas. De todos los universos en la espuma, sólo una minoría posee lo que se necesita para generar vida. Y, con una visión antrópica a posteriori, es obvio que tenemos que encontrarnos en un miembro de esta minoría, pues aquí estamos, ¿no? Como han dicho los físicos, no es ningún accidente que veamos estrellas en el cielo, pues un universo sin estrella carecería de los elementos químicos necesarios para la vida. Es posible que existan universos en cuyos cielos no haya estrellas; pero estos universos carecen de habitantes que las echen en falta. Análogamente, no es ningún accidente que veamos una gran diversidad de especies vivas: pues un proceso evolutivo que es capaz de dar lugar a una especie que ve cosas y reflexiona sobre ellas necesariamente tiene que producir al mismo tiempo muchas otras especies. La especie reflexiva debe estar rodeada de un ecosistema, igual que debe estar rodeada de estrellas.

El principio antrópico nos permite postular una buena dosis de suerte a la hora de explicar la existencia de vida en nuestro planeta. Pero hay límites. Se nos permite un golpe de suerte para el origen de la evolución, y quizás por unos cuantos sucesos únicos más, como el origen de la célula eucariota y el origen de la conciencia. Pero con eso se acaba nuestro derecho a postular la suerte a gran escala. Insisto en que no podemos invocar grandes golpes de suerte que expliquen la ilusión de diseño que transmite cada una de las mil millones de especies de seres vivos que han poblado la Tierra. La evolución de la vida es un proceso general y continuo, que esencialmente da lugar al mismo resultado en todas las especies, aunque los detalles varíen.
     

A diferencia de lo que a veces se afirma, la evolución es una ciencia predictiva. Si se toma una especie hasta ahora no estudiada y se la somete a un minucioso escrutinio, cualquier evolucionista podrá predecir que cada individuo que se observe hará todo lo que esté en su poder, a la manera propia de su especie (planta, herbívoro, carnívoro, nectívoro o lo que sea) para sobrevivir y propagar el ADN que alberga. No estaremos aquí el tiempo suficiente para poner a prueba la predicción, pero podemos decir, con gran confianza, que si un cometa alcanza la Tierra y extermina los mamíferos, una nueva fauna surgirá para ocupar su lugar, igual que los mamíferos ocuparon el de los dinosaurios hace 65 millones de años. Y los roles que desempeñarán los nuevos actores en el drama de la vida serán a grandes rasgos, aunque no en los detalles, , similares a los roles que

 

desempeñaron los mamíferos y los dinosaurios antes que ellos, y antes que los dinosaurios los reptiles que se asemejaban a los mamíferos. Es de esperar que las mismas reglas se sigan en millones de especies en todo el globo, y durante cientos de millones de años. Una observación general de este tipo requiere un principio explicativo diferente del principio antrópico que explica sucesos excepcionales como el origen de la vida o el origen del universo como un golpe de suerte. Este principio totalmente diferente es la selección natural.

Nosotros explicamos nuestra existencia combinando el principio antrópico y el principio de selección natural de Darwin. Esta combinación proporciona una explicación completa y profundamente satisfactoria de todo lo que vemos y sabemos. La hipótesis divina no sólo es innecesaria. No es en absoluto parsimoniosa. No solamente no necesitamos a Dios para explicar el universo y la vida. Dios aparece en el universo como algo flagrantemente superfluo. Por supuesto, no podemos demostrar la inexistencia de Dios, como tampoco podemos demostrar la inexistencia de Thor, las hadas, los duendes y el Monstruo Espagueti Volador. Pero, al igual que ocurre con esas otras fantasías que no podemos desmentir, podemos decir que Dios es muy, muy improbable.
 

Primera publicación en Huffington Post, 23 de octubre de 2006.

Fuente original en  internet: http://www.edge.org/3rd_culture/dawkins06/dawkins06_index.html

El biólogo evolucionista Richard Dawkins es "Charles Simonyi Professor of the Public Understanding of Science" en la Universidad de Oxford. Entre sus libros se encuentran The Selfish Gene, The Blind Watchmaker y The God Delusion.

Anahí Seri es miembro de la ONG ‘Rebelión’. Esta traducción se puede reproducir libremente con fines no lucrativos, a condición de respetar su integridad y de mencionar al autor, a la traductora y la fuente. URL de esta página: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=43724.
 
 
 

Por qué debemos elegir a Sergio Fajardo y no reelegir a Uribe

 

Por Eduardo Posada H
mail@eljuglardecolombia.com

 
Los éxitos del gobierno Uribe en materia de seguridad en ningún momento significan una carta blanca respecto a la administración del Estado, ni el derecho a perpetuarse en el poder más allá de lo justo y necesario. Muchos creen que sin Uribe en la Casa de Nariño las políticas de Seguridad Democrática desaparecerán, más si a la presidencia llegara Sergio Fajardo el combate permanente a la guerrilla seguiría siendo una prioridad la cual se complementaría con una mayor inversión en educación y salud.

Sólo si el Polo Democrático de alguna manera milagrosa llegara al primer cargo de la nación, correría peligro la continuidad de la Seguridad Democrática y con la excusa bienintencionada de un diálogo político se le permitiría a la guerrilla fortalecerse militarmente borrando los avances hechos durante el actual gobierno.
Es tiempo de que una persona diferente a Uribe llegue a la presidencia. Con el ejercicio continuo e incontrolado del poder es inevitable que los personalismos (a los cuales Uribe es tan propicio), no las ideas ni los planes de gobierno estructurados, se vuelvan el principal criterio para dirigir la nación. Además, el presidente Uribe para mantenerse en el poder ha hecho acuerdos con centenares de politiqueros de la peor estirpe por lo que los índices de corrupción en el Estado son altísimos. El expresidente Julio César Turbay acuñó una famosa frase en la cual afirmaba que “la corrupción debía limitarse a sus justas proporciones”. Eso era un reconocimiento pragmático de que es casi imposible que los politiqueros tradicionales dejen de robar el erario público, más pueden hacerlo en una cantidad pequeña permitiendo que la mayoría del dinero llegue a inversión social y a las necesidades requeridas por la nación. Cada vez más los amigos de Uribe se descaran en su saqueo al Estado. Otros 4 años de lo mismo sería un desangre económico imposible de soportar.

El problema de la inexistente reparación a las víctimas de los paramilitares también le resta puntos a Uribe, al igual que la incapacidad del gobierno para reinsertar a los paramilitares desmovilizados. El país aceptó de mala manera darle impunidad a los jefes paramilitares a cambio de la desmovilización de sus estructuras armadas, pero el proceso tenía que estar acompañado de una real y efectiva entrega de bienes obtenidos ilícitamente, los cuales servirían para reparar a las miles de víctimas de esos grupos ilegales. Sobra decir que esto no se ha dado, y con la extraña extradición de los líderes de las AUC a Estados Unidos quizás nunca se de. El acompañamiento constante a los desmovilizados tampoco cumple las expectativas planteadas y ha hecho que miles de hombres desilusionados con la falta de oportunidades para ellos en la sociedad civil integren nuevos grupos paramilitares o ingresen a las filas de la delincuencia común o el narcotráfico.

La erradicación de la pobreza y el fortalecimiento de la educación pública tampoco han sido prioridad de un gobierno empeñado en lograr un crecimiento económico jalonado por los grandes industriales, pero sin redistribución entre los más pobres. Sergio Fajardo en su periodo como alcalde de Medellín combatió la delincuencia y en los lugares más pobres de la ciudad reemplazó la criminalidad con educación, construyendo las bibliotecas más hermosas del país. La población de estos barrios, a su vez,  las convirtió en cinematecas, salones comunales, sitios de encuentro, centros de información laboral, etc. y hasta el momento ninguna de esas bibliotecas ha sufrido ataques pues son protegidas por la misma comunidad. Gracias a que se le llevó el Estado a la gente más necesitada en forma de educación, salud,
 

empleo y reconocimiento social, los índices de violencia rebajaron considerablemente en Medellín y la percepción de la gente frente a su ciudad cambió 180 grados.
Otro triunfo notable fue lograr un proceso de reinserción exitoso con desmovilizados de los ‘paras’ a los cuales se le dio empleos dignos y acompañamiento constante, buscando así integrarlos a la sociedad en pleno. Estos logros, y muchos más, hicieron posible que a Sergio Fajardo se le reconociera como el mejor alcalde del país y uno de los mejores del mundo.
En caso de llegar a la Presidencia de la República, Sergio Fajardo mantendría el bastión central del gobierno Uribe (la Seguridad Democrática) pero se diferenciaría en el ejercicio transparente de la gestión pública, la inclusión de la población más necesitada al Estado y un desarrollo social equitativo capaz de jalonar el crecimiento del país sin generar pobreza en los sectores más humildes. Es importante recalcar que Fajardo era un ciudadano común y corriente el cual aburrido por la corrupción e ineficacia de los politiqueros tradicionales decidió lanzarse con un movimiento cívico a la lucha por el poder, y tras 4 años de campaña constante logró llegar a la Alcaldía de Medellín sin haber comprado un solo voto ni haberse aliado con nadie. Esta honestidad y capacidad de gestión libre de compromisos le permitió romper con el cáncer que invadía la administración pública de la Capital de la Montaña, aunque en la actual administración de Alonso Salazar (el sucesor de Fajardo) dos politiqueros de “alta alcurnia” como el ex alcalde Luís Pérez y el gobernador Luís Alfredo Ramos (uribistas de primera línea) están tratando de revivir el tumor usando todo el poder de su maquinaria política.

Debemos agradecerle al presidente Uribe su impresionante gestión en el tema de la seguridad, el debilitamiento de la guerrilla (con operación Jaque incluida), la desmovilización parcial de las autodefensas y el rescate de nuestras carreteras. El uribismo, sin embargo, sólo es una cantidad de amantes del poder aglutinados alrededor de la poderosa figura del presidente, y sin Uribe como cohesionador, el uribismo difícilmente podrá tener un candidato único a la Presidencia de la República. El escándalo de la parapolítica, además, debilitó a todos los políticos uribistas (con excepción de Uribe) y mostró el problema de ilegitimidad y corrupción al interior de esa coalición profana, por lo que es sano para la democracia y las finanzas colombianas erradicarla del poder. Si Uribe decide lanzarse a una segunda reelección –y gana- romperá en mil pedazos las debilitadas instituciones colombianas y se convertirá –a su pesar- en un “dictador democrático” estilo Hugo Chávez. Para que no suceda eso es necesario curarse en salud y elegir a Sergio Fajardo como el próximo presidente de Colombia.
 
 
 

Colombia necesita menos emoción y más reflexión

 

Por Eduardo Posada H
mail@eljuglardecolombia.com

Colombia es uno de los países más violentos del mundo y entre las muchísimas razones que causan esta problemática se destaca el desequilibrio existente entre nuestra emocionalidad y nuestra racionalidad.  Debemos aprender a moderar el nivel de euforia inmediatista que despiertan los partidos de fútbol o el apoyar u oponerse al presidente Uribe, pues estos arrebatos pasionales se extinguen con la misma rapidez que surgen, evitando que hagamos reflexiones profundas sobre los acontecimientos que afectan nuestro entorno cotidiano.

Por ejemplo, cuando Piedad Córdoba llegó a la Universidad Nacional de Palmira hace unos meses haciendo campaña a favor del mal llamado Acuerdo Humanitario, docenas de universitarios se abalanzaron hacia ella cual si fuera una estrella de rock y varios adeptos se atrevieron a gritar destempladamente “Piedad presidente”. Muchos de esos jóvenes fueron a escuchar a la senadora Córdoba porque es enemiga del presidente Uribe y representa la izquierda revolucionaría del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Sin embargo, no cuestionaron (al menos como ejercicio mental) los argumentos ofrecidos por Córdoba para apoyar el “Acuerdo Humanitario” y fueron  poco más que cuerpos muertos inundados por una emoción incapaz de sobreponerse a si misma para darle espacio a la introspección crítica.

Es claro que lograr el equilibrio integral cuerpo-mente-espíritu resulta difícil en una cultura que confunde agresividad e impulsividad con hombría y determinación. Además, cuando el mismo presidente escapa de morirse infartado ante los recurrentes ataques de ira cuasidivina que de tanto en tanto le dan, hablar de moderación y autocontrol es casi como arar en el desierto.

Si creyéramos en la astrología podríamos achacarle parte de nuestra extrema volatilidad a la fecha en que nacimos como nación y a nuestro signo zodiacal, Cáncer, el sensible y emocional por excelencia. Más sabemos que las causas reales de nuestra propensión a sentir mucho y pensar menos surgen de una educación familiar y académica orientada a todo menos a enseñarnos a pensar, a filosofar.

Nos instruyen en el arte de leer y escribir pero no se interesan por enseñarnos a amar el leer y el escribir. Nos meten en la cabeza datos que abarcan desde Sumeria hasta física cuántica, más el cómo descifrar con esos datos el mundo lo dejan a nuestra imaginación. Algunos logran, gracias a su curiosidad e inteligencia natural, darle un sentido a ese saber, respondiendo preguntas ancestrales y haciéndose preguntas nuevas a las que buscará soluciones en esa aventura llamada vida. Otros (la mayoría) desechan ese conocimiento o lo relegan a un segundo plano y su vida termina rigiéndose por sus estados de ánimo y pasiones. 

El que se le haga apología a esta sobredosis de pasión que padece Colombia (“Colombia es pasión”) sólo puede generarnos más violencia, ignorancia y pobreza. Necesitamos menos emoción y más reflexión, más inteligencia. Es tiempo de convertirnos en seres fríos, reflexivos y pacíficos, modificando una identidad cultural que nos ha dado en el mismo paquete felicidad y fanatismo. Si lo logramos, habremos dado el primer salto  hacia un mundo en el que nuestros hijos y nietos no tendrán que avergonzarse de ser colombianos.

 
 

¿Ingrid fue o no fue rescatada?: La imposibilidad de confiar sin dudar

 

Por Eduardo Posada H
mail@eljuglardecolombia.com

 
Parece que en Colombia el nivel de desconfianza es tan alto que ni siquiera la liberación sorprendente de Ingrid Betancourt y los otros 14 secuestrados puede ser aceptada sin sombras de duda y sospecha. Sólo fue que bajara un poco el nivel de euforia colectiva vivido en los medios de comunicación ante esta noticia mundial, para que tímidamente  se empezaran a escuchar voces suspicaces las cuales pregonan inconsistencias en el operativo “Jaque”, e importantes periódicos y emisoras radiales hicieran eco de una versión
 

publicada en Suiza según la cual el gobierno nacional, o en su defecto los Estados Unidos, habrían pagado 20 millones de dólares a las FARC por la liberación de los secuestrados. ¿Es tan difícil creer que la Inteligencia Militar Colombiana realizara eficientemente un operativo de esta magnitud? ¿Tenemos tan poca confianza en las noticias difundidas desde Casa de Nariño como para poner en duda la existencia misma del rescate? ¿O acaso consideramos que las FARC no pueden sufrir un golpe de esta magnitud y por lo tanto todo se trata de un montaje?

Una cosa es tener una sana desconfianza ante hechos que por simple lógica son imposibles de creer, por ejemplo el asesinato de J. F Kennedy a manos de un tirador solitario. Pero negar a priori la posibilidad de que nuestro ejército sea capaz de liberar a los secuestrados en una operación impecable sólo se puede justificar creyendo que las Fuerzas Militares son una institución incapaz, corrupta, displicente o todas las anteriores. ¿Y  si  contrastamos esta percepción negativa con las encuestas publicadas hace varias semanas en radio, prensa y televisión en las que nuestras Fuerzas Militares resultaron ser la institución con mayor prestigio entre los colombianos?. ¿Es una paradoja de la mal llamada opinión pública o acaso nos contradecimos a nosotros mismos?.

Sobre la teoría de los supuestos veinte millones de dólares pagados por el rescate de Ingrid Betancourt y sus compañeros secuestrados, un breve análisis lógico descarta por inviable tal posibilidad. ¿Acaso 20 millones de dólares compensa la imagen de estúpidos ganada por las FARC en este episodio, o la perpetuación del presidente Uribe en el poder gracias a este éxito militar resonante, o la captura de dos importantes mandos medios?. ¿Y la supuesta invulnerabilidad de las FARC puede seguirse esgrimiendo tras la muerte de Raúl Reyes y de Iván Ríos?.

Es cierto que en Colombia hemos sufrido de problemas de confianza respecto a las cifras manejadas por el gobierno. Nadie sabe en dónde diablos compran los alimentos los estadísticos del DANE o cómo es posible que cada vez haya más desempleados en las calles y menos en las estadísticas oficiales. Sin embargo, existen acontecimientos de orden mundial que están libres de cualquier duda gracias a su magnitud y a la cantidad y a la calidad de gente involucrada. La llegada a la Luna por parte de astronautas gringos en 1969 es uno de esos hitos. La operación "Jaque" es otro. Disfrutemos sin desconfianzas de este triunfo nacional y si el presidente y los secuestrados no le han dicho la verdad al país, tengamos fe en que una mentira de ese tamaño no puede ser escondida mucho tiempo… ni siquiera en Colombia

 

 
 

La imagen y la identidad negativa de Palmira

 

Por Eduardo Posada H
darkedipo@yahoo.es

 
 
Hace muchos años esta ciudad era la capital agrícola de Colombia y la sede de varias de las tertulias culturales más dinámicas e importantes de la región. Con el declive económico de la ciudad, producto –entre otras razones- del monocultivo intensivo de la caña, el desplazamiento de los ciudadanos japoneses de Palmira a Cali y las malas medidas administrativas que obligaron a importantes industrias a abandonar la ciudad, Palmira degeneró hasta convertirse en un pueblo tomado por el desempleo, la inseguridad, la marginalidad, la falta de civismo, la corrupción pública y la apatía generalizada. Esta falta de autoestima, de identidad palmirana, de amor por lo nuestro, se da porque los valores predominantes de la ciudad son en realidad antivalores, y la identificación con la ciudad sólo se puede hacer negativamente.

 

El asunto de la imagen-identidad colombiana siempre ha sido un dolor de cabeza para los investigadores en la materia. Nuestro país está dividido en muchas zonas culturales, cada una con sus propias costumbres, y para hablar de una identidad común a todos los colombianos muchas veces hay que recurrir a generalidades o hacer el truco facilista de los medios de comunicación y decir que Shakira, Juanes y García Márquez son Colombia. Este problema, bastante grande por si mismo, se complica cuando analizamos la historia del país y recordamos que lo único que se ha mantenido constante en Colombia ha sido la violencia, principal factor de reconocimiento –junto con la cocaína y el café - de nuestra patria en el exterior. ¿Entonces la imagen-identidad de Colombia es la violencia y el narcotráfico? Los hechos dirían que si, pero una de las características de los colombianos es la evasión de su realidad, por lo que preferimos aceptar la píldora edulcorante de los medios de comunicación y construir nuestra imagen-identidad nacional basados en la Selección Colombia de Fútbol y en los talentosos artistas que destacan el rostro hermoso de Colombia en el mundo.

Medellín y Bogotá entienden a la perfección esta necesidad de resaltar lo mejor de si mismas y se venden como capitales culturales llenas de vida, dinamismo, modernidad y belleza. Nadie puede negar que en estas metrópolis existen graves problemas sociales, más la percepción general de las personas frente a su ciudad es positiva y les permite apersonarse de bienes públicos como el Metro de Medellín o el Transmilenio. Palmira es el caso contrario. Los  valores positivos que nos daban una imagen-identidad positiva se fueron perdiendo y la percepción mayoritaria de Palmira es que es un pueblo atrasado, una olla de ratas, sicarios y ladrones de cuello blanco, un inmenso lavadero del dinero producto del narcotráfico, donde la ley no existe y los motoratones chantajean al alcalde con paralizar la ciudad si los obligan a organizarse en cooperativas.

Los cambios estructurales que Palmira necesita para salir de esta “olla” son muchos: formar tejido social, traer industrias que generen empleo, dar educación de calidad a niños, jóvenes y adultos, recuperar la confianza en la ley, concebir planes de vivienda y salud masivos, etc. Cuando estos avances en calidad de vida sean de dominio público y empiecen a modificar la percepción de Palmira que tenemos los palmiranos, podremos debatir seriamente sobre la imagen-identidad que deseamos proyectar al mundo. Mientras tanto, no podemos querer ser más de lo que somos.

 
 

El examen del Icfes: entre el miedo y la ignorancia

Por Eduardo Posada H
darkedipo@yahoo.es

 

Hace 15 años la última oportunidad que tenía de no perder el año era las pruebas del Icfes. Si sacaba más de 340 puntos el rector del colegio borraría mis vergonzosas notas en química y física y las cambiaría -junto con las notas de las otras materias- a un perfecto 10. Por ese tiempo yo todavía era católico y le pedí a San Juan Bosco y a Santo Domingo Savio que me ayudaran con el examen, cosa que sin duda alguna hicieron pues saqué 342 puntos y gané el año a pesar de las protestas airadas de la profesora de química, quien me odiaba con todas las fuerzas de su regordete corazón.

En ese tiempo el Icfes era memoria e intuición pues si se había leído los libros de texto y asistido a la mayoría de las clases, al momento de marcar alguna de las opciones de respuesta casi siempre una de ellas destacaba -como un recuerdo difuso- por encima de las otras. Dudo que a eso se le pueda

 

 

llamar conocimiento adquirido o que reflejara competencias en las materias borrosamente evocadas, más servía como capa de información superficial a ser aderezada en 5 años de dura y penosa universidad.

 

 

La pruebas del Icfes que hoy se llevan a cabo miden más eficientemente la capacidad del estudiante de manejar información práctica y comprender conceptos complejos, pero este gran avance se ve empañado por la aterradora ignorancia de los colegiales, víctimas de una reforma educativa en la que se tiró al sanitario la obligación de aprender por miedo a perder el año. Sólo una mínima porción de los estudiantes están conscientes de la importancia del colegio y dan su máximo esfuerzo; el inmenso resto aprendía lo que los profesores les obligaban a aprender. ¿Qué docente actual va a desgastarse luchando contra el sistema con los pésimos sueldos que pagan el gobierno y los colegios privados?

En el 2005 la brecha entre alumnos con mejores y peores desempeños en las pruebas del Icfes aumentó a un ritmo inesperado. En algunas materias ésta diferencia casi se duplicó.

Ese fue el caso de las áreas de matemáticas, filosofía, física y biología. Hace 2 años -por el contrario- mejoraron los desempeños de los estudiantes en las áreas de física, química y matemáticas, pero bajaron los niveles en geografía, lenguaje e historia.

El  domingo 27 de abril, 161.720 personas presentaron el examen del Icfes para ingreso a la educación superior, calendario B, en 289 sitios de aplicación, que cubren 132 municipios en todo el país. Los resultados individuales estarán disponibles el 13 de mayo del 2008, a través de la página web www.icfesinteractivo.gov.co.

 
¡¡¡Adiós al Hi5!!!

Por Eduardo Posada H
darkedipo@yahoo.es

En septiembre del año pasado varios amigos lograron hacerme sentir el tipo más atrasado del planeta cuando me preguntaron por las opciones gráficas de la plataforma Web Hi5 y yo respondí, medio alelado, que no tenía ni idea de que diablos estaban hablando. A los pocos días saqué tiempo para inscribirme en la susodicha página y descubrí con estupor que ya tenía cuenta en Hi5 aunque jamás la había abierto. Supongo que alguna vez llegó un correo a mi Hotmail el cual aprobé sin leer y terminé creando mi cuenta en Hi5 “accidentalmente”.

 

Así que actualicé los datos personales, metí fotos, contacté algunos amigos y busqué a viejos conocidos con los cuales había perdido contacto. Todo iba bien hasta que empecé a buscar amigos entre los contactos de mis amigos y entré de lleno en una competencia absurda por tener más contactos agregados que cualquier otro de mis amigos. Hoy en día tengo más de 200 personas agregadas al Hi5 de las cuales conozco a 20 y me comunico con 10.

Uno de los problemas de agregar gente indiscriminadamente al Hi5 es que se termina con uno que otro personaje indeseable en tu lista de amigos y borrarlos luego es casi imposible. El asunto toma matices desagradables cuando te das cuenta que entre esos “nuevos amigos” hay enemigos o enemigas de tus viejos amigos dispuestos a dañarles la vida a través de Internet. Un caso puntual fue el de Ximena, antigua compañera universitaria residente en Buenos Aires, quien fue acosada por Mónica -la ex novia de su novio virtual- de una manera curiosísima. Mónica intentó volverse amiga de todos los contactos que mi amiga tenía en Hi5 y “robárselos” poco a poco. ¡Y casi lo logra pues la loquita de Mónica es una chica bien divertida e interesante!. Otra situación crítica en el Hi5 es la usurpación de identidades. Pedro, profesor de un prestigioso colegio de Cali, sufrió la persecución de un estudiante rebelde que abrió una cuenta en Hi5 usurpando su nombre y desde ésta mandó mensajes pornográficos a sus compañeras de salón. Otra situación desagradable propia de este tipo de plataformas virtuales fue la que vivió Catherine, una espectacular morena de ojos verdes quien tuvo que cancelar su Hi5 por las constantes amenazas e improperios que le enviaban los secuaces de su ex novio.

 

 

Buscar celebridades en Hi5 es tiempo perdido. Sus cuentas son manejadas por los publicistas de la estrella, o peor aún, son creadas por fanáticos que compiten entre ellos para que su club de admiradores sea el más grande y popular. Esto es algo previsible, más lo que si es inaceptable son las docenas de mensajes basura que se reciben a través del Hi5. Mujeres con ojos brotados que te predican la palabra de Dios, tipos que organizan viajes turísticos “económicos y confiables”, invitaciones a conocer X o Y bar, discoteca o restaurante, etc.

Por todo lo relatado –y otros detalles que son reserva del sumario- he decidido, al igual que miles de internautas, abandonar el Hi5. Extrañaré a las adolescentes que cuelgan en su perfil fotos en ropa interior y a las chicas emos que sufren sin razón alguna y lo pregonan a todo pulmón.  ¡¡¡Paz en la tumba del Hi5 y larga vida al Facebook!

 

 
La buena calidad de vida de la pobreza colombiana
Por Eduardo Posada H
darkedipo@yahoo.es
Cuando un familiar vive en E.U y viene a Colombia a visitar a los parientes pobres, no para los primeros días de contar las maravillas del pueblo o ciudad donde vive –o malvive. Estados Unidos sobrecoge a nuestros nacionales con el tamaño desmesurado de sus centros comerciales, el sobrepeso creciente de los gringos, la falta de glamour de las mujeres americanas y la discriminación económica en los salarios latinos. Saciada la fiebre de presumir un país ajeno, surgen en

las conversaciones familiares aquellas pequeñas cosas que se extrañan de los tiempos en que se vivía pobremente en el terruño: la tienda de barrio; el caminar por la ciudad; las comidas típicas y económicas; la piratería en películas, programas de computadora y juegos de video; la calidez de la gente colombiana.

Nuestra pobreza, que obliga a las personas a comprar al menudeo y justifica la existencia de las tiendas de barrio, resulta apreciada en situaciones cotidianas de la vida norteamericana en las que toca comprar al por mayor pues resulta poco práctico y costoso comprar al detal. Por ejemplo, un paquete de cuchillas para afeitar puede costar –si las encuentras- 10 dólares, mientras que las 1000 siempre están en oferta en Wal-Mart a un precio bastante razonable. No hay manera de evitar el consumo en masa y con el tiempo termina uno considerándolo normal.

Esa misma pobreza del colombiano promedio hace que muchos nos desplacemos a pie o en transporte urbano y conozcamos a profundidad nuestras ciudades. Caminar es un placer que no está al alcance de los gringos, pues su país está diseñado para ser recorrido exclusivamente en automóvil. Grandes tramos de carretera carecen de andenes, como si los peatones no tuvieran derecho a existir. Londres (una verdadera metrópolis postmoderna) tiene un impuesto con el que se penaliza a los carros que circulan en el centro de la ciudad. Esta restricción no es un problema ya que el sistema de trasporte urbano de la capital británica es excelente y todo el mundo, rico o pobre,  camina, monta en el metro y usa los lindos buses rojos de dos pisos. ¿Acaso son tan terribles los días sin carro en Bogotá o las ciclorutas?. ¿Por qué queremos dejar de caminar nuestras ciudades?.

La piratería en Colombia existe de manera casi omnímoda y lo raro es encontrar una película original o un programa de computador licenciado con todas las de la ley. Esta ausencia de un Estado regulador permite conseguir todo lo habido y por haber, directamente copiado del original, y  a precios asequibles a todo público. La piratería nos integra a un mundo globalizado en el que somos considerados ciudadanos de segundo nivel a pesar de compartir la misma cultura mediática del país dominante.

Nuestra venganza contra la arrogancia con que Estados Unidos trata a los colombianos que sólo pueden disfrutar el Sueño Americano al volver a la patria, es el tener a nuestra curiosa manera una calidad de vida compleja. La buena calidad de vida de la pobreza colombiana.

 

 
 

El dolor de tener un familiar secuestrado por las FARC

Por Eduardo Posada H
darkedipo@yahoo.es

El secuestro es uno de los peores crímenes perpetrados ya que se comete no sólo contra el secuestrado, sino también contra su familia y amigos. Difícilmente puede imaginarse algo peor que la incertidumbre de ignorar si el ser amado está vivo o muerto, o la angustia de esperar que los terroristas de las FARC pidan un rescate imposible de pagar, o hagan llegar pruebas de supervivencia mostrando las condiciones inhumanas del cautiverio.

No se puede calcular el dolor de una madre a la que se le pide autorizar un operativo militar incapaz de garantizar la vida de su hijo, ni la desesperanza de quien considera esta opción como la única a su alcance. Además, a medida que pasan los meses, la vulnerabilidad en que caen los familiares, aferrados desesperadamente a cualquier

ilusión, los puede hacer víctimas de personas o agrupaciones inescrupulosas que buscan favorecer intereses políticos oscuros o robarles dinero.

Los medios de comunicación en las últimas semanas han hecho un gran despliegue noticioso con la liberación de Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo, quien trajo cartas y fotos de 8 de los secuestrados por la guerrilla. La alegría de todos estos eventos no debe hacernos olvidar que las FARC sigue manteniendo cientos de secuestrados en las selvas de Colombia y manipula las emociones de los colombianos para que apoyemos el mal llamado “Acuerdo Humanitario”.

El Juglar de Colombia une su voz al clamor nacional que exige la liberación inmediata y unilateral de todos los secuestrados y ruega por una salida concertada al conflicto armado colombiano. 

 
 
 

El problema de los mototaxistas en Palmira

 

Los mototaxistas, también conocidos como motoratones, se han tomado la ciudad de Palmira y el gobierno municipal no se atreve a regularlos porque les tiene miedo y además los necesita como carne de cañón para sus propios intereses politiqueros. En la pasada campaña para la alcaldía de Palmira el entonces candidato Miguel Motoa Kuri al ser cuestionado sobre el problema de los motoratones evadió la respuesta contestando una perla digna de libro de ciencia ficción: “voy a construir vías perimetrales para despejar la ciudad y una central tecnológica desde la cual podamos vigilarlos vía satélite”. Raúl Alfredo Arboleda Márquez, el actual alcalde electo de Palmira, a la misma pregunta respondió con una paradoja. “no los vamos a legalizar, los vamos a organizar”.

Existen 19.000 motos matriculadas en Palmira; se cree que 6000 o 7000 son utilizadas para mototaxismo. Las leyes nacionales no permiten la legalización de los motoratones pero la realidad desborda a la ley convirtiendo esta modalidad de subempleo en la principal fuente de ingresos de miles de familias palmiranas. La situación de pobreza endémica y falta de empleos dignos que sufre la ciudad hace imposible acabar con los mototaxistas. Lo que si es posible es que este gremio concilie con las autoridades municipales unas mínimas normas de control que hagan menos peligroso, para el usuario y para el mismo motoratón, su relación diaria.

Hay que instruirlos pedagógicamente para que en la guerra por hacer el mayor número de pasajeras los motoratones no se vuelen los semáforos, provocando accidentes mortales. Cuando ignoren la norma serán sancionados con severidad. Se debe permitir que la policía investigue antecedentes penales y restrinja a personas sospechosas de ser miembros de grupos delictivos. No se permitirá que una persona tenga varias motos y las alquile por una cuota diaria, enriqueciéndose con la miseria y el subempleo de los demás. Tampoco se tolerará que vengan mototaxistas de otros pueblos o ciudades y aumenten el número de vehículos en la ciudad. Además, las “terminales de mototaxistas” en esquinas de alta circulación vial deben reducirse al mínimo para así no estancar la movilidad vehicular de Palmira.

Sin embargo, el beneficio que traerán estas medidas será insuficiente frente al principal problema que genera el fenómeno del mototaxismo: el estancamiento económico de la ciudad. Los motoratones no pagan impuestos, ni tienen que pagar una cuota económica a una empresa transportadora. Por lo tanto el dinero que ellos mueven, en vez de beneficiar a muchas personas y activar una vasta cadena económica informal, se queda en manos de unos pocos que lo gastan en sus necesidades básicas. Esto es, nada más, ni nada menos, que la perpetuación disfrazada de la pobreza.

 
 
 

Palmira violenta y salvaje

Por Miguel Caro
escribirnomuerde@hotmail.com

No han sido suficientes todos los informes presentados en los diferentes medios de comunicación sobre los indicadores que muestran a Palmira como una de las ciudades más violentas e inseguras de Colombia, junto a Cali y a Buenaventura.

El baño de sangre sigue ocurriendo en sus calles y lo que es peor, ya se han aceptado socialmente prácticas como el linchamiento, como respuesta válida de la ciudadanía frente a la inoperancia de las autoridades.

 

 

Se ha vuelto frecuente que la policía llegue a salvarles la vida a los delincuentes, cuando son sorprendidos por los moradores de algún barrio cometiendo alguno de los delitos que se convirtieron en parte de la cotidianidad en un municipio que debería ser el mejor del Valle del Cauca.

En algunos negocios del centro de Palmira sus propietarios atienden con armas de fuego al cinto y en general cada quien se está armando con lo que pueda para reaccionar cuando le toque el turno.

Todo lo anterior ocurre frente a una administración municipal incapaz de hacer nada, por que la ineptitud de unos funcionarios nombrados por padrinazgos políticos y componendas, acabó con este pueblo. ¿En Palmira hay alcalde, hay secretario de gobierno? Lo único que hacen es propiciar un tapen tapen perverso para que las estadísticas no sean más alarmantes.

La clase dirigente corrupta e inepta de Palmira, que cuenta con la indolencia y la ignorancia de la masa para seguir reinando y engañando a más de trescientos mil habitantes,  es la gran responsable de este desastre y muy seguramente volverán a ser elegidos los crápulas que han causado esta tragedia por que como dice la gente del común: “en Palmirita las cosas son así y nadie las va a cambiar”

Si la gente de Palmira no cambia de actitud, reacciona y aprovecha los próximos comicios para elegir buenos gobernantes, capaces de afrontar la situación con responsabilidad, rodeándose de gente honesta y capaz de darle a este municipio el destacado lugar que se merece, prácticas como el linchamiento se harán más frecuentes y el rotulo de pueblo violento y salvaje, ahuyentará a los inversionistas y empresas que planean desarrollar proyectos, por que la estigmatización es algo que genera perdidas a todo nivel y sobre todo genera desconfianza, más pobreza y más violencia.