El Juglar Itinerante en Bogotá

28 de Octubre de 2008

 

Llegando en las horas de la madrugada nuestro reportero comienza a sentir la inclemencia del frío capitalino después de 12 horas de viaje Palmira-Bogotá -por los trancones en La Línea- para por fin encontrarse con la ciudad más importante del país, nuestra capital, con una población de 7’514.871 habitantes al 2008 y una temperatura promedio de 14º. Bogotá se perfila como una de las grandes metrópolis de Suramérica, sus sitios turísticos como el Museo Botero, La Casa de la Moneda, El Palacio de Justicia, La Casa de Nariño los cerros de Monserrate y de Guadalupe, además de sus  avances en materia de desarrollo urbano y arquitectónico como lo son el Transmilenio y la imponente Torre Colpatria -la más alta de Bogotá- hacen que esta ciudad sea privilegiada en recibir visitantes de todo Colombia y de diversas latitudes del mundo. Bogotá no deja de ser una ciudad eminentemente católica, el peregrinaje todos los fines de semana a visitar el Señor Caído de Monserrate, en un ascenso extenuarte si no se usa teleférico, es una tradición muy respetada y popular al igual que visitar al Señor de La Agonía en la Iglesia de San Francisco, una imagen que desconcierta  al saber que le crece el pelo. Por todo esto, por ser multifacética, por contar entre su población con colonias de todos los rincones de nuestro país, nuestro Juglar Itinerante define a Bogotá como una pequeña Colombia que recibe a todos sus forasteros con hospitalidad y con el sentimiento de compartir todo su patrimonio multicultural con los que la quieran conocer.

Muchísimas gracias a todas las personas que intervinieron para hacer posible un viaje más del Juglar Itinerante.

 

 

Los Japoneses
La cultura que a nuestros campos
trajo el oro del sol naciente

 

Por: Guillermo Barney Materón y Mauricio Cappelli

 

 
El 30 de junio de 1923 arribaron a Buenaventura Samuel Kiroshi Shima, Adolfo Akira Nakamura, Antonio Tokoji Nishikuni y Manuel Taroo Matsuo, provenientes del Puerto de Yokohama.

Eran estudiantes que llegaron a estas tierras emulando las migraciones que habían hecho otros a México y Hawai, a finales del siglo XIX.

 

     

… ellos viajaron hacia Colombia en el barco Anyo Maru, pagando la mitad de su pasaje sirviendo con ayudantes de cocina, mientras en las noches leían apartes de la novela María, traducidos por Yuzo Takeshima Yagamata.

 

 

     

 

En 1926, la Compañía de Fomento de Ultramar encargó a Takeshima y a Makijima la investigación y gestión ante el gobierno colombiano de una posible inmigración de japoneses al Valle del Cauca. Tres años después, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Colombia aceptó la solicitud y firmó un convenio con la oficina similar de Japón, autorizando la inmigración de varias familias japonesas, cada una con la explícita condición de tener al menos tres miembros mayores de quince años.

     

Estas gestiones culminaron con la adquisición de un lote de doscientas plazas que la Compañía Ultramar compró en el corregimiento El Jagual,
en Corinto, Cauca, donde se establecería la colonia

 

     

 

La primera de las inmigraciones estuvo conformada por veinticinco personas, pertenecientes a las familias Emura, Yoshioka, Nakamura, Kuratomi y Nikaido, quienes arribaron a Corinto el 18 de noviembre de 1929, luego de soportar un viaje de cuarenta días en el barco Rakuyo Maru, seis horas en tren, cuatro en bus y dos a pie…..

     

En abril de 1930 llegaron en el mismo barco los miembros de la segunda inmigración, conformada por las familias Tokunaga, Moribe, Morita y  dos familiasTanaka.

En 1935, y a bordo del Heiyo Maru, arribó la tercera inmigración, conformada por las familias Sakamoto, Kikutake, Nakata, Takegami, Teshima, Kuboyama, Moromitsu, Koga y Hayashi.

Hombres y mujeres que en total formaron un grupo de ciento sesenta y tres personas que le dieron vida a la colonia de Corinto.

 

Poco después, el Ministerio de colonias del Japón les envió tractores international y Fordson, con los cuales se inició en forma  la mecanización agrícola en el Valle del Cauca, bajo el auspicio de Ciro Molina y la sociedad de Agricultores y Ganaderos, a la cual pertenecieron después Samuel Shima y Julio Tanaka.

 

Entonces comenzó para la región una nueva historia…

 

…Una historia de adaptabilidad y esfuerzo…

 

…de optimismo y convicción!

 

 Yo, Guillermo Barney, era un niño cuando mi madre le alquiló a don Carlos Emura un pequeño lote de nuestra finca en Florida llamada Los Limones…

 

“Entonces crecí con ellos… y fui testigo de su esfuerzo. Y cuando daba mis paseos a caballo no olvido el asombro y la admiración que sentía al ver a las mujeres japonesas trabajar hombro a hombro con sus esposos…

 

… Ellos dejaron en mi mente un sentimiento maravilloso de lo que es el trabajo familiar, el trabajo en equipo y una visión compartida de porvenir , en una época cuando Palmira comenzaba a prender los motores de su pujanza. ¡A ser una región para todos!”

 

¡¡Para 1938 la colonia de Corinto era una de las regiones más productivas del país!!

 

En los años cuarenta, los japoneses emprendieron la búsqueda de mejores terrenos en Caloto, El Cerrito, Florida, Candelaria, Cartago y Palmira, aprovechando las oportunidades de mejores escuelas para sus hijos y el progreso que lideraban los ingenios.

     

 

A inicios de los años cincuenta los agricultores japoneses afrontan grandes dificultades económicas, debido a la importación de fríjol y a la especulación en los precios.

Para contrarrestar la crisis, cincuenta y dos familias de japoneses fundan en 1952 la Sociedad de Agricultores Japoneses, SAJA, cuyo primer presidente fue don Samuel Shima.

 

 

En junio de 1952, la colonia japonesa recibió la visita de monseñor Akira Ogihara, obispo jesuita de Japón, quien administró a sus coterráneos el sacramento de la confirmación, ratificando sus vínculos con la iglesia católica.

 

Fue destacado el compromiso de la colonia japonesa por el desarrollo de la ciudad: ayudaron a recolectar fondos  para el Hospital San Vicente de Paúl, el actual Seminario, el Hospital Infantil y el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de la ciudad.

 

La cultura de los japoneses nos enseña…

 

que la naturaleza es parte de Dios,
que el mayor patrimonio de una empresa es su gente….

 

…que averiguar lo viejo es conocer lo nuevo…
y que los buenos tiempos son buenos,
pero los malos tiempos son mejores”

 

¡Por eso hoy nos hemos reunido para celebrar y seguir aprendiendo.

 

 

Agradecimientos a Blanca de Masuda
Fotografías Archivo

 
 
 
 

Fotos de Palmira: por Fernando Martínez

 

 

Desde muy temparana edad Fernando Martínez mostró admiración por el arte y la fotografía. Estudió diseño gráfico en la Academia de Dibujo Profesional de la ciudad de Cali. Su carrera como Diseñador Gráfico empezó después de haber fundado su propia empresa F&M Publicidad en 1995, cuya principal actividad era manejar campañas y fotografía publicitaria, actividad que alternaba dando clases de fotografía en algunas entidades como en la Universidad Nacional. Actualmente su empresa tiene 3 sedes y se desempeña como líder activo en la realización de fotos de bodas, publicitarias y de moda.

 

 
 

El Gato del Río y sus bellas novias

 

 

El río Cali tiene un guardían hermoso, ágil, codiciado y admirado en todo el mundo: El Gato de Tejada. En el año 2006 por iniciativa de diversas personas (artistas, políticos, empresa privada, etc.) se decidió rendirle un homenaje al maestro Tejada y a su obra más emblemática, por lo cual se convocó a un concurso destinado a darle unas hermosas novias al Gato del Río. Los resultados fueron excelentes y miles de caleños y visitantes de otros lares disfrutaron durante muchos meses la calidad artística expuesta en esas esculturas. Sin embargo, la falta de civismo y amor por lo nuestro ha hecho que el Gato y sus compañeras pasen ahora desapercibidas e incluso sean víctimas del vandalismo. El Juglar Itinerante desea recuperar para nuestra memoria estas importantes obras artísticas y por eso los invitamos a través de estas fotos a enamorarse de las gatas del río, tal como lo hicimos nosotros.