Recuerdos de amores pasados
Por Eduardo Posada H
phamtom2040@gmail.com
 
 
Catalina
 
En dos ocasiones me he enamorado de ti. La primera fue una noche de ánime en la Casa de la Cultura, cuando me explicaste utilizando tu bluejean, a la altura del muslo izquierdo, la ubicación aproximada de la casa donde residías en Bogotá. En esa ocasión, no recuerdo por qué, uno de los dos tenía agua en las manos y con ella "inundamos" la capital del país, cosa que te hizo sonreír muchísimo, seguramente por las payasadas mías. La segunda fue en octubre del año pasado, cuando un lunes festivo aparecí en tu casa para cuadrar una charla de cómics con Carlos y, con el mayor desparpajo, terminé interpretando las líneas de tu mano, tu letra, el calor de tu cuerpo y la tristeza de tu corazón. Esa noche mi único deseo era abrazarte hasta que la inanición consumiera nuestras vidas, acariciarte desde los pies hasta tu cabello largo y negro, hacerte reír y espantar la desgracia. Tu respiración agitada me enloquecía cual si fueras un animal mitológico que estuviera agonizando en mis brazos.
 
Nuestro universo, Amanda
 

Existe un universo donde ininterrumpidamente seguimos siendo amigos. Un mundo diferente pero similar a muchos otros en los que jamás nos conocimos o tu camiseta rosada es color verde limón. Una tierra en la que un tuk-tuk nos lleva al Gran Palacio Real de Bangkok para admirar al Buda de la esmeralda arrellanado en su pedestal de oro. Elefantes domésticos, mujeres de rasgos tiernos e infantiles, criaderos de mariposas y canales de agua aparecen y desaparecen. El amor físico coincide con el amor del alma y un suave susurro preludia al sueño.
 
En la mañana todo este mundo despertará condenado a morir:

 

El cometa del fin del mundo

 

La noche en que se confirmó la inminente colisión del cometa H con la tierra el más anciano monje budista del Tibet salió del templo para meditar por 40 días y 40 noches en las nieves perpetuas. 33 días después H impactó el planeta con la fuerza de miles de bombas atómicas y la vida fue arrasada de la faz de la tierra. El día 34 la oscuridad se disipó del planeta y la superficie  volvió a recibir el calor del sol. El día 35 los océanos se llenaron de agua y los continentes se reagruparon por encima del mar. El día 36 nubes de todos los tamaños resplandecieron en un nítido cielo azul. El día 37 la vegetación y los árboles se levantaron de la tierra húmeda fertilizada. El día 38 los guepardos volvieron a cazar gacelas en el Serengueti. El día 39 el "Sunday Telegraph" de Londres publicó fotos en topless de la princesa de Gales. El día 40 el más anciano monje budista del Tibet dió por terminada su meditación. En la noche, antes de dormir, se acomodó en un mullido sillón a disfrutar el "Sunday Telegraph".

 

Anoche soñé contigo, Alejandra

 

Anoche soñé contigo. Vivías en la casa de puerta blanca al lado de la mía y era de madrugada. Había olvidado tu cumpleaños y deseaba disculparme contigo. Esperé hasta que salieras a la universidad y te di un fuerte abrazo...  que tu correspondiste. Al despertar tenía la sensación cálida de ese abrazo y la certeza de que era una total mentira, una ilusión.

Feliz cumpleaños, Alejandra.

 

Autobiografía

 

Yo tengo un acento extraño, casi como de extranjero, por culpa de un problema de pronunciación con la letra r. Cuando escribo a mano mis dedos no agarran el lapicero de la forma tradicional, lo que llama la atención de quien me está observando. Camino sacando el pie izquierdo hacia fuera, no hacia el frente –y el derecho a veces hace lo mismo- por lo que a cientos de metros soy identificado. Uso en demasía camisas con camiseta blanca debajo; muchas de esas camisas son de leñador. Me sonrojo fácilmente. Hablo en voz alta. En presencia de extraños me pongo nervioso o muy conversador, dependiendo de la percepción inmediata que me haga de ellos. Siempre trato de ser amable y educado. Uso expresiones y ademanes infantiles sin pudor alguno. Jamás dejo de mirar a una mujer bonita, a menos que esté acompañado de una mujer bonita. Mis referencias culturales son televisivas, cinematográficas o literarias. No sé casi nada de música. Escribo cuentos cortos, algunos buenos, otros no tanto. Me gusta enviar notas personales por correo electrónico. Vivo con mi mamá y no me parezco a Norman Bates, el protagonista de “Psicosis”. Tengo un miedo irracional a los cambios personales pero soy partidario de las grandes transformaciones paradigmáticas. Creo en la ciencia, la tecnología y el budismo. Me encanta el Arte y la Belleza. Deseo alguna forma personal de inmortalidad. Tengo un cuaderno de anotaciones varias que llevo a todas partes. Demoro entre 25 y 30 minutos cepillándome los dientes.

 

Paula

 

”Nuestra primera tarde como pareja, abrazados bajo la lluvia y refugiándonos en un salón del edificio de ingenierías; la noche en que el calor humano suprimió tu tristeza y mis manos, al ritmo de los grillos, conocieron tus senos; tu sorpresa al encontrarme en la puerta de tu casa, sonriendo, bañado en sudor, mandándote papelitos raros con la inquilina; tu viejo pijama transparente con el que salías hasta la esquina a despedirme; la infame noche de nuestro primer acercamiento sexual; las tardes de camaradería con los amigotes en cafetería de economía; conversar enamorados en el andén de mi casa; tus vestidos largos de religiosa puritana; el día en que te envenené con la carga emocional de nuestro fracaso; las sesiones telefónicas nocturnas pagadas por la universidad; los viajes charlados en colectivo, con pelea incluida en la bajada; dormir en tu cama, sin ti”.

 
 

Nuevos poemas de Mauricio Cappelli

 

capelly@hotmail.com

 

 

 

 

CÓMO DECIR SUEÑO

si tu nombre teje mi vigilia.

Cómo decir ausencia
si tu piel, en olas,
ruge debajo de la mía.

Cómo decir soledad
si el vaso que tocaste
todavía está conmigo.

Y cómo decir tristeza
si la alegría de esa nube, ¿tu caricia?
pasa preguntando
por mi mejilla azul
en la ventana.

 

 

En el suburbio de mi alma

La quiero
y la detesto

amo por igual a sus putas
y a sus asesinos

la abandono como a un muerto
y la imagino distinta

soy un niño feliz
que salta en el parque de su cara
y otro que vomita
en su vientre de miseria

dispongo con sadismo de su cuerpo
en estado de coma,
pero es ella quien aprieta mi mano
cuando digo cada noche
mi última palabra

es la ciudad

esta cueva de verdades y miedos
que también soy y no he sido

este tumulto de pesadillas
donde sueño siempre despertar.

 

Herederas de la noche

Y sube la mañana
doblándose como una hoja
bajo el duro sol que las señala:

Una niña apuñalada en el hombro
pasa ofreciendo chiclets
y se sienta en el pupitre de sus sueños
a atender las lecciones de la vida, ahí
en la escuelita del andén

Otra se desnuda de la noche
y exhuma,
     uno por uno,
los cuerpos que fueron suyos
y con las reservas que le deja el asco
se bebe un tinto, tan agrio como
su infancia,
mientras con sopor
escurren renovados odios su vagina

Ambas esconden
un billetico de mil
entre los senos.

 

Mitología urbana

i

En las calles de la infancia
viajaba en el viento su tilín tilín
como un dulce bando de alegrías

Guardaba en su vientre el frío de los polos
y en el alma todos los sabores de las frutas

Tan perfecto

Era el henolaido azul de bata blanca:
mitad hombre mitad carrito de helados.

ii

Al vuelo en la colina
se impulsaba con el motor de su corazón
y se deslizaba riendo
en el jubiloso vértigo de sus sueños F1
de madera

Toda la tarde,
una y otra vez

Era el bicéfalo sol de la calle alta:
dos niños bullosos con pies de balinera.

iii

Animal de las sombras
con manos de metal

Tronco full de rencores
y extremidad inferior
DT o Kawasaki 125

Vuela en las calles,
busca y espera
y cuando encuentra canta
y traque traque

El sicario:
mitad asesino mitad muerto.

iv

Sale poco

Las alas las guarda en el bolsillo
y la soledad es su secretaria

Tiende a dolerle todo lo que mira
y se enamora de la más imposible,
siempre

Vuela en cielos de papel
y le ladra a los autos

Calza tenis
y mira llorar a las ventanas

El poeta:
tres partes iguales
de inútil, loco y pájaro.

v

Hiede de miseria
en las orillas de las calles

Cobija sus sueños de polvo
con noticias de ayer bajo el puente
y en las noches se convierte en sombra
o en gemido de perro

La sociedad lo expulsó del paraíso
y ahora exhibe su dolor como una virtud
pero a nadie le duele tanto su suerte
como para preguntarle su nombre
o por qué dejó su tierra

También llora y tiene sueños

Es el amorfo reflejo gris de nuestra alma
el mendigo:
mitad humano mitad olvido.

 

Elegía

i

Imagínala en una oscura
e inmensahabitación de madera,
imagínala.
Y yo recuerdo a esa noche,
a esa tétrica noche
avanzar en su cuerpo,
sigilosa como un asesino.
Y recuerdo como en el río lento de los siglos
ella se fue hinchando de ciudades,
hasta lo febril, agonizante.
Y recuerdo como su mano de mi mano
            se fue soltando,
exhalando sus últimos pájaros al crepúsculo,
tornando entre llanto de nubes y lunas,
entre culpas y silencios
a su nombre.

 ii

Qué postreros pájaros pronunció al horizonte.
Qué razones del mar, del crepúsculo
            legó al impávido universo.
Ahora que vuelan en su rostro mariposas de ceniza
y se reúnen ya, presurosas, las moscas en su vientre,
y el vaho del incienso asciende, corrupto,
un segundo después de estallar como un relámpago
            el alarido de la luna:
¡Has muerto!, madre, ¡has muerto!
Y me pregunto, Venus, Marte,

¿en qué lenguaje llorarán al mundo?

 

MUÉRDEME LOS SUEÑOS ESTA NOCHE,
muérdeme.

Despacio,
como las olas tercas que lamen los pasos de los hombres.

Para el olvido, para la vida
muérdeme.

Muérdeme la piel como una manzana
y mancha tu boca de rojo sangre
que es tu líquida ausencia.

Muérdeme

Para la vida o para el amor,
Muérdeme.

Que tengo hambriento el corazón.

 

El camino de la salamandra

Y lenta escala el mapa de su vientre
donde baila el viento con pasos de polvo
        y hojas secas.

En su pecho un Cristo, un odio, aún frescos,
la sien rota
y marchitadas de pólvora las esperanzas de
            su tiempo.

-Era elúltimo
y tenía los dos sexos-

Y sobre él,
como un cadáver que nadie reclama,
tan sólo la noche enorme como un manto.

Y de nuevo la vida, 
los siglos rumorosos barajando sus cartas
para que Ella se abra paso con pies de agua
            entre los huesos,
                        con brazos de selva entre las máquinas.

Y de nuevo la fiesta del mar y del alba.
La alquimia de la sangre y de la tierra
            en su hervor curioso que sueña y se levanta.

Y en esa danza, absorta
               la salamandra,
mirando las altas ramas
del tronco.

 

Altamira

Cada mundo que no somos
contará su historia.

Las aves, por ejemplo, rayarán el aire
con sus alas de arco iris
y formarán cielos de Altamira
que hablarán de nuestras cacerías
y de cómo nuestros odios nos cubrieron.

Quizás en ellas se cuente
que muchos sentimos vergüenza,
que supimos pedir perdón con algún verso
y que vivimos con la dignidad suficiente
para soñar la criatura que no fuimos.

Esas historias   Altamira de los tiempos
contarán a otros que esos ojos tristes
son estos mismos ojos tristes
y que mi sangre es el mismo rojo de la herida
de la humanidad que se desangra ahí,
                               dibujada en el aire.

 

El condenado

No en el cadáver de la pregunta
ni en el tibio hueso de la lágrima.

No en la fugacidad del relámpago
ni en el tierno amparo de la noche.

No en el amarillo ideal de la tarde
ni en la inútil hoguera de la esperanza.

Tampoco en la llanura de los silencios
ni en la palpitante entraña de la nube.

Mucho menos en la frágil siesta del rocío
ni en la inmutable esfinge de los segundos.

Como un sentimiento sin nombre
deambulo condenado por todas las metáforas,
siniestro con mis pasos de niebla,
asido a una brújula de hielo,
acechando con poesía a quien alzó mi carne a la luz,
con el afilado verso de su sonrisa.

 

Una noche tuyo

Linda la noche.
Adiós sostén de nubes
y tangas de crepúsculo.

Tengo ganas, dijiste,
y tu ropa se quedó flotando en el aire.

Luego hebilla rota y pájaro en mano.

Suaves tus dedos en mi glande
que crecía con su cuerpo
bajo el apetito de tu mirada.

En la calle humanidad hervida
y vida barata.

Aquí en el cielo,  
en tu boca,
la gloria.

Fui feliz,
Luna,
al verte arrodillada.

 

La ciudad, ese cuerpo de tu ausencia

Vengo a caminar tu nombre
de nuevo, mil veces otra vez,
buscando el habitante que soy
en el laberinto de tu recuerdo.

Retrocedo por las paredes húmedas
de tus muslos, de tus huesos,
y veo a tres ciegos andando de trencito
buscando la luz que son ellos mismos.

Hago silencio ante tus ojos.
Ese par de putas que se muestran
en las esquinas de mi memoria
donde comparto el vientre de una perra,
huesuda y buena madre,
con otros siete hermanitos
grises como yo.

Todo lo que soy me lo merezco.
Un hombre feliz de corazón vagabundo,
un vendedor ambulante de tu ausencia.
Esa sombra que me persigue, que venero,
antes de entrar a lamer
las paredes de caramelo bajo los puentes.

Puentes que son mi casa
de donde amanezco redimido y puro,
menstruado de tu cuerpo,
bajo tu telaraña de sueños urbanos y asesinos.

 
 
 

Cartas de amor a Paula (q.e.p.d): Fragmentos

 

04 de octubre

 
Hola Paula!!!
 

Aún no he perdido la costumbre de escribirte al e-mail, incluso ahora tiene un toque interesante y es el desconocer cuándo leerás el mensaje (o si lo leerás!!!) y esa situación convierte este mensaje en palabras en tratamiento criogénico, cuya única forma de volver a vivir es en el contacto con tu mirada, con esa luz en los ojos que me alegra tanto ver.
Estoy hecho un mar de preocupaciones por ti, si no te veo me duele el corazón, si nos encontramos y la pasamos peleando me dejas insomne, y si

 

la ansiedad de verte es muy grande y todo sale bien y deseas quererme un poco más, al rato estoy con un humor subido de tono y por la noche el estómago me hace ruiditos extraños. Es agradable quererte por que todas esas bobadas que me dan son como heridas de combate y al paso que voy pronto me darán el corazón púrpura y si no me cuido, la cruz de honor póstuma. Y es que como dice nuestra canción –parece increíble que tengamos una canción- ‘sólo pienso en ti’.

 

¿Sabes que antes era más sencillo escribirte? Ahora sufro un deseo de perfección inhumano cada vez que te escribo un mensaje o una notica y siento como si estuviera pariendo esta carta que acaba de llegar a tus manos. No hago más que escribir una frase o un párrafo y borrarlo, pujo para que esta vez el niño nazca, pero falsa alarma, y vuelvo a borrar otro párrafo. ¡Qué difícil es escribir cuando se desean utilizar las palabras precisas, las intencionalidades perfectas! ¡Qué complicado es escribirte cuando el lenguaje que utilizo es el mismo que otros antes han utilizado y con el cual tantas veces te han dedicado frases hermosas que luego rompen tu corazón!
 
 

01 de noviembre

 

Hola Paula!!!

 

Me has hecho mucha falta el día de hoy. Vine a la universidad exclusivamente a verte y no te encontré. He recorrido la cafetería de la Facultad docenas de veces, buscándote como si estuvieras en una dimensión paralela que solo en ciertas horas y bajo cierta contorsión de los ojos se revela ante mí. Le he preguntado a varias de tus amigas por ti, le he preguntado con mi mirada a todos los que me observan si saben de ti, pero todo ha sido infructuoso.

Si me vieras... soy en estos momentos un triste espectáculo, echando suspiros a diestra y siniestra, cabizbajo y solitario…  ni siquiera los gatos callejeros se me acercan. ¡Me haces mucha falta, todo el día me has hecho falta! Ahora que no estás compruebo que posees una parte de mi, ni siquiera se cómo estoy escribiendo este mensaje con la cantidad de suspiros y ¡ays! que me interrumpen. Hoy estoy haciendo el ejercicio de voluntad más fuerte que recuerde haber hecho: poder seguir con mis cosas aún con tu ausencia, asignarle de nuevo a las cosas cotidianas de mi vida –a la oficina, a las lecturas pendientes- una importancia que perdieron ante ti… pero es casi imposible.

 

23 de noviembre

   
     
Hola Paula!!!    
     

“Amar y ser amado es como recibir la luz de dos soles”
                                                            Dr. David Viscott

A veces me dan unas ganas irresistibles de escribir en la ducha y deseo existiera papel a prueba de agua para en ese momento de inspiración plasmar todo sin tener que esperar a secarme, vestirme y desayunar. Como todavía ese papel está fuera de mi alcance, guardé la inspiración para llevarla a la mesa anteponiéndola al desayuno. Espero que te aproveche tanto como a mí esta sopa de letras, inusual como primera comida del día.

Anoche, en una revelación digna de un capítulo bíblico, logré vivenciar desde tu posición lo absurdo de mis problemas de incomunicación causados por el miedo al rechazo. Usando tu analogía, por unos minutos me inyecté una parte de tu alma contagiando la mía de una sensación tal

 

que solo atiné a entenderla con aquella inteligencia no residente en el cerebro, aquella a la cuál algunos llaman sabiduría y que se aprende al vivir y amar, jamás en un libro o en un programa de televisión. En ese momento entendí porqué te molestan mis disculpas y cómo eso refleja indirectamente una de tus mejores virtudes. “Si supiéramos comprender, no haría falta perdonar” –Ignacio Larrañaga. Gracias por ser así.

Esta mañana soñé contigo, pero fue un poco diferente ese sueño a lo que pensaba anoche al estar tu tan hermosa y yo tan rendido a tus pies. Protagonizaste conmigo toda una película de acción capaz de matar de la envidia al mismísimo James Bond. Corrías por un pueblo lleno de casas con puertas de madera, y yo con un arma grandísima te cubría a ti y a alguien más –no recuerdo quién- del fuego enemigo. De repente te me volaste y las balas rebotaban a nuestro alrededor –porque salí detrás de ti, por supuesto- y las cosas empezaron a parecerse a un juego de playstation con un efecto de estrobo, cámara lenta, alejamiento y … allí desperté al escuchar a mi madre preparar el jugo de naranja.

Ayer olvidé algo que quizás hubiera evitado tanto enredo. Parte de mi actitud con respecto a la desnudez del alma surge de que mis padres son incapaces de no herirme al percibirme vulnerable. Eso duele muchísimo y crea esas barreras que todos los días rompo para estar contigo, porque tu no sólo me liberas al amor sino que me liberas de lo peor de mi mismo… perdón, yo lo hago, pero sólo porque estás allí para mi y te amo por eso.
 
 
 

Crónicas de Ciudad: El barrio Chiminangos de Cali

 
 

Ver lo que se tiene frente a los
ojos exige un esfuerzo constante
George Orwell

 

Es un barrio de estrato medio-bajo. Los 120 bloques que lo componen parecen iguales, presentan los mismos colores. Lleno de pasajes y angostas callejuelas, fácil es perderse en ellos. La manera más usada para entrar o salir es la autopista sur. Rutas como Alameda 4, Blanco y negro 6 o Verde San Fernando 3 conectan el entro y el sur con este sector de Cali.
Dentro del conjunto residencial sorprende al recién llegado la visión de montones de ropa secándose en las ventanas. Parece un campamento de refugiados. A los residentes no les interesa, es una consecuencia de la maximización de los espacios.
Los apartamentos miden entre 8 y 9 metros cuadrados. Con escasas excepciones poseen dos piezas, un baño, sala comedor y cocina. El balcón es un espacio extra para salir a respirar.

 
 

Días Ordinarios

 

A las 6 de la mañana los padres salen presurosos a trabajar; los niños, algo lagañudos, a la escuela; los jóvenes al colegio o a la universidad. Los bloques se desocupan, minuto tras minuto alguien sale. 8 a.m., el barrio es un pequeño pueblo fantasma.
Tiendas y graneros abiertos. Las noticias en la radio. Hombres viejos sentados en sus huesos conversan con el ánimo de un oso perezoso. Caras arrugadas, secas, exentas de color. Bocas grotescas como guanábanas podridas. Profundidad psicológica de cartilla para interpretar sueños. Nivel escolar básico. Ronquidos. En las calles, silencio.
Mediodía. Regresan los muchachos. El sonido mudo del aire es reemplazado por gritos, televisores encendidos. Las tiendas llenas. “Gaseosa, jamón y pan… por favor”. Fiambre perfecto para antes del almuerzo. El calor aumenta; puertas, ventanas, corazones, permanecen abiertos. La brisa fluye, refresca. Bochorno. Sueño. Siesta. 4 p.m. Jóvenes en los pasajes, en patines, galladas. ¡¡¡Ruuuún!!! un negrito con bicicleta cinco cambios; muchachos patinando detrás de el. Niñas estrenando su primer brasier, niños concentrados en los botones que pronto serán pechos. Gente adulta viéndolos jugar, ignorando a los otros, los menos, la fauna salvaje. Ellos en un poste disparan piropos vulgares a las adolescentes, asustan con su lenguaje a extraños, inhalan marihuana. “Uy hermano miren las botas de ese man”, el hombre aludido apresura el paso. “Adiós mamita, si no chupa dedo yo le enseño”. Unos patines chirrían. La tarde oscurece, pronto el sol caerá.
7 p,m. en adelante. Con visibles gestos de hambre y fatiga los adultos llegan de sus trabajos. Ropa arrugada por el bus o las horas sentado en la oficina, cabello sucio por la polución y el constante ajetreo; se acomoda en la mesa tras cocinar la cena, prende el televisor, exhala e inhala durante la novela recuperando su ritmo normal de respiración. Para los niños pequeños es hora de acostarse, los adolescentes esperan un poco más, coquetean con el placer de la noche. Cierra con llave el portón de seguridad del bloque. Quien haya quedado afuera y no tenga llave…
Loa marihuaneros deambulan entre los bloques como la llorona en los montes. Dos policías en moto vigilan a lo lejos.

 

Sábado rojo

 

4 y 30 a.m. Disparos, gritos. Cinco tiros. La policía lucha con un herido de bala. Lo suben a la camioneta en un reguero de sangre. Dos motos cierran el desfile. Silencio sepulcral. Sueño. Pesadillas.
8 a.m. La ropa mojada no cabe en la ventana. Gotean en la calle a personas que no les interesa si llueve o es agua de una pantimedia. Van a mercar a la galería. Los niños en casa observan muñequitos. Siesta.
Señoritas más maquilladas que de costumbre. Chicos con su mejor pinta bañados en perfume barato. Cortejo en las cales populares.
Quienes no salen buscan algo interesante en la parabólica comunitaria. Bandeirantes y Cinepunto en portugués, Global y Panamericana del Perú.
Media tarde. Algunos tienen sexo aprovechando la ausencia de sus padres, otros ven películas en el canal comunitario. Se anuncia en la pantalla por décimo sexta vez los precios de los cursos para ancianitas, publicidad interna del barrio.
Oscurece. Los adultos regresan de visitar a padres o amigos. Las parejas de mediana edad y adolescentes salieron a rumbear. La ropa se ha secado en la ventana.

Después de las 11 p.m. los portones se cierran. Bares y tiendas siguen abiertos. Para el borracho la noche apenas empieza. Una gran fiesta se escucha a lo lejos. Extraviado en el tiempo brinda por muertos y vivos sin distinguir los unos de los otros. Un par de madres apagan las luces de sus apartamentos. No amanecerán esperando a los hijos.

 

Domingo gris

 

Pelo blanco, sudaderas azules. Las ancianas del grupo de ejercicios practican calistenia. A su alrededor algunos chicos sudan el alcohol del día anterior, entrenan fútbol. La cancha es un molidero color tierra. Caerse en ella es donarle sangre a la madre naturaleza. Los equipos de sonido inician su estruendo, en cada bloque existe mínimo un bulloso. Un clásico del Grupo Niche soporta la embatida: “estoy pensando en amarte una vez más pero mi corazón dice que no, dice que no”. El día se desarrolla en la pereza del domingo. Encerrados en su habitación la gente lee, duerme, hace el amor, ve televisión. Sobre las moles de cemento y hierro llueve sin ganas. Es la pequeña ciudad fantasma.

 
 

Máscaras

Por Ronald Valencia
greencore@hotmail.com
 
 

¿Que máscara tienes puesta hoy?, ayúdame por favor a diferenciarlas. ¡¡¡Maldita sea, es que son tantas!!! ¿Acaso traes puesta la máscara de felicidad o la de tristeza, la del interés o la de la traición? ¿Con qué máscara me engañarás? La verdad nunca se sabe.
Mientras elijes la máscara que usarás hoy, yo estaré preparándome para adivinar cual será tu actuación del día. Por que aunque no lo creas, se necesita más que esta vida para conocerte.

 

Súplicas al cielo

 
Por Ronald Valencia
greencore@hotmail.com
 

¿Qué pasa cielo?, ¿por qué lloras tanto? ¿Acaso te hemos herido? Por favor para de llorar que mis pecados han sido borrados con tus fuertes y continuas lágrimas. Estás destruyendo al hombre con tu llanto. Estás destruyendo a los pobres con tus malas lágrimas. Por favor detén esta destrucción y perdona nuestra existencia. ¿Por qué debemos nosotros los pobres pagar por lo que el hombre blanco destruye? Hombre blanco de mente conquistadora y cuerpo enfermo, por tus malas acciones nuestra madre sufre y llora. Codicia, traición, destrucción, trajeron los conquistadores a nuestra sagrada tierra, que no conocía hasta su descubrimiento la muerte de inocentes. Robaron al sol sus doradas lágrimas, nos arrebataron sus sagradas gotas de amor. Aceptamos nuestra culpa, aceptamos que nos dejamos contagiar de la enfermedad de los conquistadores.

 

Escúchanos y para de llorar.

 
 
 
La promesa
Por Eduardo Posada H
darkedipo@yahoo.es
 
 
Su largo cabello negro huele a manzanas. Sus ojos refulgen como fogata a media noche. Sus cejas son como tizones de carbón. Sus labios voluptuosos como cáliz de planta carnívora. Tiene en su piel el color cálido de los habanos cubanos y su cuerpo es flexible como el bambú, fuerte como el hierro forjado, acogedor como una isla griega. En la tibia habitación del motel, después de poseerme, hizo una promesa: “te amaré hasta tu muerte” y sonriendo corrió la cortina que cubría la ventana dejando entrar a plenitud la luz del sol. Yo era una mujer vampiro.
 
La búsqueda
 
Estoy buscando el hombre que siembre su semilla en mi vientre. Dos poderosos héroes se disputan ese honor. Con la complicidad de la noche entro sigilosa a las tiendas de batalla donde duermen y los mato apuñalándoles el rostro. Los mejores guerreros del reino se unen para darme cacería. Sólo aquel que entierre sus flechas en mi corazón podrá poseer mi cuerpo. Una mujer inmortal nacerá de mí. Su piel será blanca y sus cabellos negros. De noche le enseñaré las artes ocultas y de día aprenderemos a hacernos el amor.
 
 La ceremonia
 
El hombre introduce algunas monedas y el vidrio de la pequeña cabina se transparenta permitiéndole ver una mujer que baila frenéticamente mientras su piel se desprende del cuerpo y cae al suelo haciéndose polvo. Los músculos pierden flexibilidad y revientan como cauchos viejos. El corazón baja cual globo desinflado junto a los demás órganos internos y los huesos se deshacen en el aire igual que el rocío al soplar el viento. Cuando sólo queda el alma desnuda, límpida, irreductible, la mujer da fin a la purificación de la carne y comienza la adoración del espíritu. El hombre introduce más monedas y se queda hasta terminar la ceremonia
 
 
 

Crónicas de ciudad capital

Por Eduardo Posada H
darkedipo@yahoo.es

 

1.

Forcejeo. Las miradas se enfrentan, odio y miedo arden en sus pupilas. Gritos. “Suéltala o te mato”, “hijueputa ladrón”. Jadeos entrecortados por las gotas de sudor que ruedan hasta las bocas. Sudor salado en una boca que tiembla reseca. A la distancia se escuchan motos. Desesperación, “no me van a coger”. Por entre pasajes y espacios de luz rompe el silencio de la noche al rasgar veloz el aire. Dos luces lo persiguen, lo rodean, lo pierden. Atraviesa su espacio natural para internarse en un lugar que no domina. En un parqueadero lo reencuentran las luces. “Ríndase, al suelo”, “No me maten yo soy de San Luís, yo soy de San Luís”, “al suelo o disparamos”. Un destello aparece en un apartamento, pequeñas sombras de las ventanas cercanas. Expectación, murmullo, disparos. Uno, dos tres, cuatro, ¡impacto! Sangre en el cemento, lágrimas en el rostro. Lo arrastran hacia la microvan que alumbra la escena. Quien disparó, revólver humeante en mano, dirige el levantamiento del baleado. Ríe con ganas. “Ese tipo es un atleta, lo venimos persiguiendo desde San Luís”. Los policías se retiran, la sangre empieza a secarse. En Chiminangos son las 4:30 de la madrugada.
 
 

2.

Las primeras luces del día dan inicio a la alborada, es el cumpleaños del barrio, lugar donde Leonardo Mosquera han vivido los últimos 17 años. No son muchos los que están celebrando pero entre ellos los dueños originales de apartamentos. Se conocen entre si, son amigos, brindan entre cerveza y cerveza por los tiempos idos y sólo unos pocos por los que vendrán. Pasan de los 50 años, sus caras secas denotan unas vidas difíciles, las sonrisas escasean. Leonardo reparte pólvora entre sus conocidos y con un fósforo enciende un cigarrillo Mustang y un volador que huye esperando escapar del mundo. Varios lo siguen mientras en el cielo la luz blanca de la mañana empieza a brillar. Las guitarras alegran con canciones inolvidables: “en una llamarada se quemaron nuestras vidas, quedando las pavesas de aquel inmenso amor…”. Los jóvenes, ausentes, su celebración es por la noche. Las conversaciones se acaban, ya se recordó la inauguración del barrio realizada por Turbay Ayala y los problemas de seguridad. El presidente de la Junta de Acción Comunal aparece en la cancha con las ancianitas que hacen ejercicio. Es 22 de diciembre, domingo, no hay prisa por volver a las casas, aún quedan cervezas y parece ser que hará un día caluroso. Leonardo prende otro cigarrillo y abstrae su mirada en el cielo.

 

3.

“Buenos días”. Mientras habla, espanta con un trapo rojo las moscas de la carne. “Yo vengo del Tolima desplazado por la violencia política que existía hace 30 años. De tanto rodar llegamos a un refugio en Palmira donde hoy está situada la Casa de la Cultura, allí… a la orden señora qué desea…” “…allí nos dieron posada y nos ayudaron a salir de nuevo adelante. Tenía 14 años, empecé a trabajar y pronto conseguí una bicicleta de mensajero, así pude ahorrar hasta comprar esta casa” –una tienda con una cachucha azul de aluminio donde todo es recomendable, con excepción del sifón situado al lado. “Si señor los plátanos están frescos, la carne también”. Sus ojos castaño claro son luminosos, algo ensombrecidos por las horas de insomnio o algún conflicto, los dientes opacos, menos blancos que su cabello. Ramiro, el tendero, conversa con su cliente, le cuenta un poco de la historia de su vida. Esposa e hijas lo observan descansar un segundo, secarse el sudor de la frente, arreglarse la manchada camisa de trabajo. “Buenos días, qué le puedo ofrecer”.

4.

Leonardo dirige su vista al cuarto piso del bloque 22c. Tras cinco meses de vivir allí, la obra negra que recibió ha ido desapareciendo. Mosaicos verde manzana reemplazan al cemento del baño, tubos de agua defectuosos fueron sellados y acondicionados. El charco antes llamado sala es hoy comedor de seis puestos. Falta pintar la fachada y algunos terminados interiores. Camina cuidadoso por la escalera en espiral, se agarra de la baranda metálica, pisa suave los escalones de cemento. Abre la puerta y contempla todo con sonrisa parca, su esposa saliendo de la cocina exclama, suspira: “sí, ahora esto parece una casa”.

 
5.
 
 
Es el último blanco y negro 6 de la noche. Se sienta, tararea las canciones de la audición. El bus recorre sin prisa la autopista. Una hora después se baja a varias cuadras de casa, en la esquina donde antes ha sido asaltado. Mareado por los tragos, el viaje, el miedo, corre por entre pasajes oscuros en donde se adivina la presencia de otros seres humanos. Murmullos a su paso, olor a marihuana, perfumes de mujeres que desea conocer. Formas extrañas en lugares donde nunca ha visto algo. Sudor frío en sus labios, le molesta, escupe. Llega. Busca las llaves del portón, sus manos se hielan más. Ajusta el maletín, sube la reja de seguridad, casi está arriba. “Hijueputa bájese de allí o lo bajamos”, “pero yo vivo aquí”, “se baja”. Tres hombres lo arrastran hasta una camioneta. Sus ojos brillan, queman como el fuego. Retenido en la Tercera Estación de policía inventa qué le dirá a su padrastro cuando venga a sacarlo.
 

6.

En la pared de al lado está escrito en spray rojo “brujas negras”. Al acercarse se observan dos pesadas rejas en la entrada, timbre y citófonos. Nadie contesta al timbre, la reja no se abre. Una pareja de negritos la empujan y suben corriendo las escaleras. La puerta entreabierta muestra el lujo del apartamento 101. Televisor de 29 pulgadas, equipo de sonido Aiwa, un teléfono inalámbrico ocupado por el dueño. Eliécer Ararat es el presidente de la Junta de Acción Comunal. Mide como 1 metro con 90, pesa 100 kilos. Destaca en su cuerpo negro como la noche las cicatrices de operaciones en el estómago y el cuello, trae una pantaloneta roja y chanclas. Su esposa, una mujer blanca con cara muy afilada y ojos mas viejos que el resto de su cuerpo lo observa algo dubitativa. “El niño quiere un cuaderno nuevo pero hace solo unos días le compró uno, dice que se le descuadernaron las hojas”. Una manota entrega un billete al niño, que corre a la tienda. “Usted lo mima mucho”. Eliécer jadea, luce cansado. Desea ver tranquilo Sábados Felices en compañía de su esposa e hijos, disfrutar de la brisa nocturna, olvidarse por un momento de los planes de bienestar para el barrio. El teléfono vuelve a sonar, un visitante espera en la puerta. Atiende a ambos. De vez en cuando mira a su mujer y le dedica una leve sonrisa. Ella, seria, piensa en Eliécer, el hombre más buena gente que conoce.

 
 
 

 

Por Ronald Valencia
greencore@hotmail.com

 

Soldado anónimo

Por Ronald Valencia
greencore@hotmail.com

Ahora se que esta guerra no es mía.
Ahora, sin la mitad de mi cuerpo.
Ahora se como es el verdadero mundo.
Luchar por mi patria ya no vale la pena.
No soy el mismo de antes.
La guerra destruyó mis ilusiones.
La guerra destruyó mi futuro
La guerra destruyó mis aspiraciones.
Ahora no valgo nada
gracias a la guerra y a mí supuesto gobierno.
No se a quien culpar.
Tantos discursos para nada.
El gobierno me olvidó, me abandonó, me tiró a la basura.
Di mi cuerpo y hasta mi vida por proteger a mis superiores y sus ideales.
¿Y para que?
Para nada. Por que para ellos ya no existo.
Pero si existo, mutilado pero aún estoy aquí.
Lo que pasa es que para ellos ya no soy útil.

Pensamientos

Si tú me cierras las puertas yo te cerraré las mías.
Si tú me abandonas, yo te abandonaré.
Lo he intentado todo, pero todo se me ha negado.
Aún no se que hacer con mi vida.
Te pido ayuda y no me escuchas.
Parece como si yo no te importara.
¿Esta es mi maldición?
¿Qué hice yo para que te enojaras conmigo?
¿Cual fue mi pecado?
Por favor contéstame.
Aun creo en ti, pero no se que piensas tu de mi.
No se si me perdonarás.
La verdad no te odio; es solo que no te entiendo.
¿Que tienes tu, en tu maravillosa sabiduría escrito para mi?
¿Cual será mi destino?
Si aun estoy en tus planes para el futuro
espero sea algo bueno.
Y yo por mi parte, te prometo cambiar.


Falsos profetas

A veces no se que creer.
Me dicen tantas cosas.

Hombres supuestamente buenos
predicando la palabra.

Creándonos un paraíso perfecto.
¿Acaso estarán diciendo la verdad?

Estoy tan confundido.
No se cual es el verdadero camino.

Estoy rodeado de personas que creen ciegamente
en una persona que les promete la vida eterna.

¿Acaso es mi deber creerles?
¿Cómo se que ellos dicen la verdad,
sin saber si este Profeta es mejor o peor que yo?

No se nada de su pasado.

Sin embargo el me asegura
que a través de sus enseñanzas
salvaré mi vida del fuego eterno.

¿Es acaso a esta voz, es acaso a esta persona a la que debo escuchar?

¿Es acaso cierta la felicidad y la esperanza que hay en este templo?

¿Son acaso felices las personas que se encuentran en este templo?

Después de haberlo pensado muy seriamente
he tomado mi decisión.
Solo creeré en Dios sin intermediarios.

Sin necesidad de falsos profetas.


Invisible

Quisiera ser invisible para
conocer al mundo tal como es.

Soy un niño invisible.

Quiero saber que dices sobre mí
en mi ausencia.

Quiero conocerte cuando no estés
a mi lado.

Deseo saber cual es tu verdadera
personalidad.

Necesito saber hasta donde llega
tu lealtad.

Quiero saber que tan confiable eres.

Por esa razón seré invisible.

Para conocer tu hipocresía.

Quiero conocer todas tus mascaras.

Me intriga saber cual es tu otro yo.

Para finalmente saber en quien deposité toda
mi confianza.


Anita

Anita no conoce el mundo.
Anita es blanca como la nieve.
Anita es dulce como la miel.
Anita es deseada por todos los hombres.
Anita no conocer el amor.
Anita es victima de su inocencia.
Anita está en la flor de su juventud.
Anita comienza a explorar su cuerpo.
Anita se enamora.
Anita entrega su cuerpo, alma y corazón.
Su inocencia y dulzura la llevan a cometer un error.
Anita está embarazada.
El hombre al que amó la abandonó.
El mundo al que no conocía se aprovechó de ella.
Ahora Anita debe dejar atrás su diario, sus sueños e ilusiones por algo que ella no esperaba.
Y por causas extrañas del destino…
ella ya no es una niña, es una mujer.

La muerte

Aún no es tu turno.
Pero en las noches, cuando duermes profundamente,
rozo tu piel con mis dedos.

Mi hoz toca suavemente tu cuello.

En el día sigo tus pasos.
En donde tú estas yo estaré.

Hasta el día que llegue tu turno.

El día está cerca.
Disfruta mientras puedas.

Soy el puente entre el mundo de los vivos
y el valle de los muertos.

Disfruto cuando te tomas la vida
sin excesos.

Me burlo cuando intentas buscar la
inmortalidad.

Algunos no me temen.

Pero aquellos que no me temen
conocerán mi rostro y sufrirán.

No intentes esquivarme.
Por que yo soy la noche, soy oscuridad.

Produzco dolor y produzco llanto.
Soy la muerte.

Número 2


Por Ronald Valencia
greencore@hotmail.com


Mi nombre no importa, lo único que puedo decirte es que alguna vez viví en la luz eterna, pero fui expulsado y ahora tengo mi propio reino.
Cuando pertenecía a la luz todo lo tuve, era el mas hermoso, el mas brillante, el mas imponente. Todo cuando decía se hacia, pero no era el número uno, era la sombra de el mas grande, del creador. El es el que manda, yo solo era el segundo y entonces sentí envidia y sentí rabia… por eso fui expulsado de la luz eterna. Entonces decidí ser el número uno. De una forma diferente desarrollé mi propio imperio. Pero este imperio es mucho mejor, es más divertido, tiene todas las diversiones posibles.
Y el hombre puede gozarlas todas.

Madre Tierra enfurecida


Por Ronald Valencia
greencore@hotmail.com


No me arrojes basura por que no me gusta.
No me cortes mis árboles, por que podría enfurecerme.
No mates a mis animales, por que ellos irán en contra tuya.
No contamines mis aguas, por que podrían ahogarte.
No te atrevas a desatar mi furia por que al final muchos inocentes pagaran con sus vidas.
No elabores guerras por disputarte mi tierra, por que yo decido quien vivirá en ella.
No experimentes más con mis recursos por que arrasaré con tus dominios materiales.
Por favor no nos hagamos mas daño.
Trabajemos juntos para no autodestruirnos.
Vivamos en armonía, disfruta del fruto de mi tierra, no lo desperdicies.
Siémbrame y coséchame y viviremos eternamente.
Deja tu espíritu de destrucción a un lado
y vuelve a ser el hombre que eras antes.
Por favor no nos matemos el uno al otro,
y no trates de destruirme, por que mi respuesta será devastadora.

 

 

 

 

Por Eduardo Posada H
darkedipo@yahoo.es

 

El ángel


Camino sin prisa en medio de ellos buscando el lugar donde mi presencia fue convocada. La mujer está dando a luz en un rudimentario cuarto. Siento compasión por ella e involuntariamente también por él. Era uno de los ángeles mas amados por Dios. Su belleza tan sólo era comparable a la de Luzbel. Derrotado en la batalla por el cielo fue despojado de sus poderes y condenado a encarnar como humano en un ciclo perpetuo de miseria y abyección. Yo soy el ángel de la guarda de este ángel caído. Mi misión es hacerlo vivir todo el sufrimiento humanamente soportable. Comenzaré matando a su madre.
 
 
                                               Los santos restos
 
Doce caníbales devoran a un misionero que años después es declarado santo. Arrepentidos confiesan su crimen y son condenados a viajar por el mundo como relicarios vivientes de los restos del santo. Todavía es posible visitar en la ciudad natal del misionero los cuerpos momificados de los indios y ver en los huecos hechos en sus estómagos las representaciones en cera de las santas partes que cada uno comió.
 
 
                                          El orgasmo de la reina

Cuando el orgasmo de la reina llegó a su clímax dos colmillos que surgieron del interior de su vagina drenaron la erección del voluntarioso amante convirtiéndolo en un caballero vampiro.
 
 
                                               Los discípulos
 
Los discípulos dudaron por única vez de la autoridad de su líder cuando lo encontraron pidiéndole perdón al aire, manoteando a todos lados cual si estuviera espantando cuervos invisibles y gritando como loco que no era su voluntad sino la del padre.
Conmovidos por el evidente sufrimiento pidieron al maestro que aliviara su pena compartiéndola con ellos. Al instante una densa niebla de rostros grises y los rostros de miles de almas atormentadas llenaron sus cerebros de miedo hasta el momento del electroshock.
 
 
                                                Omnipotente
 
Ella decidió erradicar a los humanos y crear una tierra nueva. Derritiendo los casquetes polares ahogó a unos cuantos millones. La epidemia de malaria exterminó a cientos de miles más. Cuando sólo quedaban 144 millones deseó (por unos pocos segundos) existiera algo o alguien que pudiera confrontarla. Al retomar su lenta purgación del planeta descubrió, con sorpresa, miedo y placer que los últimos seres humanos eran inmunes a Ella.
 
 
                                                       
                                                  Mal karma
 
“Clavo la jeringa con heroína en mi brazo y siento entrar a mis venas la deliciosa fantasía amarilla… sobredosis… el túnel… la luz blanca… fragmentos de imágenes que he vivido pero no recuerdo… otra jeringa… otra inyección letal… rabia…”
 
“El dolor es insoportable. La morfina un paliativo inútil. ¿El cáncer invade también el alma?. ¡¡¡No la mía!!!. El líquido transparente parece tan inofensivo como el agua. Perder la última batalla para ganar la guerra, que paradoja!. No puedo abrir los ojos. Creo que he muerto. Veo el túnel, el esplendor blanco al fondo; veo el instante cuando me aplico la inyección, lo vuelvo a ver, pero diferente, soy yo, pero no estoy en cama, y una vez más, con otros detalles, ¿soy yo?...”
 
“Abro los ojos. Estoy en una playa gris, en la arena, rodeado de tortugas recién nacidas que se arrastran hacia el agua. Lo recuerdo todo, los crímenes, la captura, el juicio y la condena de 3 penas de muerte por inyección letal más cien años de prisión. Escucho a lo lejos una conversación. Algo sobre una nueva tortuga para el zoológico”.
 
 
                                                Mala noche
 
Yo, el hombre que sufría de fobia a la noche, me autorecluí en  la celda mas iluminada del antiguo sanatorio, pero en la mañana, al despertar, una imparable crisis hemofílica obligó a autorizar mi traslado al hospital. Horas después, ante la inminencia de la noche, me di de alta pero la asesina serial de hemofílicos me persiguió y secuestró. Me encadenó a una cama, me apuñaló el rostro, me degolló de oreja a oreja. En la madrugada, al deshacerse de mi cadáver, reviví convertido en hombre lobo.
 
 
                               Práctica profesional para padres
 

Nosotros teníamos dudas sobre nuestras habilidades paternales y deseábamos mejorarlas antes de tener hijos. Para lograr tal fin adoptamos a una criaturita traumatizada por el fallecimiento accidental de sus padres y con mucha paciencia y amor le ayudamos a perdonarse a si misma aceptando la inexorabilidad de la muerte.
 
Complacidos por el éxito obtenido con nuestra primera niña fantasma decidimos adoptar otra antes de encargar bebés de verdad. ¡Los invitamos a que vivan también esta experiencia única y maravillosa!.
 
 
                                     Invisible a ojos humanos
 
Invisible a ojos humanos una boca generosa con suaves labios carnosos estimula de manera progresiva el palpitante pene erecto del dios atado a un madero. Simultáneos, violentos, liberadores, el estertor final y el orgasmo se funden redimiendo a la humanidad.
 
Invisible a ojos humanos una boca generosa con suaves labios carnosos estimula de manera progresiva el palpitante clítoris erecto de la mujer atada a un madero. Simultáneos, violentos, liberadores, el estertor final y el orgasmo se funden redimiendo a los dioses.
 
 
                                        Tratante de dioses
 
La máquina del tiempo rompe las corrientes espacio-temporales y llega puntual al destino programado. Una mujer desciende de ella vestida a la usanza de la época. Desapercibida entre la multitud se dirige al templo de la ciudad e indaga el paradero de Jesús, hijo de José el carpintero. Dos días después lo encuentra en el desierto de Galilea. Desde el cielo vigila cada uno de sus pasos, lo arrulla a la hora de dormir, le infunde un sueño con imágenes explícitamente sexuales, le coloca un contenedor alrededor de su pene, teletransporta la profusa polución nocturna a los recipientes adecuados y con la satisfacción de un trabajo bien hecho avanza en el tiempo hasta una tierra repoblada por los hijos de los dioses.

El palacio concéntrico

Existe un palacio concéntrico debajo del Palacio de Versalles en París. Para llegar a él debes abrir tres puertas secretas, cada una de las cuales tiene una llave mágica labrada en una piedra preciosa diferente. La primera puerta, de roble puro, se hace visible en la habitación del rey al pronunciar el nombre prohibido del fuego. Tras abrirla con una llave de amatista, se encuentra la segunda puerta, construida con los huesos de caballeros cristianos muertos en Jerusalén. La tercera puerta, hecha con cristal de roca, se abre con una llave de zafiro. Para entrar al palacio debes pronunciar tu propio nombre en voz alta. Si eres uno de los invitados de Lucifer, dos dragones te escoltarán al festivo baile del salón principal. Si no estás invitado, el fuego de los dragones te arrastrará hasta la guillotina de los revolucionarios franceses y verás, por unos pocos segundos, cómo luce tu cuerpo sin cabeza.