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El árbol de los espejos
Crónica cultural de Palmira por Mauricio Cappelli
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Los interesados en tener ‘El árbol de los espejos’ pueden escribirle a Mauricio Cappelli al correo capelly@hotmail.com |

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Palmira, segunda ciudad del Valle del Cauca, fue hace muchos años la capital agroindustrial de Colombia. Durante esa época de oro de la Villa de la Palmas se dieron historias locales de carácter universal que permanecieron en la memoria colectiva de la ciudad, pero al ir muriendo los poseedores de esos recuerdos el peligro de perder esas crónicas para siempre era inminente. El poeta y escritor Mauricio Cappelli se enamoró de esas historias al escucharlas de labios de Giovanni Saa y Guillermo Barney Materón, quienes narraban una Palmira tan distinta a la de mediados de los 90’s que encantado con el descubrimiento no pudo dejar de seguir investigando al respecto, encontrando que los libros sobre nuestra ciudad escritos por Tulio Raffo y Alejandro Reyes carecían de mucha información oral valiosísima que aún circulaba entre los más insignes “cotudos”. El deseo de contar los relatos de esa ciudad de antaño lo llevó a escribir la crónica titulada ‘La zona de tolerancia: un lugar donde queda la nostalgia’ con la cual participó en el año 2004 en el Concurso de Crónicas de Palmira realizado por la Cámara de Comercio. En el 2007 con ‘Duelo en el Café Lux’ ganó –tras dos segundos lugares- el primer premio del concurso Crónicas de Palmira.
El libro El árbol de los espejos, publicado por la Editorial de la Universidad Santiago de Cali, es la culminación de ese sueño de Cappelli de recuperar los recuerdos de nuestra mejor Palmira y darlos a conocer a las nuevas generaciones. Las doce crónicas que lo componen son:
- ‘La zona de tolerancia: un lugar donde queda la nostalgia’
- Las Córdobas: la dulcería que vio crecer a Palmira
- Palmira y las bicicletas: dos amigas que ruedan por la historia
- Independiente Fútbol Club: el equipo de ensueño de Palmira
- IMP: la empresa que llegó a ser nuestro propio corazón
- La memoria de mi sangre: historia del barrio Las Delicias
- Los japoneses: la cultura que a nuestros campos trajo el oro del sol naciente
- Cuéntame de cuando quisiste ser un héroe: 75 años del Cuerpo de Bomberos de Palmira
- El duelo en el Café Lux: Historia de los Cafés de la Villa de las Palmas
- El río Palmira: Ese cauce de ensueño que cruzó nuestra memoria
- La Factoría: esa casa en el tiempo donde habita nuestra historia
- No me digas que somos un sueño: el legado artístico de la Cultura Malagana
A continuación reproducimos –con permiso del autor- dos fragmentos del prólogo de ‘El árbol de los espejos’ en el que Cappelli explica en primera persona su amor por la historia de Palmira y su decisión de escribir crónicas de ella:
“En una ocasión escuché hablar de un tal General Batata, y de un tal Luisito y de una tal Jovita, personajes que vivieron en Palmira hace mucho, y supe, como una semilla que trae el viento y se agarra, que la ciudad de mis mayores albergaba una textura más enigmática y lúdica, distinta a la ciudad monótona que yo estaba viviendo, cada vez más corrupta y acomplejada.
Más tarde, sin poder escribir cosas distintas a malos poemas, comprendí en mis primeros meses de escritor que en la escuela y en el colegio no había aprendido a contar sino a olvidar, a quedarme sin sombra, porque no conocía una manera de llegar a mis historias, a las de mi familia, mi barrio y mi ciudad”…
“Otro día escuché hablar de un sitio maravilloso acá en Palmira donde convergían los bohemios, las putas y los alcaldes. Un lugar que los hombres visitaban después de las funciones en el Teatro Materón para bailar con mujeres que usaban vestidos floripondiados y les hacían el amor a dos pesos, y que para llegar a ese sitio las gentes debían cruzar delgados puentes de madera sobre un tal río Palmira, un río del que nunca había escuchado hablar, ni siquiera a mis abuelos. Yo había vivido en el Parque Lineal toda mi infancia y me pareció inaudito que frente a mi casa, donde salía a montar bicicleta, un río pasara por debajo de la calle; e imaginé que en ese río aún había peces, sombras y hojas flotando. Y todo eso quise escribirlo un día, hacerlo real.
Pero la historia es la historia, y otra muy distinta la fantasía. Entendí que para llegar a la Zona de Tolerancia sólo podía hacerlo recorriendo las enneblinadas memorias de quienes habían vivido en esa época: aquellos adolescentes que “largando pantalón” se habían ido a “guardar la paloma” por primera vez.
Así comprendí que lo mejor de ser cronista (aún no sabía qué era eso, ni que iba a convertirme en uno) era escuchar lo que la gente me decía. Muy pronto me gustó andar con mi grabadora recorriendo el Parque de Bolívar y el Parque Obrero, preguntándole a “los veteranos” cómo era Palmira hace 60 años y cómo fueron sus infancias y sus barrios, yendo de rostro en rostro como el espectador de una película en vivo, y cuyas imágenes unía en un rompecabezas dibujado con las voces de aquellos “chivos” que parecían rejuvenecer al contarme sus andanzas.
Así hice mi primera crónica, La zona de tolerancia, un lugar donde habita la nostalgia. Una crónica que hice sin ser cronista, sólo era alguien que tenía una golosa necesidad de saber historias, y cuya única “formación” eran las entrevistas de Cara a cara, con Darío Arizmendi, que años atrás no me perdía.
A partir de allí sucedió lo más fácil: enamorarme de Palmira, una villa que tras cada nueva crónica me resultaba más hermosa y cargada de leyendas. Y fui albergando la idea de que toda historia es incompleta si sólo la buscamos en los libros; hay que escarbarla en la gente, en sus recuerdos, emociones y fantasías, porque el espíritu de una ciudad está en quienes pueden decirla y descifrarla”
Los interesados en tener ‘El árbol de los espejos’ pueden escribirle a Mauricio Cappelli al correo capelly@hotmail.com |
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¡El Fugitivo de Stephen King: una novela rápida para leer de un tirón en el PC!
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En una época en la que no tenemos tiempo para leer y los libros que leemos son los que tenemos pendientes desde hace una década, es agradable descargar al computador un libro que sea rápido y entretenido de leer, perfecto para esas horas muertas en la oficina en las que no sale nada o no queremos hacer nada.
El Fugitivo (The running man) es una novela de 1982 escrita por el prolífico maestro del terror Stephen King bajo el seudónimo de Richard Bachman y que fue horriblemente adaptada al cine en una superproducción protagonizada por Arnold Schwarzenegger y María Conchita Alonso.
Es una novela rápida, en todo el sentido del término, pues al irla leyendo se hace evidente que King pudo haber profundizado más en algunos aspectos, aunque el ritmo frenético de su desenlace compensa con creces los deslices argumentales.
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De temática futurista y terriblemente pesimista en cuanto a la sociedad que predominará adentrado el siglo veintiuno, El Fugitivo (The running man) trata sobre un hombre, Ben Richards, quien trata de sobrevivir -sin corromper su integridad- en un mundo alienado por los realities televisivos más extremos, en los que la muerte es la atracción principal cuál si fueran la versión moderna de las luchas de gladiadores y bestias del coliseo romano.
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Richards, cuya esposa debe prostituirse para tener suficiente dinero para la droga de su hija enferma, entra a participar al más peligroso de los realities descubriendo en el proceso la enorme maraña de corrupción y miseria que rige ese mundo. Lo que nadie se imagina es la increíble capacidad de supervivencia de Richards y el nivel de violencia que su indestructible determinación producirá.
Cuando no tenemos tiempo para leer novelas de autores de primer nivel, un divertimento rápido como El Fugitivo (The running man) nos permite mantenernos en el vicio de la lectura. Además, con el constante deterioro de la naturaleza, los libros en papel irán desapareciendo y deberemos leer en el computador o en dispositivos lectores de libros electrónicos como The Reader de Sony. ¡Así que, amigos míos, empecemos a practicar con una de las novelas más entretenidas de Stephen King: El Fugitivo!
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El sentido de la vida según el escritor Mario Mendoza
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El 29 de mayo el secreto del sentido de la vida fue revelado a los palmiranos en una charla dada por el escritor Mario Mendoza en el auditorio de Comfandi, pero sólo 23 personas, entre locos, marginados, poetas, alcohólicos y otros especimenes recibieron esa iluminación. La falta de publicidad hizo que Palmira no se enterara de la visita del autor de las novelas ‘Satanás’ y ‘Relato de un asesino’, más un poeta ocioso, Mauricio Capelly, grabó la conferencia posibilitando que pueda ser descargada, escuchada y disfrutada desde los links que están al comienzo y al final de este texto.
La conferencia es un recorrido íntimo, personal y literario por los hechos más importantes ocurridos en la vida de Mario Mendoza, empezando por su amistad circunstancial con Campo Elías Delgado, el veterano de la Guerra de Vietnam que el 4 de diciembre de 1986 asesinó a 30 personas en lo que se conocería como ‘la Masacre de Pozzeto’, en alusión al restaurante bogotano donde Delgado dio fin a la vida de 24 personas, incluyendo la suya. Dos años después Mario Mendoza es detenido por la Mossad en un hotel de la zona palestina de Jerusalén donde se refugiaban varios miembros de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) y durante varios meses es rigurosamente interrogado en la guarnición militar de Ramala, al norte de Jerusalén. Un día, a las 5 a.m., lo llevaron al Gólgota y en vez de ser fusilado, como el pensaba, los israelíes le tiraron el pasaporte y le dieron 24 horas para dejar el país. A esa hora en los países musulmanes se hace el primer llamado a la oración. Ese llamado es impactante, es el más bello de todos y es realizado por el muezín, que es ciego, y canta los primeros versos del Corán extendiéndo su sonido por toda la ciudad: “Oh Tu el misericordioso, oh Tu el que todo nos lo das, Tu el bendito, Tu el infinitamente generoso…”. Es un canto sumamente poético y en ese instante Mendoza sintió lo que los psicólogos en psicología profunda llaman un ‘punto de giro’, un instante en el cual la conciencia se tuerce y uno entiende algo que solo lo puede entender bajo una situación límite:
“Es como un golpe, un mazazo en el centro del cerebro. Uno no puede torcer de esa manera a menos que sea en una situación exagerada, en una situación literalmente de vida o muerte. En ese instante recordé y entendí un verso de Octavio Paz que está en un bellísimo poema titulado Piedra de sol. En ese poema, en la mitad, hay un verso que dice: “el olvidado asombro de estar vivos”. Yo había leído eso mil veces y no lo había entendido, me lo sabía de memoria y nunca lo había comprendido realmente: “el olvidado asombro de estar vivos”. A uno le parece que estar vivo es normal. Uno se levanta por la mañana y piensa “tengo trabajo, tengo clases en la universidad, me toca hacer esto, me toca hacer lo otro” y no se sorprende, no se maravilla de estar vivo. Uno no se pone la mano en el corazón y siente el taca, taca, taca, taca, taca interno, uno no se mira al espejo, no se acaricia, no se palpa, no se maravilla de tener un día más, lo que los antiguos llamaban ‘Carpe diem’. Yo entendí la maravilla, la sorpresa de estar vivo y empecé a escuchar mi respiración, me puse la mano en el corazón y luego en las sienes sintiendo cómo me retumbaba en el cerebro la vida y que yo tenía 24 años y la vida me daba una segunda oportunidad y esa segunda oportunidad no la tiene todo el mundo. En esa segunda oportunidad me juré que la siguiente vez que la muerte llegara iba a tener una obra lista, porque lo que más me dolía, lo que más me aterraba de ese momento, de pensar que me iban a fusilar, era que no había hecho nada, que no había escrito ni siquiera un párrafo que me representase, y era triste morirse así”.
“En la hora de la verdad a la muerte sólo se le puede oponer el sentido de la existencia, y sólo se le puede vencer si tenemos un sentido para nuestras vidas. De lo contrario estamos fritos. Sólo podemos enfrentar la muerte con un sentido muy profundo, porque la vida en si, por si misma, no tiene sentido y hay que darle un sentido. Yo me prometí eso, construir mi obra por encima de todo, y mi primer libro escrito, La Travesía del Vidente, es una demostración de algo muy raro, del sentido profundo que da la literatura y que da el lenguaje cuando se es un artista, un novelista, un escritor.”
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Markheim: Un asesino dueño de su alma
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Por Eduardo Posada H
phamtom2040@gmail.com |
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Robert Louis Stevenson es uno de esos escritores que será famoso hasta el fin de los tiempos gracias a dos de sus obras maestras: La isla del tesoro y El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Ambos textos han sido adaptados al cómic americano, al manga, al cine, etc., y hacen parte del ideario colectivo de la civilización occidental como arquetipo de la dualidad moral entre el bien y el mal. Muy distante de la profundidad psicológica de Dostoyevski, pero bastante hábil en la exploración del aspecto moral de sus personajes en confrontación con un mal personificado, Stevenson escribió una narración corta que prefigura algunas de las historias más oscuras del género policial
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referentes a asesinos que se debaten entre la compulsión criminal y la redención. |
Esa historia, titulada como el nombre de su protagonista (Markheim), trata sobre un hombre que poco a poco ha ido perdiendo su norte, llegando a un punto en el que matar se vuelve la única salida para mantener su precario nivel de vida. Pero ¿qué sucede cuando en plena escena del crimen, y con el cadáver aún caliente, un sobrenatural personaje aparece para ayudar a Markheim a robar su botín y no ser atrapado por la policía?.
Varias páginas de este relato corto son destacables, más la que reproducimos a continuación condensa la mejor prosa de Stevenson, el perfil moral de Markheim, su curiosísima paranoia y su aparente falta de temor de Dios:
“Nunca más, pensó podría sentirse suficientemente protegido contra los observadores ojos de los hombres; anhelaba estar en su casa, rodeado de paredes, hundido entre las ropas de la cama, e invisible a todos menos a Dios. Y ante aquel pensamiento se sorprendió un poco, recordando historias de otros criminales y del miedo que, según contaban, sentían ante la idea de un vengador celestial. No sucedía así, al menos, con él. Markheim temía las leyes de la naturaleza, no fuera que en su indiferente e inmutable proceder, conservaran alguna prueba concluyente de su crimen. Temía diez veces más, con un terror supersticioso y abyecto, algún corte en la continuidad de la experiencia humana, alguna caprichosa ilegalidad de la naturaleza. El suyo era un juego de habilidad, que dependía de reglas, que calculaba las consecuencias a partir de una causa; y ¿qué pasaría si la naturaleza, de la misma manera que el tirano derrotado volcó el tablero de ajedrez, rompiera el molde de su concatenación? Algo parecido le había sucedido a Napoleón (al menos eso decían los escritores) cuando el invierno cambió el momento de su aparición. Lo mismo podía sucederle a Markheim; las sólidas paredes podían volverse transparentes y revelar sus acciones como las colmenas de cristal revelan las de las abejas; las recias tablas podían ceder bajo sus pies como arenas movedizas, reteniéndolo en su poder; y existían accidentes perfectamente posibles capaces de destruirlo; así, por ejemplo, la casa podía derrumbarse y aprisionarlo junto al cuerpo de su víctima; o podía arder la casa vecina y verse rodeado de bomberos por todas partes. Estas cosas le inspiraban miedo; y, en cierta manera, a esas cosas se las podía considerar como la mano de Dios extendida contra el pecado. Pero en cuanto a Dios mismo, Markheim se sentía tranquilo; la acción cometida por él era sin duda excepcional, pero también lo eran sus excusas, que Dios conocía; era en ese tribunal y no entre los hombres, donde estaba seguro de alcanzar justicia”.
Para recordar los tiempos en que la literatura presentaba asesinos con características humanas, capaces de discernir entre el bien y el mal, es altamente recomendable leer Markheim de Robert Louis Stevenson. Se puede descargar fácilmente de Internet y leerlo en el computador antes de seguir descubriendo otros textos de este intemporal autor inglés, amado por Borges, odiado por Capote, pero jamás ignorado. |
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James Bond: Héroe de novela
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El personaje de novela más famoso durante la década de los 60’s fue James Bond. Los libros con sus aventuras habían vendido hasta el 11 de agosto de 1964 (fecha en la que murió Ian Fleming, creador del 007) más de 40 millones de copias y las 22 películas oficiales que se han realizado hasta Quantum of Solace han dejado utilidades de cientos de millones de dólares. Sin embargo en los países hispanoparlantes muchos han olvidado los orígenes novelescos de Bond, perdiéndose el placer de disfrutar de las aventuras de este ícono del espionaje en novelas como “Desde Rusia con amor” y “Goldfinger”, las dos mejores historias del personaje.
“Desde Rusia con amor” es una novela cuya primera parte, diez entretenidos capítulos, están dedicados a los villanos soviéticos que planean un complicado y exótico complot en contra de James Bond |
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para vengarse (con mucho estilo) de las numerosas ocasiones en que el 007 ha frustrados sus malévolos planes. |
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La narración de Fleming, abundante en descripciones subjetivas y juicios de carácter, construye exitosamente la personalidad y motivaciones de los conspiradores, dándole al lector la información suficiente para preocuparse seriamente por el destino de Bond, quien no tiene ni idea de “todo lo que le corre pierna arriba”: una ancianita sádica con poder para matar a cualquier persona en el mundo (Rosa Klebb) , un frío genio del ajedrez quien planificó hasta el último detalle de la muerte del 007 (Kronsteen), un psicópata lunático asexual que sólo disfruta la sensación de matar (Grant), y una hermosísima soldado soviética dispuesta a lo que sea con tal de seducir a Bond (Tatiana Romanova). Esta novela, la quinta protagonizada por el 007, le dio a Fleming un enorme impulso como escritor gracias a que en la primavera de 1961 el presidente Kennedy la incluyó entre sus diez libros preferidos en una nota realizada para la revista Life. Además, de todas las novelas de Fleming es la que fue |
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adaptada con mayor fidelidad al cine, aunque se prefirió una organización villana neutral (SPECTRO) y no se muestra el origen de Grant ni el lesbianismo de Klebb. En 1984 la editorial Oveja Negra publicó gran parte de las novelas de Bond escritas por Fleming en su colección Grandes Aventuras. Es fácil encontrarlas a un precio módico en cualquier librería que ofrezca libros de segunda.
Ian Fleming escribía las novelas de Bond aprovechando los dos meses de vacaciones que se daba cada año en Goldeneye, su casa campestre en Jamaica. Sus libros eran publicados pero vendían pocos ejemplares, hasta que con Dr. No estalló un fenómeno editorial que con la ayuda de Kennedy y la primera película de Bond se convertiría en un negocio millonario. La lista de novelas del agente 007 escritas por Ian Fleming es: |
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1. Casino Royale (1953).
2. Vive y deja morir (1954).
3. Moonraker (1955).
4. Diamantes para la eternidad (1956).
5. Desde Rusia con amor (1957 ).
6. Dr. No (1958).
7. Goldfinger (1959).
8. Sólo para tus ojos (libro de cuentos): Una parte de cariño (1959), Panorama para matar (1960) , Sólo para tus ojos (1960) , Máximo riesgo (1960) , El extraño Hildebrand (1960).
9. Operación Trueno (1961).
10. El espía que me amó (1962).
11. Al servicio secreto de su Majestad (1963).
12. Sólo se vive dos veces (1964).
13. El hombre de la pistola de oro (1965).
14. Octopussy (libro de cuentos): Alta tensión (1962), 007 en Nueva York (1964), Octopussy (1966), Propiedad de una dama (1966). |
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Tras la muerte de Fleming otros autores fueron comisionados para seguir escribiendo novelas del agente 007 (Kingsley Amis, Christopher Wood, John Gardner, Raymond Benson) pero sus numerosas recreaciones de Bond nunca han despertado el interés de las obras originales. Debe resaltarse que existen también dos curiosas sagas que se derivan del personaje de James Bond, una de ellas trata las aventuras de un joven Bond y la otra, Los Diarios de Monepenny, narra los acontecimientos desde el punto de vista de Moneypenny, la fiel secretaria de M, el jefe del 007.
El año pasado los herederos de Ian Fleming, en conmemoración del centenario del nacimiento de Fleming, publicaron una nueva novela de Bond escrita por Sebastian Faulks: Devil May Care (La esencia del mal). Su argumento continúa cronológicamente con el de la última novela publicada |
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por Fleming, por lo que el agente 007 todavía sigue inmerso en la Guerra Fría. Faulks para esta continuación se basó en una frase de Fleming: “Yo escribo mis libros para heterosexuales de sangre caliente que leen en trenes, aviones o en la cama”. |
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La novela y el cuento policial: orígenes
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“La afición a las aventuras detectivescas está biológicamente regida por el mecanismo de los vicios. Es como fumar, apostar en la lotería o inyectarse morfina. De allí su avasallante popularidad y de allí también la circunstancia de que nadie haya podido decir hasta ahora porqué le gustan las novelas de policía”.
Gabriel García Márquez
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Podemos encontrar antecedentes remotos de la literatura policíaca o detectivesca en La clave del cuerpo decapitado de Herodoto -443 a.c-, en La Eneida de Virgilio -30 a.c-, o en la famosa anécdota de Arquímedes descubriendo el fraude con que un orfebre iba a embaucar al rey Hierón de Siracusa -200 a.c. También en Daniel cap.14 vers.1-22 (520 a.c), en el Zadig de Voltaire -1747-, Mademoiselle de Scudery de E.T.A Hoffmann -1821- o en El hombre de la máscara de hierro (1848, 1850) de Alejandro Dumas. En todos estos escritos hay un secreto, un crimen o atentado y una necesidad social o individual de resolver ese enigma. Pero “viajar hasta épocas tan remotas o buscarle bifurcaciones a un río cuyo curso sólo tangencialmente nos indica que el anhelo de esconder y develar la verdad es tan viejo como el hombre mismo, no lleva a ninguna parte”. (1) |
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El género policial nace a mediados del siglo XIX en tres diferentes ciudades: París, Boston y Londres. A comienzos del siglo XIX el político francés Joseph Fouché, ministro de policía bajo el Directorio, el Imperio y la Restauración, establece la policía política y “coloca de un golpe el misterio y la astucia en lugar de la rapidez y de la fuerza. Antes el uniforme revelaba al representante del orden. Este se precipitaba tras el malhechor y trataba de alcanzarlo. El agente secreto reemplaza la persecución por la investigación, la velocidad por la inteligencia, la violencia por el disimulo”. (2) |
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Dentro de esta nueva situación en 1817 el francés Francois Eugene Vidocq abrió en París la primera agencia de detectives. Vidocq era un ex-criminal que se convirtió en confidente de la policía –La Sureté- y luego en jefe de la misma. Trabajaba con ladrones capaces de infiltrarse en los bajos fondos, con soplones profesionales, ex-criminales y detectives natos, e investigaba los casos que la policía francesa no podía, no quería o no sabía resolver. Vidocq dejó 4 interesantes volúmenes de crónicas policiales titulados Memoires (1828-1829) –aunque en realidad son apócrifas- los cuales además de ser un gran éxito en ventas eran bien conocidas por el bostoniano Edgar Allan Poe y lo inspiraron en la génesis del primer cuento policial: Los crímenes de la Calle Morgue (1841, Graham’s Magazine de Filadelfia). En 1845 E.A Poe escribió dos cuentos policíacos más: El misterio de Marie Roget y La carta robada. |
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En los crímenes de la Calle Morgue, Poe crea al detective Auguste Dupin y a su acompañante –cuyo nombre ignoramos- complemento del héroe y narrador de la historia. Este modelo se volvió norma gracias a Conan Doyle y sus aventuras de Sherlock Holmes, en las cuales se desarrolló la relación de los dos protagonistas –Holmes y Watson- hasta coincidir en ciertos aspectos con Don Quijote y Sancho Panza. “El suspenso, la presencia de personajes estereotipados, aunque inmaduros aún, y el triunfo de la razón sobre el caos natural, son creaciones del norteamericano Poe. El fue el primero en mezclar deducción con literatura, en incursionar con esta mezcla en la narración corta”.(1) Y aunque Poe creó un género narrativo, el nunca lo pretendió así, lo inventó –al igual como Colón descubrió un nuevo continente- por casualidad. “Llegó a el por un puro afán intelectualista, en su obsesión por el conocimiento y por descubrir los más recónditos mecanismos del pensamiento humano”.(1) Edgar Allan Poe también creó en el primer cuento policiaco el tradicional menosprecio de los detectives civiles hacia los policías y sus métodos, y el primer caso de “cuarto cerrado”, una estratagema muy usada por los posteriores autores del género. |
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Charles Dickens con su novela Barnaby Rudge tuvo gran influencia en el mecanismo inductivo (1) puesto en práctica por Poe. Además ambos escritores intercambiaban correspondencia y Dickens fue gran amigo del escritor británico Wilkie Collins, autor de la primera novela del género: La piedra lunar. Collins no copió a Poe, desarrolló por si mismo el método inductivo como resultado de su evolución en el arte de la escritura y pasó de las novelas de intriga, fuertemente inductivas o que reflejaban el recelo y la nueva situación producida por la policía secreta –como Une tenébreuse affaire, de Balzac-, a la novela policíaca en si, al enigma policiaco.
La literatura policíaca se vuelve un medio de masas con la aparición en 1887 de A study in scarlet, la primera novela protagonizada por el detective mas famoso de todos los tiempos, Sherlock Holmes. El héroe de Arthur Conan Doyle invadió las imprentas de todo el mundo y posteriormente el cine y la televisión. “Aquí comienza la verdadera carrera ascendente del policial, cuya inusitada aceptación ha sido comparada al consumo de novelas de caballería en el siglo XVI y de folletines de aventuras o de intrigas amorosas en el siglo XIX”.(1) Hay que añadir que cronológicamente surge antes de Holmes –y bajo las influencias de las Memorias de Vidocq- el personaje Rocambole, creado por el vizconde Ponson Du Terrail (1829-1871). Rocambole era un célebre desfacedor de entuertos que sólo ocasionalmente actuaba de detective. Posteriormente Maurice Leblanc (1864-1941) creó a Arsenio Lupín, quien unía la ubicuidad y el poder del disfraz de Rocambole, el método deductivo de Auguste Dupín y la sagacidad de Cagliostro, del que se consideraba pariente. Pierre Souvestre y Marcel Allain crearon al famoso caballero-criminal Fantomas. Lupín gozó de gran popularidad en Francia y se recuerda –entre los mayorcitos de treinta- por el ánime setentero Cliffhanger, en el que Lupín III, heredero de Arsenio, tiene grandes y entretenidas aventuras acompañado por un pistolero, un samurai y una femme fatal. Esta saga ánime tiene una película dirigida por el gran maestro Ayao Miyasaki: Lupin III: el castillo de Cagliostro (1979). Fantomas sobrevivió hasta 1980 como cómic y después como antagonista de una serie de películas del cómico francés Lois de Funés. Fantomas es deudor tanto de la novela gótica del siglo XVIII –Drácula, Frankenstein- cómo de las recientes aportaciones de detectives y bandidos, y pretende asustar con su criminalidad y conmover a través del miedo. Souvestre y Allain ponen más el acento en el suspenso y en el terror que en el problema y el método policial. |
Sherlock Holmes es uno de esos personajes que se desligan de su autor y tienen vida propia, como Peter Pan o Don Quijote. Su creación, a pesar de los clichés, logró tal nivel de perfección ante el público que cuando Arthur Conan Doyle decidió matar a su detective junto con el profesor Moriarty, su Némesis, la indignación fue total y las banderas estuvieron durante meses a media asta en varios lugares de Londres. Ante la petición del público Conan Doyle lo resucitó. |
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Sherlock Holmes posee una fecha de nacimiento, una educación, un apartamento en la calle Baker de Londres visitado por cientos de turistas y una biografía que podemos seguir hasta 1957, cuando murió a los 103 años.
Gilbert K. Chesterton, otro gran escritor inglés, propuso una nueva óptica en la que la aventura, los avatares, las persecuciones, el azar, el miedo, desaparecían en beneficio del papel de la lógica. Su detective, el padre Brown, deduce inmovilizando mucho la acción, reduciéndola a un problema intelectual. El trata de identificarse con el criminal, para así descubrir sus verdaderos motivos y desenmascararlo. Chesterton es uno de los precursores de la novela-problema, cuyos máximos exponentes son la inglesa Agatha Christie –la gran dama del crimen- con sus personajes Hércules Poirot y Miss Maple; el norteamericano S.S Van Dine (seudónimo de William Huntington Wright) con su detective Philo Vance y Ellery Queen, seudónimo de Manfred Lee y Frederic Dannay. |
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Es importante insistir en que el género policíaco surgió en circunstancias determinadas dadas en el siglo XIX que involucran condiciones económicas, sociales y tecnológicas, además de los antecedentes inmediatos en las corrientes literarias en boga a principios de siglo. A nivel sociológico una de las circunstancias es el surgimiento de las grandes ciudades “con su secuela de hacinamiento y crecimiento demográfico anárquico, elementos estos que exacerban el crimen” (1) y obligaron, en cierta manera, a crear la policía secreta, aumentando la paranoia civil y el control del Estado frente a los ciudadanos. Muchos de los habitantes de estas ciudades estaban acostumbrados a leer periódicos baratos con relatos judiciales y reportajes sensacionalistas de los mas horribles crímenes de la época; novelas de autores como Sué y Balzac en forma de boletines insertos en la prensa diaria, e incluso novelitas de aventuras en ediciones económicas. Las memorias de Vidocq aparecieron en formato popular y autores como Dumas, Balzac, Sué y Hugo copiaron al jefe de la Sureté como modelo de varios de sus personajes. Además Vidocq no es la única leyenda policial de la época, también están Alphonse Bertillón, Allan Pinkerton y el Dr. Spillsbury, quienes emplearon las técnicas criminalísticas descubiertas en el siglo XIX –como la dactiloscopia, la antropometría, la toxicología, la medicina forense, la balística, etc- para resolver sus casos. Todo esto unido a influencias como la novela gótica inglesa y el famoso ensayo de Thomas de Quincey “Sobre el asesinato considerado como una de las bellas artes”, permitieron que Dickens, Poe, Collins, Ponson du Terrail y Conan Doyle crearan el género más popular de la literatura. |
Hasta la tercera década del siglo XX la literatura policial predominante se concentraba en casos de homicidios en mansiones o similares (la novela problema), donde un intelectual y erudito detective aficionado resolvía el crimen a punta de deducciones, cual moderno Dupín o Holmes. A decir verdad eran derivaciones de estos pero chinos –Charlie Chan-, geniales y perezosos –Nero Wolfe-, pedantes y reaccionarios –Philo Vance-, etc. Desde 1929 se dio en Estados Unidos, gracias a Samuel Dashiell Hammett, Raymond Chandler y James Caín, una nueva literatura policial –llamada novela negra-, más violenta, mejor escrita y más adecuada a los tiempos contemporáneos. En todo el mundo, en 1980, se publicaron más de 800 millones de libros policiales –novela problema y novela negra- que suministraron entretenimiento a mas de mil millones de lectores. |
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Para concluir este breve resumen de los orígenes de la novela y el cuento policial, transcribo un párrafo sobre el tema atribuido a Jorge Luís Borges, quien escribió La muerte y la brújula, el mejor cuento policial latinoamericano de todos los tiempos: “¿Qué podríamos decir como apología del género policial?. Hay una que es muy evidente y cierta: nuestra literatura tiende a lo caótico…En esta época nuestra, tan caótica, hay algo que, humildemente, ha mantenido las virtudes clásicas: el cuento policial”. |
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1 Ilán Stavans, Breviario de la literatura policial en América Latina. Revista Universidad de Antioquia, No. 221 (Julio/Septiembre, 1990).
2 Caillois Roger, Acercamientos a lo imaginario. Colección Fondo de Cultura Económica, Bogotá, 1997.
3 Ilán Stavans, Breviario de la literatura policial en América Latina. Revista Universidad de Antioquia, No. 221 (Julio/Septiembre, 1990).
4 Acosta Leonardo, Novela policial y medios masivos. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1986.
5 Mecanismo con el cuál se saca de los hechos particulares una conclusión general.
6 Acosta Leonardo, Novela policial y medios masivos. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1986.
7 Caillois Roger, Acercamientos a lo imaginario. Colección Fondo de Cultura Económica, Bogotá, 1997.
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Jovita o la biografía de las ilusiones: Un libro para nostálgicos
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No existe persona mayor de 55 años que habiendo vivido en Cali o en Palmira durante toda su vida ignore quien era Jovita Feijóo. Mi madre –quien tiene 70 años- la recuerda perfectamente y asegura que Jovita era muy admirada por ser una “loquita” pacífica de buena familia y trato exquisito. Para esta generación que vive entre el pasado y el presente, un libro como Jovita o la biografía de las ilusiones es la posibilidad de reencontrarse con una época en extremo glorificada (el Cali de los 70´s, el de la telenovela de Caracol “La sucursal del cielo”). Para los más jóvenes es la oportunidad de ver a través de la prosa semipoética de Javier Tafur González esa ciudad que no conocimos y de la que hoy tan sólo queda el recuerdo…
Uno de los fragmentos con que Tafur describe a Jovita al comienzo de la novela es el siguiente:
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“La gente la había visto venir atravesando el Paseo Bolívar, por el parque de Efraín y María, y la seguía irresistiblemente, porque sabía que venía del Club Colombia de obsequiarle a la Primera Dama, que acompañaba al señor presidente de la República, un ramo de flores. Venía, con su aire imperioso y dominante.
Altiva, orgullosa, lucía su vestido morado, largos guantes blancos, medias con vena, zapatos morados, zarcillos, cinturón morado, cartera morada y una balaca morada que contrastaba con un pañuelo rosa, anudado al cuello. Los labios pintados, las cejas repintadas, las ojeras sombreadas, las uñas lacadas y las mejillas empolvadas de aquel rojo que nunca habría de faltarle, revelaban hasta qué punto cuidaba su figura. |
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A Jovita le habría gustado presidir una comitiva, pero, conociendo cómo eran de enredados y difíciles los trámites oficiales en la Alcaldía y las muchas envidias de las personas que no sabían admitir su rango, prefirió ir sola a saludarla, y de igual a igual.
Al cruzar por el Paseo Bolívar venía pensando que la Primera Dama había estado cordial, más que muchas de esas intrigantes que la acompañaban y que se pusieron a darle explicaciones innecesarias acerca de su presencia, y que el portero impertinente que le pidió se identificara. ¡Como si ella tuviese necesidad de identificación! “¡Pobre mequetrefe! ¡Atreverse a querer no dejarme entrar, dizque porque no soy socia!”
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La inmortalidad de Milan Kundera: una moderna reflexión metafísica |
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La historia comienza cuando la imagen de una mujer realizando un gesto atrapa la atención de Kundera e inicia una pregunta que se mantiene durante todo el libro: ¿qué es la inmortalidad?, ¿qué nos hace inmortales? Personajes reales y ficticios se entremezclan y el mismo autor entra y sale de la historia en momentos clave para vincular ideas que se mueven dentro de la narración. ¿Realmente la inmortalidad se busca y se trabaja, o es una ruleta aleatoria que golpea con todo su peso al hombre?, ¿hasta donde somos mortales y dónde comienza nuestra inmortalidad?, ¿qué relación hay entre nuestra imagen y nuestro verdadero yo?
Kundera transforma varios aspectos del mundo moderno en cuestiones metafísicas, planteando una apasionante e |
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interesante reflexión sobre la Imagen y la Idea, la mortalidad, la búsqueda de la inmortalidad a través del trabajo, la familia, el amor y la sexualidad.
Un libro imprescindible de uno de los más importantes e inteligentes novelistas contemporáneos. |
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Primer capítulo de La Inmortalidad
"Aquella señora podía tener sesenta, sesenta y cinco años.
Yo la miraba mientras estaba acostado en una camilla frente a la piscina de un club de gimnasia situado en la última planta de un edificio moderno, desde donde se ve, a través de unas grandes ventanas, todo París. Estaba esperando al profesor Avenarius, con el que a veces me reúno aquí para charlar. Pero el profesor Avenarius no llegaba y yo miraba a una señora; estaba sola en la piscina, metida en el agua hasta la cintura, mirando hacia arriba a un joven instructor vestido con un chándal, que le enseñaba a nadar. Le daba órdenes: tenía que sujetarse con las manos al borde de la piscina y aspirar y espirar profundamente. Lo hacía con seriedad, con empeño, y era como si desde las profundidades del agua se oyera el sonido de una vieja locomotora de vapor (aquel sonido idílico, hoy ya olvidado, que para quienes no lo conocieron sólo puede ser descrito como la respiración de una vieja señora que, junto al borde de una piscina, aspira y espira sonoramente). Yo la miraba fascinado. Me quedé absorto en su enternecedora comicidad (el instructor también era consciente de ella, porque le temblaba a cada momento la comisura de los labios), pero después me saludó un conocido, quien distrajo mi atención. Cuando quise volver a mirarla, al cabo de un rato, la lección ya había terminado. Se iba, en bañador, dando la vuelta a la piscina. Pasó junto al instructor y cuando estaba a unos tres o cuatro pasos de distancia volvió hacia él la cabeza, sonrió, e hizo con el brazo un gesto de despedida. ¡En ese momento se me encogió el corazón! ¡Aquella sonrisa y aquel gesto pertenecían a una mujer de veinte años! Su brazo se elevó en el aire con encantadora ligereza. Era como si lanzara al aire un balón de colores para jugar con su amante. Aquella sonrisa y aquel gesto tenían encanto y elegancia, mientras que el rostro y el cuerpo ya no tenían encanto alguno. Era el encanto del gesto, ahogado en la falta de encanto del cuerpo. Pero aquella mujer, aunque naturalmente tenía que saber que ya no era hermosa, lo había olvidado en aquel momento. Con cierta parte de nuestro ser vivimos todos fuera del tiempo. Puede que sólo en circunstancias excepcionales seamos conscientes de nuestra edad y que la mayor parte del tiempo carezcamos de edad. En cualquier caso, cuando se volvió, sonrió y le hizo un gesto de despedida al joven instructor (que no pudo contenerse y se echó a reír), no sabía su edad. Una especie de esencia de su encanto, independiente del tiempo, quedó durante un segundo al descubierto con aquel gesto y me deslumbró. Estaba extrañamente impresionado. Y me vino a la cabeza la palabra Agnes.
Agnes. Nunca he conocido a una mujer que se llamara así." |
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Pedro Páramo: El lugar de todos nuestros muertos |
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| Por Mauricio Capelly Figueroa |
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Ha pasado el tiempo, Pedro Páramo, y mírate, aún abrazando el cadáver frío de este día que apenas nace, que acaba de morir. Yo sé que desde tu rancho te la has pasado mirando a todos tus hijos bastardos que van de la mano de sus madres, a quienes abandonaste después de arrancarles la inocencia y de limpiarte con sus faldas el sudor de tu cara de macho. Ahora las ves andando para arriba y para abajo con sus cuerpos de ramas secas con la vista descolgada, como si les pesaran las imágenes que arrastran por dentro de todo lo muerto que miran, y andan despacio por el mundo como si fueran a quebrarse, y se quiebran. De noche las has visto tejer sus camisolas con que cubren la sombra que les queda para que no se les enfríe del todo y tengan quién las acompañe a recorrer los campos buscando sus ojos en medio de este valle de lágrimas que las habita. |
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Yo, que he venido desde tan lejos, cabalgando en el lomo de la niebla, para hacerte esta entrevista, que me encuentro frente a tu cuerpo de maleza mirando hacia donde señala tu mano de hueso, he tenido que conformarme con este eco de lo que dijiste hace tantísimos años, cuando todos tus habitantes, al llamado de la luz, salían de sus camas de dura madera a recoger la miel que dejaba la noche en las laderas y a bajar los racimos de frutas que se quedaban enredados en los árboles de copa alta, recios como tu orgullo. Si, Pedro Páramo, míralos, esos hijos tuyos que todo lo ocupan, convertidos ahora en sobrevivientes de tu miseria y en herederos de esta soledad de no poder creer en nada, ni siquiera en ellos mismos. Y si, para que lo sepas de una buena vez, yo también soy tu hijo, Pedro Páramo, y aunque ya hayas muerto muchas veces, he venido a cobrarte caro el abandono en que nos dejaste, el abandono que eres.
Si, mi don, cómo no, Pedro Páramo vive allá, al voltear aquel muro de niebla. Hace bastante que nadie lo ve, pero en las noches, cuando la luna parece enferma, se le escucha sollozando desde allá, aquí dentro. Dicen que se quedó buscando el camino de su perdón y nunca volvió. ¿Una entrevista? ¿De verás? Vaya, se va a poner jubiloso el patrón de verlo, aunque hace mucho que ya no tiene cómo mirar. Dicen que él mismo se sacó los ojos y se los empotró a la brava en la cara a Susana San Juan para así ya no tener cómo verla en toda parte.
¿El joven toma té? ¿Masillas de maíz? Llene el buche, joven, para que el día que se muera los gusanos tengan algo que comer. ¿Revolución? ¿Cuál revolución? Ninguna, joven, ninguna. Tú, Gertrudis, ¿has escuchado algo sobre una revolución? -silencio, un eco de polilla hambrienta- Si ve, tampoco. La gente vive aquí metida en sus casas y sólo salen de noche para andar las calles en donde paseamos la costumbre de levantarnos con el ruido de nuestros huesos y de todo lo que tiembla allá arriba, donde suele dar el sol. Si, si, por ahí, derechito, por el camino de hojas secas que se niega a levantar el viento para que los ecos que regresan no se pierdan en las sombras. Derechito, mi don. Derechito dijo el viento.
Si, fue él. Fue una noche en que mi marido estaba en el otro pueblo negociando la cosecha. Llegó borracho y gritando como un perro herido. Luego tumbó la puerta a patadas. Apenas me quedó tiempo de abrir las piernas para no darle bronca y luego se me echó encima con su odio mientras me quemaba los hombros con sus ojos rojos. Me hirió los muslos, mire, con las espuelas de sus botas. Me sacó toda la sangre del alma y me dejó el vientre lleno de muertos como el de otras tantas. Nunca lo volví a ver. Sé que sufre porque sus lágrimas golpean el techo como piedras cuando se le amontona la tristeza en la mirada. Debe de estar viviendo el desespero de vivir tanto y de cargar la conciencia como un pesado cadáver que no encuentra fosa en donde echarse.
Dice, don Pedro, que ha venido para entrevistarlo, ¿qué le digo? ¿Quién será? No sé. ¿De por los lados? No parece. ¿Armado? No -Murmuran las piedras-. Dígale que suba, pero que lo que tenía para decir ya lo dije hace muchos años, que pare oreja al viento a ver si él tiene algo para decirle. Pero vaya, no se quede ahí parado dando vueltas. Ponga a los perros a que ladren para que encuentre rápido el camino, no vaya a ser que se pierda y se despeñé en uno de esos barrancos de silencio.
Es agosto, joven, ¿no ve? Esas nubes que se abren y que rechinan como puertas viejas dejan entrar al sol al cuarto solitario que somos. En este paraíso usado en donde los muertos se quedaron con sus cosas que decir, ¿va usted a decirnos otra sarta de vainas? Ja!, mire bien, joven, mire bien: estos senos secos y caídos son el único lugar donde podrá prenderse el feto de su esperanza. Lo que ves no es más que un perro lleno de hambre que no se decide a dejarse caer sobre la tierra que otros bebieron con su alma sedienta de ser hombres. Aquí se viene a recordar y expiar nuestras culpas, joven, a nada más. Esos muertos que fuimos son los muertos que nos quedan... los muertos que nos quedan.
Baje la voz, joven, no tiene por qué gritar. Esa es su verdad. La mía es otra y es la única. No tengo ningún perdón que ofrecerle. Usted y todos aquellos con sus muchos nombres pueden venir aquí a reprocharme lo que no he sido, que a mí, se lo digo en la cara, no me importa. Pueden venir todos los días, por los siglos de los siglos, que tengo la cabeza sorda de tanto escuchar sus voces arrastradas. Yo, que he recorrido cada tramo de este cuerpo seco, los he visto como gusanos saliendo de la tierra, tragándosela toda y sembrando la semilla del hombre que no somos, llenando el vacío del hombre que no seremos. Si, joven, mírese, hunda su mano en la página de agua que escribe y verá que la página no tiembla. ¿Si me entiende, joven?, no tiembla.
Tú también eres Pedro Páramo. Soy todos y cada uno. Eres el lugar a donde iremos cuando terminemos de morir. “Encárgate de esa cosa que es mi hijo” ¿lo recuerdas? Desde entonces he sido tu patrón y el lugar que sueñas para encontrar tu paz. Y hoy, al fin, has venido con tu esperanza descalza a reclamar las mieles de tus años; y este es el sabor agrio de tu miel: no soy yo a quién buscas, es a ti mismo. Búscate ahí, busca tu rostro en medio del barro que pisas. Siente como hundo mi mano en la fosa de tu cara donde habita el hueso de tu conciencia, de tu conciencia de no ser nadie en este pueblo de nadie, sin saber de dónde vienes ni a dónde vas.
Si, Mauricio o el buen nombre que te hayan dado, estás maldito, como todos. Has venido aquí a enterarte que eres cómplice de este odio que brota de la tierra y de este lugar que soy y al que ya no le cabe otro muerto como tú. Aguarda con paciencia el pedacito de muerte que te falta por vivir, y cuando la hayas sufrido, échate a morir conmigo en este presente, como el montón de piedras que somos en esta realidad de miseria que no termina de pasar su última página. |
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Pensando en lo que siempre hablamos: EL IDIOMA |
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| Es tan fácil hablar… Lo hacemos sin ningún esfuerzo. Pero… ¿de dónde obtuvimos nuestro idioma, y hasta dónde llegaríamos con él? |
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Ana Sofìa Franco Zafra
Agencia AUPEC- Univalle |
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Un poco de historia
En 1978, España obtiene una nueva Constitución política en la que se reconoce como un conjunto de pueblos, de culturas y de lenguas tales como el catalán, el vasco, el gallego y el castellano. Pero ésto sucede después de varios siglos en los que únicamente se reconoció el castellano como la lengua oficial. Primero el intento de la reina Isabel de Castilla y luego la lucha de Carlos V oficializaron una sola lengua en España, prohibiendo en cada lugar, sin conseguirlo del todo, que se hablara o se escribiera en otro idioma diferente a aquel castellano dulce y suave que nos trajeron los conquistadores y, después, los virreyes y la burguesía que se asentó en los países latinoamericanos.
Pero, ¿de dónde había salido? El castellano ha quedado como fruto de la mezcla de el libero, el griego, el latín, el árabe y otras lenguas de pueblos cercanos. De la deformación y el cruce de palabras de uno y otro idioma es que aparece una lengua nueva, distinta, pero incapaz de negar su herencia. Así por ejemplo, las palabras que empiezan por "aj" en castellano son palabras árabes; "Ajonjolí", sin irnos más lejos, es una palabra común, importada del árabe a través de España. Todas las palabras que comiencen por ache (h) en castellano, eran palabras latinas que se han transformado; "Farina" en "harina", "fornum" en "horno", y posiblemente la única palabra que se conoce del libero primitivo es la palabra "Urraca".
Al cabo de cientos de años se ha formado una lengua, es por ésto que la formación y el aprendizaje de una lengua supone muchos años y generaciones y tal vez nunca se termine.
Pluralidad lingüística y democracia
En España miles de personas hablan todavía vasco o gallego, en vez del castellano. Igualmente, en algunos pueblos indígenas se habla quechua o paez y algunas otras lenguas sobrevivientes a las luchas de los colonizadores españoles que obligaron a los nativos a aprender un idioma extraño con el cual pudieron transmitirles, entre otras cosas, sus creencias religiosas. Sería empobrecedor que aquellas lenguas se perdieran pues en cada una de ellas hay una forma diferente de ver el mundo; y es eso lo que define a un pueblo o una nación: la lengua, el folclor, la música, las costumbres, etc. Pero si estos pequeños pueblos, como el paez o el vasco, quieren abrirse al mundo, tienen que comunicarse con una lengua que otros entiendan.
El profesor Laureano Robles Carcedo, doctor en Historia de la Universidad de Montreal, Canadá, y profesor de filosofía de la Universidad de Salamanca, España, dice que una lengua no debe servir sólo para que los seres humanos se entiendan unos a otros, sino que debe ser capaz de traducir la cultura de la humanidad, servir de puerta hacia la cultura universal. Y eso es claro; un indígena de una tribu mexicana que nunca saldrá de su pueblo no necesita aprender otro idioma para vivir, pero tendrá que aprender el español si quiere ir a la universidad y aprender también el inglés para hacer un postgrado en el país de al lado. Porque lo mismo sucede con el idioma español así lo hablemos más de 320 millones de personas: debemos aprender otro idioma para hacer una especialización en un país desarrollado, no podemos ir a cine y entender lo que dicen los personajes "hollywoodescos" sin leer la traducción y si queremos navegar por toda la Internet necesitamos conocer otro idioma.
¿La pluralidad lingüística complica el acceso equitativo a la cultura y a la educación? ¿Se podría pensar que las muertes y las luchas que ocasionó en España la oficialización del castellano, las mismas que enfrentaron los conquistadores con nuestros indígenas, dejaron un fruto comible?
El profesor Robles plantea que los pueblos con mayor desarrollo se han impuesto sobre los demás en una serie de guerras en las que unos han sometido a otros y que han traído siempre destrucción, saqueo, muertes y grandes pérdidas culturales, pero también, progresos. Para él la unificación de las lenguas es uno de esos progresos. Si Roma no hubiera conquistado todos los pueblos vecinos para formar el imperio romano -dice Robles- no hubiera surgido el latín, que es la base de todos los idiomas del mediterráneo. Y el castellano no sería más que una lengua hablada por 20 millones de españoles si los conquistadores no lo hubieran impuesto en América, pues somos los latinoamericanos los que hacemos del idioma español una lengua universal.
Y la razón por la que se puede llamar Lengua Universal no es que lo hablemos 320 millones de personas. La importancia del castellano radica en que los hispanoparlantes podemos viajar a lo largo del continente americano, desde el sur de los Estados Unidos hasta Chile, recorriendo una gran cantidad de repúblicas, cada una con una cultura diferente, y todos nos entendemos. Sin embargo, a una lengua no la hace universal la cantidad de gente que la hable sino el hecho de que diversas culturas la entendamos y así, más fácil, podamos acceder a ellas.
Globalización de una lengua vs bilingüismo
Pensando en lo anterior ¿qué otra lengua necesitamos los hispanoparlantes para viajar por el mundo, ya sea real o virtualmente? Obviamente, el inglés, que se ha convertido para nosotros en una necesidad y exigencia. Sin embargo, Laureano Robles tiene una visión diferente a la tan común entre los latinoamericanos de que el inglés va a predominar en el mundo, porque piensa que así como en las casas colombianas se seguirá preparando ajiaco y sancocho y en las mexicanas tacos con ají pique, se continuará hablando el español porque las costumbres son más fuertes. Se pregunta mejor si dentro de 500 o 600 años no van a ser lenguas distintas las que se hablen en México, Argentina o Colombia. De hecho muchas expresiones son propias y exclusivas de cada país, o se usan las mismas palabras pero con significados distintos y se siguen mezclando y mezclando las lenguas. Por ejemplo, expresiones como "Cierra la window que se coolea el cuarto!" son comunes entre los puertorriqueños residentes en Nueva York, que mezclan el inglés y el español formando un “espanglis”, así como se combinó tiempos atrás el castellano y el azteca para dejarle a los mexicanos palabras como "Guacamole".
Y aunque sería más cómodo que todos los seres humanos nos entendiéramos con una sola lengua eso significaría un gran empobrecimiento cultural. Porque, ¿no consiste también la democracia en el respeto a la pluralidad ya sea cultural o linguistica? Para el profesor Robles esa mediación está en manos del gobierno, que debe fomentar la lengua oficial de una nación entre las minorías linguisticas y, al mismo tiempo, hacer todo lo posible para que las lenguas autóctonas no se pierdan.
De todas maneras ya vimos en la historia que la lengua no es algo estático que podamos encontrar en los diccionarios o enciclopedias. Las lenguas están vivas cuando las hablamos y las escribimos, cuando las mezclamos y las transformamos. Cuando las olvidamos o las revivimos. Así, no puede existir un sólo Español o un sólo Inglés. Sería muy difícil que se globalizara una lengua en el mundo. Si se quiere una democracia, necesitamos todos, ser bilingues.
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Breve análisis del cuento La Muerte y la Brújula de Borges |
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No me resigno a que un cuento magnífico como La Muerte y la Brújula sea abordado con recelo por el público general, desacostumbrado a la erudición de Borges y a su obsesión con los temas filosóficos-teológicos. En este cuento en particular las erudiciones -y fantasías- de Borges pueden ser interpretadas superficialmente sin menoscabarse el hilo de la narración, y el tema filosófico -la búsqueda- es algo propio de todos nosotros. Algunas palabras de uso poco frecuente pueden cortar el ritmo de la narración, pero con ayuda de El Pequeño Larousse Ilustrado la incertidumbre se convierte en conocimiento. Estuario significa desembocadura de un río; pogroms: movimientos populares dirigidos por las autoridades zaristas para la exterminación de los judíos; tetrarca= gobernador; recova= mercado temporal; eremítico= relativo al ermitaño; Baedeker= guía turística editada por el alemán Carlos Baedeker; los losanjes son rombos mas altos que anchos usados como ornamentos heráldicos y dársena es la parte |
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interior y resguardada de un puerto de mar. Superados estos vocablos reconocemos, en una primera lectura, cada uno de los elementos constituyentes de la narración policial clásica (un detective, un criminal, un asesinato, un enigma, una resolución), ítems que se presentan desde el mismo título del cuento, un homenaje al creador del género policial, Edgar Allan Poe ( 1) .
Los protagonistas del cuento son el detective Erik Lonnrot y su némesis Red Scharlach, aunque a este sólo en el desenlace lo descubrimos como motor de la historia. Erik Lonnrot -nos explica el relato- cree ser un puro razonador como Auguste Dupín pero "algo de aventurero había en el y hasta de tahur". Lonnrot, en el tiempo en que ocurre el relato, es un detective atípico al modelo clásico de Auguste Dupín y Sherlock Holmes, aunque su intelectualidad y sus búsquedas personales antes estaban enfocadas en la captura de criminales y en el restablecimiento del orden. Lo inusual del mutable detective de Borges es que no desea resolver los crímenes enfrentándose -una vez más- a la realidad propia del mundo criminal citadino. Ignora, entre otros postulados detectivescos, el de la navaja de Occam: la explicación más plausible para un evento -un crimen, por ejemplo- es la mayoría de las veces la deducción correcta. Concentra toda su atención en la búsqueda de una hipótesis interesante, sin importar si es la más adecuada. En ese primer giro de la historia podemos advertir que el autor, sobre las bases de un cuento policial clásico, nos presenta una reflexión sobre las posibilidades de la búsqueda (las búsquedas): la de Lonnrot por un conocimiento trascendente como el Nombre de Dios, o un encuentro decisivo con el último desafío: la muerte; la de Borges-autor por crear una historia dentro de unos marcos determinados, pero sin renunciar a la profundidad teológica y filosófica propia de sus escritos; la del lector-detective; la de Scharlach-Borges por satisfacer su venganza, deconstruyendo a la vez el sentido del orden que impera en su trampa - y en la deducción que Lonnrot realiza-, subvirtiendo en el cuento clásico policial el paradigma judeo-cristiano del restablecimiento de la armonía alterada por un hecho anómalo como el crimen. Con esto Borges rompe su admirada concepción del cuento clásico detectivesco como escenario donde no hay espacio a lo caótico e inserta el género en la ola moderna realista -caótica- de la novela creada por Franz Kafka y James Joyce (2), pero eso es tema para otro artículo. |
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La revolución de La Muerte y la Brújula es la trampa que se coloca la inteligencia a sí misma: "Lonnrot resulta víctima de su propio juego interior, y descubre que él es el otro, su espejo, su antinomia. Otra vez hay desilusión: lejos de triunfar, nuestra inteligencia (o en el caso dado, nuestro anhelo espiritual) resulta sometida" (3).
Borges en la introducción a Artificios, la colección de relatos donde se incluye nuestro cuento, afirma que " la ciudad de La Muerte y la Brújula es un Buenos Aires de sueños pese a los nombres alemanes o escandinavos; la torcida Rue de Toulon es el paseo de Julio; Triste-le-Roy, el hotel donde Herbert Ashe recibió, y tal vez no leyó, el tomo undécimo de una enciclopedia ilusoria”. Ilya Stavans, profesor del departamento de Español y Portugués de la Columbia University, considera la posibilidad de que la ciudad de la historia sea Amsterdan debido al marco teórico Spinozista (4) que Borges monta y a que Baruch Espinoza -ciudadano de Amsterdan- propuso una concepción geométrica de la divinidad. Es interesante que |
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"los nombres alemanes o escandinavos" del cuento -Lonnrot, Scharlach- tienen casi el mismo significado. Scharlach en alemán significa escarlata, rot en alemán es rojo. La quinta de Triste-le-Roy también puede ser el hotel las Delicias de Adrogué, donde en febrero de 1935 Borges se encerró, junto con un revolver y una botella de Ginebra, con la intención de suicidarse. "La idea del suicidio persiguió a Borges por años. Idea de muerte que estuvo presente en su obra permanentemente. Incluso el suicidio de uno de sus personajes famosos, en el cuento La Muerte y la Brújula, el detective Lonnrot, que se dirige a la quinta de Triste-le-Roy, sabiendo sin decirlo, que el asesino Scharlach va a matarlo, es una muestra de ello" (5).
En su libro The Pursuit of Crime, Denis Porter (6) acuña el concepto de "antidetección" y lo explica de este modo en Borges: "La telaraña intrincada en la cual los anti-Dupines de Borges están atrapados revela su diabólica racionalidad. Frecuentemente, sin embargo, la experiencia de los narradores y académicos-héroes de Borges es la de un universo que abunda ¨en simetrías sin sentido y en una repetición maniática”. Si encuentran la salida de un laberinto, es sólo para descubrir que la salida es en realidad una entrada, y que la solución al laberinto no es otra cosa que un laberinto dentro de otro laberinto mayor. El anhelo de resolver los problemas aparece, como en un tablero de ajedrez, solo bajo límites premeditados y artificiales. En el universo ficticio de Borges un jaque logrado después de seguir las reglas tradicionales del juego se convierte en un suicidio en un tablero más grande. Consecuentemente, si hay un escritor que brille por ser un gran anti-freudiano moderno, es Borges".
La Muerte y la Brújula es un perfecto ejemplo de reexaminación de la tradicional narrativa detectivesca en donde todos los juegos típicos de Borges (espejos, laberintos) convergen para invertir la detección.
Notas
1. El título del cuento de Borges puede ser un homenaje, o remitir, al cuento El Pozo y el Péndulo de E.A. Poe.
2. En Ulises, la obra maestra de James Joyce que constituye uno de los puntos de partida de toda la literatura contemporánea, el hilo narrativo salta de un tema a otro produciendo a veces una impresión de desorden. Pero este caos es sólo aparente, pues el autor cuida la estructura del conjunto hasta el punto de caer en amaneramientos de la forma.
3. Ilán Stavans, Breviario de la literatura policial en América Latina, en revista Universidad de Antioquia, N° 221(julio-septiembre, 1990). Pág. 58.
4. Baruch Spinoza: Filósofo holandés, de origen portugués, nacido en Amsterdan (1632-1677), promotor de un racionalismo religioso en su Tractatus Theologico-politicus, desarrolla el método cartesiano en su Ética, dándole una forma rigurosamente geométrica. Su filosofía puede considerarse como la forma más perfecta del panteísmo.
5. Erney Rojas Arena. ¿Por qué Borges?, Revista Metáfora, Cali, Año 5, Edición 9, Mayo de 1996.
6. Porter, Dennis. The Pursuit of Crime. Art and Ideology in Detective Fiction. New Haven and London: Yale University Press, 1981.
7. Ilán Stavans, Breviario de la literatura policial en América Latina, en revista Universidad de Antioquia, N° 221(julio-septiembre, 1990). Pág. 58 |
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